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Al otro lado del cable

Los protagonistas de Las chicas del cable nos descubren los secretos de la primera serie española que nace con vocación global. El retrato de una época efervescente (y dura) en la que nacía una nueva forma de ser mujer y que Netflix estrena esta semana.

Estilismo José Herrera / Maquillaje y peluquería Natalia Belda (Talents), Pedro Cedeño (Talents) y Gabriel Llano para Lancôme. Asistente fotografía Álvaro Tomé / Asistentes estilismo: Fran Jymz y Samuel Sanz. Nadia de Santiago: vestido Sandro/ Blanca Suárez: vestido Max Mara y zapatos Úrsula Mascaró / Maggie Civantos: vestido Elisabetta Franchi Gold / Yon González: camisa Emidio Tucci para El Corte Inglés, traje Dsquared2 / Ana Fernández: look Christian Dior y zapatos de Pinko / Ana Polvorosa: américana Pati Conde by Dandara, pantalón de Georges Rech Paris, camisetas de Christian Dior / Portada: Maggie, Dsquared2 ; Blanca, María Grazia Severi; A. Polvorosa, Sportmax; A. Fernández, Replay: Nadia, Sportmax y anillos de &Other Stories.
Estilismo José Herrera / Maquillaje y peluquería Natalia Belda (Talents), Pedro Cedeño (Talents) y Gabriel Llano para Lancôme. Asistente fotografía Álvaro Tomé / Asistentes estilismo: Fran Jymz y Samuel Sanz. Nadia de Santiago: vestido Sandro/ Blanca Suárez: vestido Max Mara y zapatos Úrsula Mascaró / Maggie Civantos: vestido Elisabetta Franchi Gold / Yon González: camisa Emidio Tucci para El Corte Inglés, traje Dsquared2 / Ana Fernández: look Christian Dior y zapatos de Pinko / Ana Polvorosa: américana Pati Conde by Dandara, pantalón de Georges Rech Paris, camisetas de Christian Dior / Portada: Maggie, Dsquared2 ; Blanca, María Grazia Severi; A. Polvorosa, Sportmax; A. Fernández, Replay: Nadia, Sportmax y anillos de &Other Stories. J. Biosca

MAdrid

A España, la locura de los años 20 llegó tarde y algo descafeinada, pero llegó. El estilo cómodo y holgado que proponía Coco Chanel le dio un puntapié al corsé; algunas mujeres se reían a carcajadas, bebían, fumaban y conducían, mientras otros (y otras) las señalaban con un mohín de reproche.

Fueron los años de la Residencia de Estudiantes y las Sinsombrero, de los movimientos feministas y sufragistas, tiempos de lucha para las que querían dejar de ser solo "mujeres de" y empezar a ser también "mujeres que..." (piensan, trabajan, se enamoran, opinan). En 1928, además, la Compañía Nacional de Teléfonos abría su sede en la Gran Vía de Madrid, en el primer rascacielos de este país, todo un símbolo de modernidad. Cientos de chicas se presentaron para trabajar como operadoras.

La ciudad fue para ellas

En ese contexto arranca Las chicas del cable, la primera serie española producida para Netflix, sobre cuatro mujeres que buscan ser independientes en ese Madrid en transformación. Lidia, Marga, Ángeles y Carlota son las protagonistas destacadas en un reparto muy coral, que es un mosaico de la sociedad del momento. Mujeres rurales o urbanas, cultivadas o ignorantes, casadas o solteras, ricas o pobres, con un mismo objetivo: la libertad.

La serie, creada por Ramón Campos y Gema R. Neira, y que los responsables de Netflix han comparado con la mítica Mad Men, se estrenará simultaneamente en 190 países, el 28 de abril. Habrá amor, rivalidad, amistad y misterio. Habrá drama y retazos cómicos; pero, sobre todo, habrá mucho material para la reflexión, porque toca temas como la lucha por el derecho al voto, el divorcio, las custodias compartidas, los malos tratos... "La libertad que disfrutamos hoy viene de muy atrás, de mujeres que han sudado, sufrido y llorado para que nosotros veamos como normales cosas que hasta hace muy poquito no lo eran", dice Blanca Suárez.

