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vivir | Opinión

Concierto en ra mayor

Sin amor, ¿se puede vivir?", pregunta Gordi. "Se puede, pero resulta tedioso," respondo, contemplando el cielo.

Está anocheciendo. Tiradas en la hierba, escuchamos el concierto para rana y sapo de todos los años. Vuelve a preguntar:"¿Por qué hay tantas historias acerca de estos bichos?". "El pretendiente de piel verdosa era, además, paticorto. Y ella, al verle, se lanzó de cabeza al agua, convirtiéndose de nuevo en rana", contesto. Se ríe. Me alegro. Últimamente, la veo mortecina. "Qué pesadilla tanto rollo con el hombre perfecto. Que por algún lado andará, pero por aquí no", añade suspirando.

Todas hemos pasado por etapas amoroso-depresivas, pero este año a Gordi todo le sale rana: un reencuentro fallido con su ex y un par de idilios anodinos. Sus preguntas son del tipo: "¿Tiene algún sentido la existencia? ¿No sería más sensato hacerse monja budista?". "Si existiera la reencarnación, ¿en qué te gustaría volver?", le pregunto."En topo", responde. "¿Todo el día bajo tierra?", discrepo. Ella rectifica: "Bueno, pues en avestruz. Si alguien te quiere comer, puedes salir volando".

"¿Desde cuándo vuelan las avestruces?", inquiere una voz a nuestra espalda. Son Listilla y Martina. Se sientan a nuestro lado. En ese momento, la Luna asoma e ilumina a un sapo que croa sin cesar. Nos quedamos fascinadas. "Míralo, ahí está el príncipe viscoso", dice Gordi. "¡Bésalo!", propone Martina y sin ningún reparo lo atrapa. Le mira fijamente y susurra: "Querido, cuánto tiempo. ¿Qué te ha pasado en los ojos?". Nos reímos. La cara del sapo es un poema. "Deja que se vaya", digo.

"De eso nada. Habrá que besarle antes!", afirma Listilla. Lo acerca a mi cara, pero rehuso el ofrecimiento mientras Martina declama: "¡Vamos chicas! Tanto quejarse del amor, ¿y ninguna quiere liberar a este ser?". Ante nuestra sorpresa (y la del sapo), Gordi le planta un beso. A continuación, le mira fijamente. El sapo no sufre ningún cambio aparente. "Estará caducado el encantamiento", digo arrebatándoselo a Gordi. "Déjemoslo tranquilo", propongo y le deposito en su roca. Mientras se aleja, Listilla suelta riendo: "¡Qué decepción! ¡Vámonos!".

Emprendemos el regreso. A la vuelta de la curva, vemos a un hombre que camina hacia el pueblo. "¿Quién es ese?", pregunta Martina. Al oírnos cuchichear, se vuelve. Tiene el pelo escarolado y ojos verdosos y un tanto prominentes. Se acerca: "¡Qué alivio! ¡Seres humanos!". Le miramos con estupor. Él pregunta: "¿Sois de por aquí?". " Sí, de aquí mismo. ¿Y tú?", dice Gordi extasiada. "Yo estoy de paso y me he perdido". Tras indicarle que su albergue está en dirección contraria, se despide de nosotras: "¡Me habéis salvado! Por cierto eso que se escucha, ¿son ranas?". Nos quedamos viendo cómo se aleja y recito: "A la orilla del lago había un sapo, fui a cogerlo y se me escapo". Gordi sale disparada gritando: "¡Espera Gustavo!, te acompaño... No sea que te vuelvas a perder".

Ilustración: Maite Niebla

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