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La librera nómada

Cristina Morató

Un año más, la Sociedad Geográfica Española ha entregado sus premios a destacadas personalidades del mundo de la exploración, la geografía y la aventura.

Desde la fundación de la fundación Sociedad Geográfica Española, tengo el orgullo de pertenecer a este selecto y activo club de trotamundos, con los que comparto mi interés por los viajes y las culturas del mundo. Todo un honor, teniendo en cuenta que hasta hace poco más de un siglo las mujeres teníamos cerradas las puertas a las grandes sociedades geográficas.

Un merecido reconocimiento a toda una vida dedicada a contagiar la ilusión por explorar el mundo

En esta edición, han desfilado por nuestra alfombra roja, entre otros, el escritor Robert D. Kaplan, el geógrafo Horacio Capel y el piloto Miguel Gordillo, que ha concluido con éxito su vuelta al mundo en un avión ligero construido por él mismo. Y entre este grupo de notables exploradores, Catherine Domain, de profesión viajera y librera, ha recibido uno de los galardones. Un merecido reconocimiento a toda una vida dedicada a contagiar la ilusión por explorar el mundo. Esta dama de cabello blanco, mirada viva y afable sonrisa puede presumir de haber fundado la primera librería de viajes del mundo en París.

Catherine lleva el gen de la aventura en su ADN. Uno de sus bisabuelos fue librero en Francia y otro, un capitán de barco que dio varias veces la vuelta al mundo. Con esta genética, era inevitable que desde muy temprana edad se sintiera atraída por los horizontes lejanos. Al cumplir los 18 años, y al no tener ningún interés en contraer matrimonio, su padre optó por entregarle el dinero destinado a su dote para que se lo gastara como quisiera. Ella no se lo pensó dos veces, cogió su mochila y se lanzó a recorrer el mundo durante más de una década. Cuando regresó a París, esta nómada apasionada había visitado más de 150 países en los cuatro continentes y acumulado un sinfín de experiencias.

Con este bagaje, no es de extrañar que se animara a abrir una librería especializada en viajes y a poner sus conocimientos al servicio de otros espíritus inquietos como ella. Y así en 1971 abrió sus puertas Ulysse, en el corazón de la isla de San Luis. Una librería pequeña pero bien surtida, con estanterías repletas de mapas, libros y guías, que muy pronto contó con una fiel clientela. Pero la mayor hazaña de Catherine ha sido capear la crisis del sector editorial con ingenio y fuerza de voluntad.

Ahora que las pequeñas librerías desaparecen porque no pueden competir con las grandes superficies ni la venta de libros por internet, ha encontrado una fórmula para mantenerse a flote. Cuando llega el verano, cierra su librería de París y traslada el espíritu de Ulysse a su local de Hendaya, en el País Vasco francés. Una librería luminosa de grandes ventanales situada en un lugar privilegiado, dentro del Casino y sobre la misma playa.

Desde esta maravillosa atalaya, sigue transmitiendo su pasión viajera y literaria a nuevas generaciones de trotamundos. Porque, como no se cansa de repetir, viajar es el mejor antídoto contra la intolerancia, los prejuicios y la estrechez de mente.


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