Muchas mujeres han llorado y sufrido por nuestra libertad”

Blanca SuárezActriz

Ella interpreta a Lidia, el personaje que narra la historia, una mujer llena de secretos, hecha a no confiar en nadie y a sacarse las castañas del fuego. Y que, después de media vida escapando de su pasado, se dará con él de bruces en el edificio de la Telefónica. "Dejando de lado la política, terreno en el que la serie no entra, refleja muy bien el momento social y, sobre todo, ese movimiento naciente de mujeres que quieren ser autosuficientes, salir de casa, estudiar, realizarse como personas y rebelarse contra el hecho de que ser mujeres se lo impida".

En un polígono industrial cerca de Madrid, unas naves de hormigón albergan una pequeña ciudad de ficción, un pedazo del Madrid de los años 20: las calles adoquinadas, la torre de la Telefónica destacando sobre los viejos tejados... Allí está la pensión Dolores -modesta, pero pulcra y decente-, que hospedará a algunas de las chicas: camas de latón, colchas de ganchillo, colchones de lana... Un obrero martillea rematando algún detalle. Faltan dos días para que comience el rodaje de la segunda temporada y seis de los actores principales se reúnen en el decorado de El café de enfrente, un lugar de calidez modernista y ajetreo urbano, donde las protagonistas traban amistad, entre vermús, manhattans y white ladies, las bebidas de moda en aquella época.

Un feminismo, dos rostros. Formadas en la pantalla pequeña (Ana Polvorosa, izda., en Aída; Ana Fernández, dcha., en Los protegidos), encarnan a dos mujeres rebeldes: la sufragista Sara y la flapper Carlota. Ana Polvorosa (izq.), cazadora, falda y cinturón de Fay y camiseta de Christian Dior; Ana Fernández, sahariana de Uterqüe. Look de belleza de Lancôme.
Un feminismo, dos rostros. Formadas en la pantalla pequeña (Ana Polvorosa, izda., en Aída; Ana Fernández, dcha., en Los protegidos), encarnan a dos mujeres rebeldes: la sufragista Sara y la flapper Carlota. Ana Polvorosa (izq.), cazadora, falda y cinturón de Fay y camiseta de Christian Dior; Ana Fernández, sahariana de Uterqüe. Look de belleza de Lancôme. J. Biosca'

Despertares

Cuenta Nadia de Santiago cómo su personaje, Marga (una chica de pueblo que se enfrenta muerta de miedo y de ganas a la vida en la gran ciudad), le ha devuelto esa sensación de vértigo que produce lo desconocido. A través de sus ojos, descubriremos la fascinación por la vida más allá de las estrecheces del pueblo, la magia de vivirlo todo por primera vez. "Marga me ha enseñado mucho. Yo nací en 1990 y no sé si por eso o porque mi madre, que se quedó sola muy pronto, nos ha educado así, el machismo me quedaba muy lejos. La serie me ha hecho más sensible a todo esto, me ha hecho reflexionar. Me ha ayudado a ser consciente de dónde procede la libertad que tenemos y a sentirme más mujer".

El machismo me quedaba muy lejos. Ahora soy más sensible”.

NAdia de SantiagoActriz

Maggie Civantos, que ya protagonizó Vis a vis, otra serie con reparto femenino, es Ángeles, un ama de casa de la época, sumisa y convencional. Si trabaja como operadora es porque en su casa falta dinero y no queda más remedio. "Por supuesto, su marido tiene que darle permiso para que pueda trabajar -dice Civantos- y ella no tiene ni cuenta bancaria ni derecho a nada. Cuando a él lo ascienden y le suben el sueldo, le pide a Ángeles que vuelva a casa y ahí empieza su drama. Porque ella ya ha saboreado esa cota de libertad. Ha descubierto a una mujer nueva en el trabajo: se siente autosuficiente y valorada, algo que no le ocurre en el ambiente familiar. Ángeles plantea un dilema en el que las mujeres siguen debatiéndose: la culpabilidad de querer sostener esas dos facetas, la laboral y la familiar".

