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Hillary Clinton: hay vida después de la derrota

La excandidata a la Presidencia de Estados Unidos lo tiene claro: "No me voy a ninguna parte". Ocho meses después de su inesperado fracaso, resurge de sus cenizas. Escribe un libro, ha fundado una ONG, se habla de su candidatura a la alcaldía de Nueva York... Y mientras busca su sitio, llama a la resistencia contra Donald Trump.

Hillary Clinton.
Hillary Clinton. getty

"Me quedé tan sorprendida como todo el mundo cuando empecé a recibir los resultados. No era lo que habían dicho las encuestas. Ni lo que se palpaba en el ambiente o en los mítines. Creía que íbamos ganar. Y lo mismo pensaba nuestro rival, por cierto. Nunca creyeron que ganarían".

Y, sin embargo, ocurrió. La noche del 8 de noviembre, Hillary Clinton empezó a perder un estado clave tras otro y, antes de darse cuenta, había dicho adiós a una Presidencia que siempre había dado por hecha. Según su equipo de confianza, en ese momento crítico Clinton permaneció serena. Quizá porque, dado su carácter pesimista, siempre está preparada para lo peor. Sin exabruptos ni aspavientos, siguió el protocolo. "Teníamos que pasar por aquello con dignidad e integridad, ya habría tiempo de analizar lo que había pasado, pero en ese momento decidí ceñirme al ritual. Tenía que llamar a Trump y a Obama y decidir qué diría al día siguiente. Y, una vez hecho, podría decir: "¿Qué diablos ha pasado?". Y enfadarme y disgustarme y estar decepcionada y sentir que le había fallado a la gente", ha explicado ahora en una entrevista al New York Magazine. El duelo vino después y Clinton lo pasó en privado.

En las semanas posteriores a las elecciones, permaneció recluida en su casa de Chappaqua, Nueva York. Tenía que digerir la derrota y se dedicó a descansar y dar largos paseos por el bosque (y a fotografiarse con excursionistas espontáneos que le pedían selfies). Todavía no estaba preparada para leer la prensa o encender la televisión. Solo contestaba los e-mails más importantes.

También aprovechó para pasar más tiempo con sus nietos -Charlotte, de dos años, y Aidan, de uno- y con su marido, con el que salía a cenar o a ver alguna obra de teatro en Broadway. Aunque el expresidente regresó a su trabajo en la fundación que lleva su nombre, Hillary aún no ha recuperado esa rutina. Eso sí, todavía tiene un equipo de asesores, entre los que destaca su mano derecha Huma Abedin, y mantiene una oficina en Times Square.

Desde noviembre, cada vez que sale de casa, asiste a un evento, pisa un restaurante, un aeropuerto o va a hacer la compra, se encuentra en la misma situación incómoda: un goteo incesante de personas (especialmente mujeres) se acercan para darle ánimos o, directamente, ofrecerle sus condolencias. Muchas quieren hacerse una foto. Algunas lloran. A menudo, es ella quien acaba consolándolas con un abrazo. "Hay gente que ha venido a mí buscando la absolución. Me dicen: "No te voté porque creía que no necesitabas mi voto para ganar".

El abatimiento (y el enfado) entre sus seguidores sigue siendo generalizado, pero ¿cómo está ella? "Estoy bastante bien teniendo en cuenta todo lo que ha pasado. Las consecuencias de las elecciones fueron devastadoras. Y todo lo que salió a la luz en los días y semanas posteriores también ha sido muy preocupante. Así que tuve que decirme a mí misma que tenía que salir de la cama, pasear, pasar mucho tiempo con mis nietos y disfrutar de mis amigos y mi familia, que tanto me han apoyado. Así que, como persona, estoy bien, pero como americana estoy muy preocupada".

