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India en el corazón

Cristina Morató

Hay viajes que te cambian la vida y la India es uno de ellos...

Por un lado, tienes los palacios de ensueño de Jaipur y la belleza de sus mujeres envueltas en saris. Por otro, el horror de los niños abandonados y los barrios de chabolas, donde familias enteras viven en condiciones infrahumanas. India tiene muchas caras y lo saben bien las protagonistas del libro 'Todos los caminos llevan a India' (Ediciones Casiopea), que reúne los testimonios de 30 mujeres que lo abandonaron todo para dedicarse a mejorar la vida de los más desfavorecidos de la tierra.

La India es uno de los peores países para ser mujer. Lo cuenta la autora, Loreto Hernández, que reconoce haberlo escrito con tanta rabia como esperanza. Desde que nacen, las niñas se enfrentan a todas las barreras culturales y sociales. Las más pobres no podrán acudir a la escuela, no sabrán leer ni escribir, y las que vayan, dejarán de hacerlo en Secundaria, en cuanto las casen. Solo unas pocas privilegiadas podrán estudiar una carrera universitaria.

Las lacras de la India resultan escalofriantes: hambre, pobreza, discriminación, explotación infantil, analfabetismo... Ante este panorama, las protagonistas de este libro son médicos, enfermeras, empresarias, abogadas, economistas, esposas de diplomáticos, cooperantes de que el cambio era posible. En su camino, fundaron ONG, abrieron escuelas, comedores, orfanatos...

Es el caso de Arancha Martínez, que trabajaba en un banco de Dublín y en 2008 decidió irse a la India. Con 24 años fundó Itwillbe.org, una ONG para atender a los niños que trabajan en las fábricas de ladrillos de Passor, en el estrarradio de Delhi. Aquí, los más pequeños se ven obligados a moldear ladrillos de adobe en agotadoras jornadas. No van a la escuela, apenas comen y tienen graves problemas de salud. Desde la organización han instalado cerca de las fábricas un dispensario y una escuela. También colaboran con ONG locales en proyectos de género, salud, educación y derechos humanos.

Bárbara Camus vio su sueño cumplido cuando Médicos Sin Fronteras la contrató como enfermera en un proyecto de una grave enfermedad tropical olvidada, el kala azar. Durante el tiempo que trabajó en el estadio indio de Bihar, hizo el seguimiento de todos los pacientes y comprobó esperanzada cómo el tratamiento era seguro y efectivo. Fue su primera misión.

En India se inició como cooperante y descubrió que a pesar del sofocante calor, la humedad, el polvo y otras incomodidades, enseguida se adaptaba porque solo pensaba en la curación de la gente. Decía la madre Teresa de Calcuta: "No siempre podemos hacer grandes cosas pero sí podemos hacer cosas pequeñas con gran amor". Todas ellas así lo han hecho y son un ejemplo de valentía y compromiso que merece la pena descubrir en las páginas de este magnífico libro.

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