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La Imperfecta

Con los informes filtrados por Edward Snowden conocimos hace unos años con certeza lo que ya sospechábamos:

Nadie está libre de ser espiado. Que la agencia de inteligencia de Estados Unidos (la NSA) accede masivamente a nuestros perfiles. Yo tengo la teoría de que mi agente asignado de la NSA me ha descartado como sospechosa de todo tras ver mi enésimo e mail de restaurar contraseña. "Muy peligrosa no parece", le habría dicho a su jefe Palmer Johnson.

Ilustración: Raquel Córcoles.
Ilustración: Raquel Córcoles.

Efectivamente, no soy peligrosa. Pero mi nuña capacidad de retentiva en cuanto a las contraseñas sí lo es. La vida es eso que pasa mientras acumulamos -y restauramos- contraseñas: de tu banca on line, de tus cuentas en redes sociales, de tu e mail personal, del de tu trabajo, de tiendas, de Paypal, de compañías aéreas, de Renfe, de la agencia tributaria, de la DGT, Amazon, Spotify, de ElTenedor, Cinesa, MyTaxy, Netflix, HBO, Movista+, la web de tu gimnasio, Dropbox, Ticketmaster, etc. Hasta el blog de recetas de tu tía Mari exige ya contraseña. Contraseñas a menudo parecidas, a las que vamos añadiendo una cifra a lo alto o a lo bajo. Contraseñas que nos salen como churros industriales sin pensar demasiado.

Adobe publicó que "123456" había sido utilizada como contraseña por casi dos millones de sus usuarios. Dos millones de usuarios al parecer no tenían un buen día o temían que fuesen a suplantar sus cuentas. Porque si usamos una contraseña tan sencilla como 123456 o nuestro nombre, o si utilizamos la misma contraseña en todos los servicios, estamos abriéndole la puerta al vecino que quiere asomarse a nuestra casa, y no a pedir sal precisamente.

El problem es que no somos verdaderamente conscientes del peligro: ni que casi todos nuestros movimientos pueden ser públicos, no de ese tercero que puede robar nuestra identidad o utilizarla de forma fraudulenta. Así que piensa en esto la próxima vez que crees una contraseña... Y, claro está, te olvides de ella.

Ilustración: Raquel Córcoles

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