Con Bill, su hija Chelsea y el marido de esta, Marc Mezvinsky, tras el nacimiento de su segundo nieto, Aidan, hace un año cuando la Preseidencia parecía segura.
getty Con Bill, su hija Chelsea y el marido de esta, Marc Mezvinsky, tras el nacimiento de su segundo nieto, Aidan, hace un año cuando la Preseidencia parecía segura.
Con el reparto del musical War paint, sobre la enemistad entre Helena Rubinstein y Elisabeth Arden.
getty Con el reparto del musical War paint, sobre la enemistad entre Helena Rubinstein y Elisabeth Arden.
En el escenario de la Cumbre Mundial de la Mujer, en abril.
getty En el escenario de la Cumbre Mundial de la Mujer, en abril.
Hace un mes, dando el discurso de graduación de Wellesley, la universidad femenina donde ella estudió.
getty Hace un mes, dando el discurso de graduación de Wellesley, la universidad femenina donde ella estudió.
En la toma de posesión de Donald Trump.
getty En la toma de posesión de Donald Trump.
Rodeada por Tom Hanks, Julianna Margulies, Bill Clinton y el presentador Jimmy Fallon, en una gala favor de la infancia, en mayo.
getty Rodeada por Tom Hanks, Julianna Margulies, Bill Clinton y el presentador Jimmy Fallon, en una gala favor de la infancia, en mayo.

¿Qué influyó más?

En estos meses, Hillary ha reflexionado sobre las razones que hay detrás de su inesperada derrota: sobre sus errores y los aciertos del adversario; sobre si el machismo y la misoginia tuvieron algo que ver con la victoria de Trump; sobre la trama rusa -"En mi opinión, los rusos no habrían sabido cómo convertir la información en arma política si no hubieran estado guiados por... americanos. Creo que es justo preguntarse cómo influyó eso en la campaña"-; o sobre el papel del FBI. "Si las elecciones se hubieran celebrado el 27 de octubre, sería presidente", ha dicho recientemente en relación a la carta que el entonces director de FBI, James Comey, envió aquel día al Congreso de Estados Unidos anunciando que reabriría el caso de los correos personales de Clinton. La noticia dañó seriamente su campaña, aunque luego la investigación se cerró sin consecuencias.

"Los rusos no habrían sabido convertir la información en arma política sin apoyo americano".

Pero la realidad es que nada de eso puede cambiar lo que pasó: Donald Trump ocupa desde enero el Despacho Oval y vive asediado por los escándalos políticos; y ella, que nunca contempló la derrota, jamás había llevado una vida tan tranquila. Algunas semanas asiste a un evento o da una conferencia, pero otras no tiene compromisos y dispone de todo el tiempo del mundo. Ha contado, por ejemplo, que se ha dedicado a limpiar y a poner orden en sus armarios. Sus hábitos también han mejorado: se alimenta mejor, hace ejercicio y pasa más tiempo al aire libre. Pero, sobre todo, se ha dedicado a escribir, en un proceso que ha definido como "insoportable". En otoño, publicará un libro. En principio, iba a tratarse de una colección de ensayos, pero ahora se espera que contenga una crónica detallada sobre la derrota electoral y una reflexión sobre la nueva etapa política.

Sin embargo, en las últimas semanas ha regresado de su exilio y ha dejado claro que, pese a todo, no piensa esconderse. "No voy a irme a ninguna parte", dijo en una convención celebrada en California en mayo. Ha empezado a hablar en eventos públicos y a conceder entrevistas. El mensaje está claro: piensa dar batalla. Aunque algunas voces han especulado sobre la posibilidad de que aspire a la alcaldía de Nueva York, su círculo más próximo ha desmentido los rumores. Los excandidatos como ella tienen destinos dispares. John McCain, que perdió en 2008 contra Obama, es senador; Al Gore, derrotado en 2000 frente a George Bush, buscó una causa justa (el cambio climático), la convirtió en su cruzada particular y terminó recibiendo un Nobel.

