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Rania: "Cómo podríamos dormir si hubiéramos cerrado las fronteras a los refugiados?"

Una de cada cuatro personas que vive en Jordania ha llegado escapando del horror de Siria. Desde que comenzó la guerra, el pequeño país de Oriente Medio ha acogido a 1,3 millones de refugiados, más que toda la Unión Europea. De ellos, de su lucha y sus esperanzas, hablamos en exclusiva con la reina Rania, la mujer que llegó huyendo de otra guerra y se ha convertido en la musulmana más influyente del mundo

Rania de Jordania.
Rania de Jordania. Getty

En Twitter, donde tiene 6,3 millones de seguidores, se describe como "madre y esposa con un trabajo diario muy cool". Ese trabajo es ser reina y con su fabulosa ropa, su larga melena y su delgada figura, lo parece. En su cuenta de Instagram hay imágenes que podrían haber salido de una sesión para una revista de moda y fotos familiares, como una en la que comparte un pastel en forma de corazón con el rey. Pero, también hay imágenes menos glamurosas, en las que aparece con mujeres con la cabeza cubierta con hijab que lloran junto a niños de rostro desencajado.

Porque la reina Raniavive en un país cercado por la guerra. Jordania comparte frontera con Siria, Irak, Israel y los territorios palestinos. A diferencia de algunos de sus vecinos, es un país pobre, sin petróleo, pero que está dando una lección al mundo acogiendo a más refugiados que toda Europa junta. Una de cada cuatro personas que viven en su territorio es refugiado: 2,7 millones, para una población total de 9,5 millones de habitantes, según Unicef. Y Jordania alberga el campo de refugiados más grande del mundo fuera del continente africano. Además de esposa y madre de cuatro hijos, la reina, de 46 años, es la mujer árabe más influyente del mundo, una plataforma que utiliza para actuar como portavoz de los refugiados y para abogar por un mundo más compasivo.

"Jordania ha recibido a 1,3 millones de refugiados; toda Europa, a un millón de sirios"

Pero, cuando entra en la sala de recepción del palacio Al Husseiniya de Amman, donde ella y el Rey tienen sus despachos, no puedo dejar de mirar sus zapatos, de color azul cobalto y con altísimos tacones con pedrería. Y cuando, al rato, se estropea mi grabadora, se comporta con gran amabilidad y una de sus numerosas asistentes entra ceremoniosamente en la sala. "Me da la sensación de que siempre se estropea todo al mismo tiempo -dice la reina sonriendo-. Mi móvil, mi portátil o la televisión siempre suelen fallar a la vez, y entonces pienso que ese día la tecnología se ha puesto en mi contra y me doy por vencida". Imaginaba que, si eres reina, tienes un montón de ayudantes para bregar con esas cosas.

Además, es a Apple a quien Rania tiene que agradecerle haberse convertido en reina. Licenciada en Empresariales e hija de un médico palestino, la reina trabajaba en el departamento de márketing del gigante tecnológico en Amman en 1993, cuando un compañero la invitó a una cena. Allí conoció al entonces príncipe Abdalá, hijo mayor del rey Hussein, y se enamoró de "su gran sonrisa" y "su contagiosa energía". Se casaron seis meses después. En aquella época, el tío de Abdalá, Hassan bin Talal, era el príncipe heredero y regente. Pero en 1999 el rey Hussein, a punto de morir de cáncer, revolucionó el reino hachemita al enviar a su hermano una carta en la que le acusaba de conspirar con el ejército. Y nombró heredero a Abdalá.

Un desafío tras otro

Con 28 años, Rania se convirtió en la reina más joven del mundo. "Fue extremadamente difícil, teniendo en cuenta que no lo esperaba y no estaba preparada para ello -admite-. Desde el primer momento, fue un desafío tras otro. Tuvimos que enfrentarnos al 11-S; a la guerra de Irak y a la llegada de los refugiados provocada por esta; a las dos intifadas en Gaza; a las guerras de Líbano y Siria, con la llegada de más refugiados... Verdaderamente ha sido un gran desafío". ¿Quizá, entonces, su trabajo no sea tan cool? "Creo que no es la palabra más exacta -dice riendo-. Aunque solo nos centremos en nuestra región y en la situación de los últimos años, podemos describirlo de muchas maneras menos cool".