Pasiones del pasado. La tensión sexual entre los personajes que encarnan Yon González (Francisco) y Blanca Suárez (Lidia) es evidente. Los actores trabajaron juntos en El internado y la película Perdiendo el norte. Yon, jersey de Ermengildo Zegna Couture y pantalón de Ermenegildo Zegna; Blanca, vestido de Drome para Just One y joyas de Aristocrazy. Look de belleza de Lancôme.
Pasiones del pasado. La tensión sexual entre los personajes que encarnan Yon González (Francisco) y Blanca Suárez (Lidia) es evidente. Los actores trabajaron juntos en El internado y la película Perdiendo el norte. Yon, jersey de Ermengildo Zegna Couture y pantalón de Ermenegildo Zegna; Blanca, vestido de Drome para Just One y joyas de Aristocrazy. Look de belleza de Lancôme. J. Biosca'

Pioneras

Maggie Civantos, que quiso empaparse de los orígenes de la lucha feminista leyendo Feminismo para principiantes, de Nuria Varela, cuenta cómo le impactó la historia de Concepción Arenal, que se pasó media vida disfrazada de hombre para poder estudiar, escribir y acudir a tertulias, que firmaba sus artículos con el nombre de su marido y que, cuando este murió y se supo la verdad, pudo seguir escribiendo, pero cobrando la mitad.

"Estamos hablando de mujeres que han creado nuestro presente -afirma la actriz-. Gracias a la toma de conciencia y a la valentía de mujeres como ella, Clara Campoamor o Victoria Kent [que aparece en un capítulo] somos lo que somos. Y se lo debemos también a muchas mujeres anónimas como las protagonistas de Las chicas del cable, que se atrevieron a desafiar las normas. Puede que no pasaran a la historia, pero su lucha por su independencia y por ser tenidas en cuenta las convirtió en heroicas".

Es una historia de líneas trazadas y de gente se atreve a cruzarlas”

Yon GonzálezActor

En la ficción, la más activa políticamente es Sara, interpretada por Ana Polvorosa, la jefa de las operadoras y una sufragista muy implicada. "Lo que me enamoró del personaje es que es una valiente que lucha por los derechos de las mujeres -dice Polvorosa- y tiene una gran disciplina en el trabajo porque, igual que sabía que ni somos tontas ni inútiles, también tenía claro que había que demostrar el doble, por eso es tan estricta. Pero fuera del trabajo se ve su parte más vulnerable, los miedos y las inseguridades que podía tener una mujer en esa época. Si me hubiera tocado vivir en esos años, yo habría sido muy parecida a Sara. Tengo mucho carácter y me considero valiente y luchadora. Y con mis debilidades, claro, pero esas no las tengo por ser mujer, sino por ser persona".

Aprender a volar. Nadia de Santiago (izda.) y Maggie Civantos (dcha.), encarnan a Marga y Ángeles, dos mujeres que han vivido enclaustradas en cárceles distintas (el pueblo, el hogar) y que descubren una nueva libertad como chicas del cable. Nadia (dcha.) viste chaqueta de Georges Rech Paris, top de Dsquared2 y pantalón de Maje; Maggie, traje de Dsquared2. Look de belleza de Lancôme.
Aprender a volar. Nadia de Santiago (izda.) y Maggie Civantos (dcha.), encarnan a Marga y Ángeles, dos mujeres que han vivido enclaustradas en cárceles distintas (el pueblo, el hogar) y que descubren una nueva libertad como chicas del cable. Nadia (dcha.) viste chaqueta de Georges Rech Paris, top de Dsquared2 y pantalón de Maje; Maggie, traje de Dsquared2. Look de belleza de Lancôme. J. Biosca'