Midiendo cada paso

Pero que Hillary no aspire a un cargo público no significa que renuncie al activismo político. Ahora, simplemente, tiene que elegir el formato. Según la revista Político, la excandidata lleva meses consultando con sus asesores cuál debería ser el paso siguiente. Una opción es retomar su trabajo en la Fundación Clinton, donde en los últimos años se ha dedicado a desarrollar proyectos relacionados con la infancia, la escolarización de las niñas en los países en desarrollo y el empoderamiento femenino. Pero Hillary también podría poner en marcha nuevas iniciativas. La primera de ellas ya está sobre la mesa.

En mayo, anunció el lanzamiento de Onward together, una ONG para potenciar la participación ciudadana en la vida política y que apoyará iniciativas para contrarrestar algunas de las medidas más polémicas anunciadas por Trump. "La participación ciudadana es más vital para nuestra democracia que nunca", dijo en Twitter acompañando al anuncio. Pero este solo sería el primer paso en una estrategia más ambiciosa y de largo recorrido, en la que Trump está llamado a ser su archienemigo.

Tras mostrar su apoyo a la masiva Marcha de las Mujeres celebrada en enero en decenas de ciudades norteamericanas, la excandidata se ha identificado como parte de la "resistencia" frente a la nueva administración. De hecho, ha utilizado Twitter para criticar algunas de las medidas más polémicas del presidente, como el veto migratorio impuesto a los ciudadanos de varios países árabes.

"Los 66 millones de personas que me votaron merecen que siga luchando por ellos".

En 2014, Hillary confesó en sus memorias que, cuando dejaron la Casa Blanca, el matrimonio estaba en "bancarrota". Llegaron a acumular 12 millones de dólares de deuda, después de hacer frente a varias hipotecas, la educación universitaria de Chelsea y las facturas de los abogados del caso Lewinsky. Pero parece que ahora la perdedora no tiene que preocuparse por el estado de su cuenta corriente. Desde que dejaron la Casa Blanca, el matrimonio ha "saneado" espectacularmente su economía doméstica. Se estima que entre 2007 y 2014, los Clinton ingresaron más de 140 millones de dólares entre conferencias y autobiografías superventas, dos actividades con las que seguirá haciendo caja a partir de ahora.

Hay quien esperaba que Hillary, herida en su orgullo y ya sin futuro político, escogiera una jubilación dorada llevando una vida discreta y poco combativa. Pero no será así por una razón muy sencilla: a pesar de todo, en noviembre recibió 66 millones de votos, 2,8 millones de papeletas más que Donald Trump. Por eso, se siente legitimada. Y, en cierta forma, responsable: "Los 66 millones de personas que me votaron merecen que siga luchando por ellos", ha dicho.

La saga continúa?

Chelsea participó en la campaña de su madre y, probablemente, fantaseó con una oficina en la Casa Blanca, como la que su examiga, Ivanka Trump, tiene ahora. Pero después del varapalo de noviembre, se limitó a volver al trabajo. Y parece que está más ocupada que nunca. Además de su puesto en la Fundación Clinton, ha aceptado un puesto en el consejo de administración de Expedia y acaba de escribir un libro para niños. Muy activa en Twitter y muy beligerante contra Trump, ha participado en manifestaciones de apoyo a la comunidad musulmana y está mostrando su perfil más activista.

También sabe moverse con soltura en los circuitos VIP, sea en la Semana de la Moda de Nueva York o cenando con estrellas de Hollywood como Matt Damon o Emily Blunt. Por eso, todo el mundo se pregunta cuál será su futuro. En el pasado, ella misma coqueteó con la posibilidad de hacer carrera política y hay quien ha especulado, incluso, con su intención de aspirar a la presidencia. "No voy a presentarme a ninguna elección. Toda mi vida me han hecho la misma pregunta y la respuesta nunca ha cambiado", decía recientemente. Pero dejaba una puerta abierta: "Si algo cambia o alguien se retira, contestaré esa pregunta de nuevo, pero ahora mismo, no voy a aspirar a ningún cargo político". Ya lo dijo su padre en 2013: "Chelsea sería una gran presidenta".

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