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Donald Trump se cobra una nueva víctima: Brigitte Macron

La insistencia de Donald Trump por convertir a las mujeres en objeto debería ser revisada por parte de su equipo diplomático.

Brigitte Macron, Emmanuele Macron, Donald Trump y Melania Trump.
Brigitte Macron, Emmanuele Macron, Donald Trump y Melania Trump. gtres

Que Donald Trump tiene un problema con las mujeres autónomas, inteligentes y autosuficientes es un secreto a voces. Solo se encuentra a gusto con aquellas que cumplen sin salirse un centímetro con el papel de florero silente. Sin embargo, tras más de seis meses de reuniones, debates y encuentros al más alto nivel internacional con mujeres poderosas, esperábamos que hubiera aprendido a disimular su desagrado por tener que lidiar con ellas. Error. Su saludo a Brigitte Macron, la primera dama francesa, ha puesto de nuevo en evidencia su terrible machismo.

Ayer jueves vimos cómo el Presidente francés y su esposa esperaban al matrimonio Trump en Los Inválidos, uno de los lugares en los que discurren los actos oficiales con motivo de la fiesta nacional francesa. Nada más ponerle los ojos encima a Brigitte Macron, se apresuró a infringirle el agresivo apretón de manos que hasta ahora había reservado a los presidentes. En los vídeos que vuelan por la red se puede ver cómo le agarra, se aferra, la empuja hacia él para darle besos y luego la pasea con cierta violencia como si fuera una marioneta. Si es un horror verlo, cómo será vivirlo.

Sin embargo, lo peor estaba por venir. En una de las peores ofensas que se le pueden infringir a cualquier persona, Donald Trump ignoró totalmente la dignidad personal, posición y valía profesional de Brigitte Macron, en ese momento representante de la nación francesa. Sin mediar más diálogo y tras inspeccionarla de arriba abajo como si fuera cualquiera de los productos dispuestos en un escaparate, el Presidente estadounidense le dijo: "Estás en muy buena forma". A continuación, como si ella no tuviera entidad suficiente, se dio la vuelta para dirigirse al Presidente francés, en su universo personal probablemente algo así como su propietario, y le repitió su valoración admirativa: "Está en muy buena forma".

¿Qué tipo de diplomático no encuentra otra cosa que decirle a una Primera Dama que una valoración de su cuerpo? ¿Por qué cree Trump que a Brigitte Macron le importa lo que él pueda pensar de su cuerpo? ¿Se debe interpretar este comportamiento como un ataque, por mujer interpuesta, a Emmanuel Macron, con las manos atadas por la diplomacia para reaccionar ante la escena? ¿Acaso Angela Merkel o Theresa May le han comentado que tiene el trasero demasiado gordo para ponerse pantalones blancos para jugar al golf?

No terminó sin embargo ahí esta escena para la vergüenza. El presidente estadounidense aún pudo empeorarla un poco más. En su huida hacia adelante por el despeñadero del machismo, Trump, todavía escrutando el cuerpo de Brigitte Macron, le soltó en su propia cara, como dándole su aprobación para existir: "Bella". Qué horror.

De una manera u otra, Trump necesita reconducir a las mujeres al lugar que él piensa nunca debieron salir: un escaparate de floreros. Ante toda mujer profesional pierde los papeles, se ve indefenso y ha de recurrir a su fondo de armario misógino. Brigitte Macron no es la primera víctima de sus maniobra de depreciación del género femenino. Hace algo menos de un mes, durante un conversación telefónica en el Depacho Oval con el recién elegido primer ministro irlandés, Leo Varadkar, Trump interrumpió la conversación para humillar (lo que él llama 'piropear') a una periodista irlandesa que se encontraba cubriendo el momento.

"Tenemos aquí a un montón de prensa irlandesa viéndonos", le comentó Trump a Presidente irlandés. "¿De dónde eres?", preguntó a Caitriona Perry, corresponsal del principal canal de televisión irlandés, RTE. "Venga, ven aquí, ven aquí", sugirió a la periodista. En cuanto ella obedece, él vuelve a dirigirse a Varadkar para decirle: "Tenemos aquí una bella periodista irlandesa. Tiene una sonrisa preciosa, seguro que te trata bien". Su insistencia en convertir a las mujeres en objeto debería ser objeto de revisión por parte de su equipo diplomático. No insulta a la Primera Dama francesa o a la periodista irlandesa, nos insulta a todas.

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