La visión flapper

Si Sara es la sufragista de estética más masculina -sin maquillar, discreta, seria-, Carlota, interpretada por Ana Fernández, es todo lo contrario: rebelde, descarada, despreocupada y alegre. "Es una flapper -afirma- que comparte la misma ideología de la sufragista, pero desde el lado divertido. Lleva toda esa lucha y esa liberación a la provocación estética. Es la que va más maquillada y con las faldas más cortas, es su manera de desafiar a la sociedad". Carlota es una niña bien que no necesita trabajar; para salir adelante, solo tiene que decir "sí, quiero" a alguien de su clase social. Pero..."¡Yo no quiero un marido, yo quiero un trabajo, quiero ser independiente!", le espeta Carlota a su padre, coronel, que le contesta que una señorita de su categoría no trabaja y le da un bofetón.

Mi personaje se quiere divertir, su provocación es estética”

Ana FernándezActriz

"Hay muchas mujeres que se conforman con permanecer en esa zona de confort que les da el estatus: el coche, las vacaciones, la casa, la ropa... y no son capaces de renunciar aunque no sean felices -dice Fernández-. Por eso admiro a Carlota, porque quiere diseñar su propia vida y buscar su felicidad viviendo como desea". Suponemos que el señor coronel se va a llevar más berrinches a medida que avancen los capítulos, porque, en su voluntad de devorar la vida sin ponerle puertas a los sentimientos, Carlota descubrirá que es posible amar a un hombre, pero también a una mujer.

"Es una historia de líneas trazadas y de personas que se atreven a cruzarlas y a atenerse a las consecuencias", explica Yon González. Él es Francisco, el director de la compañía telefónica, que en su adolescencia tuvo una relación pasional con la protagonista y ahora se ha convertido en un hombre cerebral. El actor está encantado de que sean las mujeres las que lleven la voz cantante en la trama. "Esta vez les toca a ellas. La serie está contada desde su punto de vista, pero se habla de asuntos que nos interesan a todos: el amor, la amistad y los valores de una época". Yon reflexiona, acariciándose una barba de días que está a punto de perder, porque en Las chicas del cable va hecho un dandy, afeitado, engominado y vestido con trajes impecables.

Aunque no es esa elegancia lo que le gustaría rescatar de aquellos tiempos, sino la actitud con la que se paseaba por la Gran Vía, con la cabeza alta, cruzando miradas y saludos -una mano al ala del sombrero-, y observando el bullir de la ciudad. "Hoy es raro ver a alguien caminando tranquilamente. Lo normal es unirte a la masa que te arrastra. Miramos hacia abajo, cada uno va encerrado en su universo y eso hace que haya menos unión, cuando tanta falta hace. ¡Si hasta dejamos a nuestra pareja por teléfono!".

Las chicas del cable es, sobre todo, una historia de amistad, y de cómo de esa unión femenina nació su fuerza. Que los acontecimientos históricos posteriores acabaran con sus sueños, sus ideales y todo lo conseguido y volvieran a encerrar a las mujeres en los estrechos límites de "sus labores" (casa, calceta, cocina), esa ya es otra historia... 

Las cifras del cable

  • 190 países emitirán simultáneamente la serie en todo el mundo a partir del 28 de abril.
  • 93 millones es el número de espectadores potenciales de Las chicas del cable.
  • 19 idiomas hablan ya nuestras operadoras de Telefónica, en los distintos doblajes.
  • 8 capítulos tiene la primera temporada. La segunda está en preparación.
  • 5 meses de intenso trabajo ha durado el rodaje, que se inició en agosto de 2016.

La vergüenza de trabajar...

En los países que participaron en la I Guerra Mundial, la ausencia de los hombres empujó a las mujeres al mercado laboral. Pero en España, que no tomó parte en la contienda, trabajar era de pobres o de mujeres poco decentes. Aun así, ser operadora tenía más prestigio que trabajar en los talleres, las fábricas, el servicio doméstico o el campo.


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