Le pregunto si otros reyes o reinas le dieron consejos [ellos viajan a menudo a Gran Bretaña, donde su marido se formó como oficial y donde su hijo mayor, el príncipe Hussein, de 22 años, sigue sus pasos]. "No necesariamente fueron reyes o reinas -responde-. Aprendo de la gente que me rodea. Y tengo suerte por vivir con alguien que reina con compasión, convicción e integridad", añade. "Sé que pensará que son palabras manidas, pero viendo cada desafío al que nos hemos enfrentado y la manera en que mi marido lo ha gestionado, me he convertido en su mayor fan".

Fotos en blanco y negro de sus cuatro hijos, de entre 12 y 22 años, aportan el único toque personal a la sala de recepción, de mármol color marfil y madera labrada. "A veces, intentar convencer a los niños de que terminen sus deberes es más difícil que algunas de las cuestiones a las que debo enfrentarme en mi despacho "dice". Ser padre o madre te obliga a agudizar tus cualidades negociadoras. Mis hijos tienen edades muy diferentes (un adolescente, un preadolescente, dos estudiantes de universidad), y cada uno con su punto de vista".

Al tiempo que ha cumplido su papel como madre del heredero, Rania se ha convertido en una activista a la que todo el mundo quiere en su comité directivo o en sus conferencias. Su principal objetivo es la educación de las niñas y la promueve intentando mejorar el sistema de enseñanza: estuvo trabajando en Londres para poner en marcha una escuela de formación de profesores en Jordania. Pero, también se ha convertido en una defensora -vestida de Chanel- del Islam y de los refugiados.

La huída de Palestina

Porque, aunque muchos no lo sepan, la propia reina también es refugiada. Rania Al Yassim, su nombre de soltera, es de familia palestina y vivía en Kuwait. Durante la primera guerra del Golfo, en 1991, los Al Yassim se vieron obligados a huir con otras miles de familias palestinas y establecerse en Amman. Rania estaba estudiando un MBA en El Cairo y, cuando regresó, encontró trabajo en márketing en Citibank y, más tarde, en Apple.

"Creo que Jordania mantiene un récord inigualable como país receptor de refugiados -afirma-. Somos un país pequeño y con pocos recursos, pero el primero del mundo si tenemos en cuenta el número de refugiados por habitante... Hemos recibido a un 1,3 millones de sirios, mientras que Europa ha vivido un gran conflicto para acoger a un millón". La reina está enfadada por la falta de ayuda: "Aunque estoy muy orgullosa de la respuesta de Jordania, me causa un profundo dolor ver cuántos jordanos han tenido que sufrir y qué precio tan alto han pagado por la autocomplacencia mundial".

Rania de Jordania
Rania de Jordania

Tengo la ocasión de comprobarlo en Zaatari, el mayor campo de refugiados sirios del mundo, a 75 km al noreste de Amman. Aunque algunos ya han sido trasladados, todavía acoge a unos 80.000 -la mitad de ellos niños-, lo que convierte a este lugar en la cuarta ciudad más grande de Jordania. Las tiendas blancas se extienden a lo largo de más de tres km2. Tiene nueve colegios, 11 hospitales, dos supermercados, su propia liga de fútbol y una calle -llamada "los Campos Elíseos"- con cafés y tiendas en las que pueden hasta alquilar vestidos de novia.

Sin embargo, casi el 90% de los refugiados de Jordania vive en las ciudades, lo que supone una inmensa presión para los servicios públicos, en un país donde más de una tercera parte de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y la tierra es casi un desierto. Además, las guerras que han rodeado su territorio han destruido el turismo en enclaves históricos como Petra, y el desempleo entre los jóvenes es del 29%.

"Puede que acoger a los refugiados no haya sido la decisión más lógica o sensata, porque nuestra economía no puede soportarlo -admite la reina-. Nuestros recursos públicos, infraestructuras y servicios sociales están agotados; nuestra capacidad para gestionar esta situación está asolada. Solo el 35% del coste de acoger a los refugiados llega de donaciones de otros países. Para cubrir el resto, hemos tenido que endeudarnos y nuestra deuda se ha disparado. ¿Era sensato acoger a tantos? Probablemente no. Pero en el centro de esta crisis hay seres humanos que lo han perdido todo sin haberlo elegido".

