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Vientres de alquiler

Julia Navarro

Ser madre, o padre, es un deseo muy loable.

En realidad, el deseo o, simplemente, la necesidad de reproducirnos está en el ADN del ser humano; de lo contrario la humanidad ya se habría extinguido. Ahora bien, a veces no se puede satisfacer ese deseo o esa necesidad. Afortunadamente, la ciencia ha avanzado lo suficiente y las técnicas de reproducción asistida son una realidad que han venido a resolver algunos problemas de fertilidad. Otra cosa es cuando quienes quieren ser padres se plantean alquilar el vientre de una mujer. Alquilar significa eso, pagar para que ese vientre albergue durante nueve meses una criatura que, después del parto, será entregada a los que quieren ser padres. Me pregunto cómo viven ese proceso las mujeres que alquilan sus vientres.

A veces no se puede satisfacer ese deseo o esa necesidad

Créanme que llevo tiempo pensando en esta cuestión, intentando sopesar lo que entraña la maternidad subrogada. Al final, he llegado a una conclusión en línea con la de la Red Estatal contra el Alquiler de Vientres: el cuerpo de la mujer no es una vasija y, como dicen desde esta asociación, "las mujeres no son ganado para satisfacer el deseo de crianza de unos pocos".

Algunas figuras públicas del espectáculo y el fútbol, o simplemente parejas o individuos con deseos de ser padres, alquilan vientres de mujeres dispuestas a parir un niño y entregarlo. Pura mercancía. Ya digo que comprendo el deseo de maternidad o paternidad, pero esa ansia se puede satisfacer de otras maneras que no pasan por convertir el cuerpo de las mujeres en un simple campo de cultivo.

Ese deseo de perpetuidad biológica me sorprende. Si uno quiere tener un hijo, puede acudir a la adopción. Hay millones de niños en el mundo que viven en condiciones espantosas y están en situación de poder ser adoptados, eso sí, con todas las garantías legales. Niños que ansían la caricia de unos padres, niños dispuestos a dar todo el afecto que no han podido dar, niños que aguardan como en un sueño imposible que alguien se haga cargo de ellos.

Por eso, la verdad es que no comprendo que quienes anhelan ser padres centren sus deseos en el exclusivo plano biológico. No hace falta parir para ser madre. No hace falta colocar unos espermatozoides en un vientre para ser padre. Ser padres es una aventura en común con ese hijo, biológico o no, una aventura de cariño infinito, de sueños y esperanzas compartidos.

Al final, no se si hay una dosis narcisista en quienes buscan este método para perpetuarse, sin medir las consecuencias que pueda tener para la criatura. Y, sobre todo, me preocupa que defender los vientres de alquiler pase por ser muy moderno, cuando lo único que esconde es la explotación del cuerpo de la mujer. Creo que se podrían contar con los dedos de la mano las mujeres que prestan su vientre sin remuneración de por medio. El debate está servido y no deberíamos banalizarlo. Alquilar un vientre es convertir a la mujer en poco más que un tubo de ensayo.


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