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¿Cuántas sílabas tiene la felicidad?

Hay unos pocos días en verano, muy pocos, en los que todas las piezas encajan y nos quedamos solos.

Mi hijo está con su padre; los de Pablo, con su madre. O todos de campamento. No lo recordamos bien, porque este año estamos trabajando demasiado. Es lo que tiene ser autónomo (él) y pringada (yo). "Oye, Pablo, que hoy no ha dormido Ana en casa...". "No, ni ayer, ni en los próximos 15 días".

Cuando me levanto empanada, puedo batir cualquier récord de despiste. "Entonces, ¿es ahora?". Pablo pregunta si mi té lleva teína. "Me refiero a esos cinco larguísimos días sin responsabilidades familiares". Pablo pronuncia algo parecido a "ahá". Y yo consulto el calendario del móvil. Reunión. Reunión. Entrega. Reunión. Reunión. Reunión. Deadline (en inglés suena letal). "¿Y tú qué tienes esta semana?". "Trabajo", contesta lacónico mi significant other (odio esta expresión, pero como ahora mismo también odio a Pablo...).

He leído un montón de consejos para parejas y son todos caros: tener pisos (o cuartos de baño) separados, llevarse niñeras a las vacaciones, reservar días para viajes de lujo... Pero hay dos muy baratos que nadie osa escribir: "Nunca os comuniquéis con sueño y mal humor por las mañanas, antes de salir de casa. Nunca os comuniquéis llenos de ruido y toxinas por las noches, al llegar a casa". Me dan ganas de tuitearlos cuando Pablo se pone escueto (y borde), pero hace tiempo que juré no decir en público lo que pienso. Por precaución y porque cambio de opinión cada cinco segundos.

Esa noche, al salir de la oficina, le escribo: "¿Cómo vas?". "Mal". No hay emoticonos en nuestra relación, pero tampoco palabras polisílabas. "¿Tiempo estimado de llegada?". "Ni idea". "Me voy al cine", improviso. "OK". Tercer consejo barato para mantener la pareja: "No os esperéis para hacer lo que de verdad os apetece". Buena película más soledad. Algo muy parecido a la felicidad.

"La felicidad es la paz", le digo a Pablo cuando llego a casa. Él tiene una cerveza en la mano, el móvil boca abajo, relajado. Cuarto consejo barato: "Nunca reproches al otro que haga (sin ti) algo que le da felicidad". Pablo me hace hueco en el sofá. "Mañana, serie". "Helado". "Vodkatonic". Pita un whatsapp. "Son tus hijos. ¿Te das cuenta de que llevamos todo el día hablando como ellos? Sin verbos, matices ni emociones". "Reducidos a lo esencial".

Pablo descarga las fotos que le mandan los niños. Comprueba que sonríen. Contesta un "Miss you". Me mira: "El silencio es paz, y la paz es felicidad". Y con esto y un sofá, pasamos a la felicidad. Juntos, callados.

Ilustración: Maite Niebla

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