Rania recuerda a una mujer llamada Maha, a la que conoció en una visita a un campo de refugiados de la isla griega de Lesbos. "Le faltaba un año para especializarse como ginecóloga. Su viaje desde Siria fue angustioso, tuvo que cruzar el mar en una travesía terrible, su vida ha cambiado por completo y no tiene nada. Pero su prioridad era ser médico. Eso es lo más triste: la gente piensa en los refugiados como personas desesperadas que esperan ayuda, pero son gente con orgullo, esperanzas, sueños y aspiraciones. Solo cuando somos capaces de verlos así, podemos empatizar con ellos y aportar ".

La reina Jordana, a la izq., subió el pasado enero a su cuenta de Instagram una imagen con Michelle Obama alabando su papel como "primera dama extraordinaria".
d. r. La reina Jordana, a la izq., subió el pasado enero a su cuenta de Instagram una imagen con Michelle Obama alabando su papel como "primera dama extraordinaria".
Con la Canciller alemana Angela Merkel, en 2015.
d. r. Con la Canciller alemana Angela Merkel, en 2015.
Con la reina Letizia, en noviembre de 2015, en su visita a Madrid
d. r. Con la reina Letizia, en noviembre de 2015, en su visita a Madrid
Con Melania Trump, durante su visita oficial a Estados Unidos, el pasado mes de abril.
d. r. Con Melania Trump, durante su visita oficial a Estados Unidos, el pasado mes de abril.

Compromiso y empatía

Para los reyes, jamás se planteó la posibilidad de no aceptar a los sirios que se agolpaban en sus fronteras. "¿Acaso puedes volver la espalda a la madre que huye con sus hijos corriendo un enorme riesgo y aventurándose a lo desconocido porque sabe que lo que deja detrás es mucho peor? -se pregunta-. ¿Ordena entonces mi marido que cierren las fronteras? ¿Cómo va a poder dormir? Jamás se planteó hacerlo o no, la cuestión fue cómo íbamos a arreglárnoslas para que todo funcionara".

El compromiso de Jordania está claro. ¿Por qué no podía la Unión Europea, con 500 millones de habitantes más acomodados, hacer lo mismo? "No quiero englobar todas las respuestas al problema en una categoría -explica la reina-. En parte de Europa hemos visto compasión, pero en otra se ve a los refugiados con miedo y sospecha. Es un fenómeno peligroso, en el que los temores sobre la seguridad y la economía se manipulan para promover políticas populistas e ideologías identitarias".

Rania de Jordania, con los refugiados
Getty Rania de Jordania, con los refugiados
Rania de Jordania, con los refugiados
Getty Rania de Jordania, con los refugiados

"Es triste que, en muchas partes, diferente sea sinónimo de peligro"

Las palabras Trump y Brexit están en el aire. Le pregunto qué opina sobre que el líder más poderoso del mundo promueva esas políticas. "Es triste que en muchas partes la palabra diferente se convierta en sinónimo de peligro -responde-. Da miedo pensar que vivimos en un mundo en el que la gente puede ser asesinada mientras está en un restaurante o arrodillándose para rezar, pero es peligros convertir eso en una ideología sobre la identidad y promover el ultranacionalismo y el aislacionismo, fracturando nuestro mundo. No podemos destruir el orden en el que vivimos. Amurallarnos unos contra otros y defendernos cada uno por nuestro lado no va a ayudar a nadie".

Su discurso a favor de la solidaridad y la necesidad de empatía en un mundo fracturado no puede estar más alejado de la retórica de Trump y su decreto contra los musulmanes. Le pregunto qué mensaje encierra este tipo de política. La reina es muy cauta en su respuesta, pero está claro lo que piensa: "Todos los países tienen derecho a legislar según les conviene y la principal responsabilidad de cada líder es salvaguardar la seguridad de su pueblo. Pero el problema del terrorismo global es muy complejo y no se resolverá aplicando soluciones de blanco o negro, como una prohibición de entrada".

También le preocupa el crecimiento de la islamofobia. "Una de las injusticias más grandes es el concepto erróneo que se tiene del Islam y del más del billón y medio de musulmanes que existen. El Islam no es el enemigo; el enemigo son Daesh y grupos semejantes. Sus acciones no son religiosas, sino criminales; muchos terroristas provienen de redes criminales o han estado en la cárcel. El miedo al Islam y a los musulmanes solo consigue alimentar la exclusión de los que hablan, visten o rezan de forma diferente, y es una arma en manos de los extremistas, que así pueden decir que la cultura occidental está contra todos los musulmanes".

Este es un tema muy cercano para su país, que ha admitido que 300 jordanos se han unido al Daesh o Al Qaeda en Siria, aunque los servicios de inteligencia occidentales estiman que la cifra real puede ser de hasta 2.500. La reina cree que los musulmanes deben esforzarse más en esta lucha. "Debemos trabajar más y hablar más alto contra estos extremistas, y señalarlos como lo que son. Así anularemos su poder para reclutar a más gente"

Rania es, desde hace mucho tiempo, una firme defensora de la educación de las niñas y ha hablado en contra de los matrimonios forzados y los crímenes de honor. "Creo que, si se da más poder a las mujeres, es posible hacer que prosperen todos los que están a su alrededor. La educación de las niñas es la mejor inversión, porque tiene un efecto de onda expansiva en muchas cuestiones: salud, mortalidad infantil, desarrollo económico... Todo mejora cuando se educa a las chicas".

Le señalo que, en muchas sociedades de Oriente Medio, incluyendo a la jordana, se gradúan en la Universidad más mujeres que hombres, aunque no pueden trabajar por restricciones culturales o legales. "Las razones culturales son un factor muy importante -asiente-. La mentalidad sigue siendo que, una vez te casas y tienes hijos, tu prioridad es la casa. Pero eso está cambiando: una mujer con trabajo empieza a ser percibida como una esposa más interesante, porque supone dos sueldos en el hogar. Y cada vez más mujeres usan la tecnología para crear sus propios negocios desde casa".

A pesar de que ella es un modelo -trabaja en causas sociales y ha escrito cuatro libros infantiles-, no parece que las cosas hayan cambiado mucho en Jordania. Los datos del Gobierno muestran que la contribución de las mujeres a la economía suponía el 14,6% en 2014, casi como en 1995, y que el país ocupa el puesto 142, de 144, en este sentido. "Si mira alrededor, verá a mujeres policías, jueces, soldados y consejeras delegadas. Vamos en la buena dirección, pero tenemos que seguir avanzando", asegura.

La Reina, que presume de conducir (algo prohibido en la vecina Arabia Saudí) y viste a la manera occidental, siente, sin embargo, frustración con los estereotipos occidentales. "Lo que vemos con las mujeres árabes es lo mismo que ocurre en todas partes con las mujeres: siempre tienen que superar barreras. Pero son un escudo protector contra la radicalización de los hombres, ponen en común los recursos para alimentar a sus familias, las vemos en los campos de batalla, como las yazidíes que combaten contra el Isis en Irak... Occidente puede ayudarnos resistiéndose a los estereotipos sobre las árabes como sumisas e indefensas. No lo están, y cuando dejemos de verlas así podremos alcanzar el objetivo".

Le pregunto por la elección de su ropa y su decisión de no llevar hijab. "La religión es algo muy personal. Considero que es una equivocación intentar gestionar nuestras diferencias intentando imponer homogeneidad. Muchas mujeres en mi país llevan hijab, pero también encontrará a muchas vestidas como yo. A veces me desconcierta un debate tan intenso sobre una cuestión que no debería ser un problema".

Un selfie con la reina

Tras nuestra entrevista, acompaño a la reina a uno de los centros comunitarios de la Jordan River Foundation, la ONG que preside y que fue la primera en la región en luchar contra el abuso infantil y la violencia doméstica. Es un lugar acogedor y luminoso, que simula una calle a lo largo de la que se sitúan los espacios de una casa, desde una cocina a un dormitorio; en cada uno se tratan distintos temas. Los niños están asombrados al conocer a una reina de carne y hueso, pero su calidez es contagiosa y algunos se atreven a pedirle un selfie.

Muchos de los pequeños son refugiados sirios. "Necesitamos pensar no solo en los efectos económicos de ser refugiado, sino también en la necesidad de abordar el trauma psicológico que supone y cómo ayudarles a resistir -explica Rania-. Creo que, en el tiempo que nos ha tocado vivir, no ha habido una crisis humanitaria tan dolorosa y urgente como esta. Hay una generación de niños que no ha cumplido siete años que solo ha conocido la guerra y el desarraigo. Según Unicef, el año pasado fue el más catastrófico. Aumentaron un 20% las muertes infantiles, los menores reclutados como soldados y el trabajo infantil. Hay 2,75 millones de niños sirios que no van al colegio. Su infancia se está perdiendo en la ignorancia, lo que los hace más vulnerables a la radicalización. Mientras estamos aquí, ¿se está creando un mundo más peligroso que el que conocemos?".

Mientras los niños charlan, algunos padres elaboran galletas de pistacho y dátiles, que se venden y se regalan a los líderes que visitan Jordania. Además, la fundación acaba de firmar un acuerdo con Ikea que dará trabajo a 200 mujeres sirias para elaborar artesanía.

No hay signos de que la marea de refugiados vaya a disminuir. La guerra de Siria ha cumplido siete años. ¿Qué piensa Rania sobre el fracaso de la comunidad internacional para pararla? "Es un punto muy negro en la historia de la diplomacia mundial. Una de las causas de que no hayamos podido avanzar es que el mundo está dividido sobre el futuro del país. Necesitamos una visión coherente que lleve a negociar un acuerdo de paz y un alto el fuego", responde.

Tras la Primavera

Jordania fue uno de los pocos países en Oriente Medio que salió casi intacto de la Primavera Árabe, pero imagino que hubo noches de insomnio en el Palacio Real. En enero de 2011, las protestas en la calle aumentaron. El rey Abdalá se reunió con varios líderes y accedió a cambiar su Gobierno y a introducir algunas reformas políticas. A medida que aumentaba el caos en Siria, las protestas disminuyeron en Jordania. Quizá tuvo que ver que el país tenga las Fuerzas Arnadas mejor entrenadas de Oriente Medio.

El rey y la reina parecen gozar de popularidad. Cuando le digo al taxista que estoy en Amman para entrevistar a la reina, no quiere cobrar la carrera. Más tarde, me entero de que está prohibido criticar al rey. Las protestas continúan de vez en cuando, normalmente por la situación económica y la introducción del IVA para paliar el agujero financiero causado por los refugiados.

"Si dejamos de ver a las árabes como sumisas e indefensas alcanzaremos el objetivo"

"No hay lógica que explique por qué resistimos -admite la reina-. El país atraviesa una crisis, la deuda está por las nubes, tuvimos la Primavera Árabe, hay guerra en cuatro de nuestras cinco fronteras. Una de las cosas que nos mantiene unidos es sentirnos orgullosos del trabajo que hacemos construyendo nuestras instituciones. Tenemos una sociedad civil fuerte y unas ONG que trabajan con el Gobierno para resolver problemas. Esa es una de las razones por las que, contra todo pronóstico, Jordania ha permanecido intacta a pesar de recibir a tantos refugiados", añade. "Pero la democratización es un proceso largo. Y los conflictos y presiones económicas tienden a ralentizarlo; la gente se centra en sobrevivir".

Rania cree que Occidente fue ingenuo en Afganistán, Irak y Libia, derribando el régimen talibán y a dictadores como Sadam Hussein y Gadafi, y pensando que todo iba a cambiar. "No se puede esperar que haya democracia y que esta traerá las libertades a las que aspira la gente cuando esos valores no se han incorporado a su cultura -explica Rania-. La libertad de expresión, el respeto a las opiniones diferentes, a la diversidad, a las instituciones, a la libertad de prensa, son los cimientos de una democracia sana; si no, se termina con unas únicas elecciones que producen dictadores peores que los derrocados y retrocedes 20 años hasta la próxima oportunidad. La democracia no consiste solo en elecciones, esa es la guinda del pastel. Necesitas concentrarte en el duro trabajo previo".

En la Casa Blanca

Pocos días después de esta entrevista, los reyes de Jordania visitan la Casa Blanca. La pregunto a Rania si le dará algún consejo a Melania Trump, la primera dama, que como ella es una extranjera que inesperadamente se ha encontrado en la cima del país. "Es la primavera vez que voy a reunirme con ella y sería pretencioso pensar que puedo enseñarle nada, pero si me pregunta, estaré encantada de compartir mi experiencia".

Mientras nos despedimos, no puedo imaginar a dos mujeres más diferentes que la reina Rania y Melania Trump. "Nuestros contextos son muy distintos, pero estoy segura de que tenemos cosas en común", asegura. "Usted se llevaba muy bien con Michelle Obama", le digo. En su cara se dibuja una amplia sonrisa mientras empieza a decir: "Adoro a Mich...", e inmediatamente se detiene. "Michelle es una mujer muy inspiradora, e Ivanka Trump es joven e inteligente y muy comprometida con la necesidad de dar poder a las mujeres, especialmente en el mundo de los negocios". Y de esta forma, los asombrosos tacones azules se alejan resonando sobre el suelo hacia otra causa de la que hacerse cargo.

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