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¿Por qué ganan más oros pero menos dinero?

Sin derechos de imagen, con salarios precarios y "cláusulas de embarazo", el espectacular triunfo de Garbiñe Muguruza no debería hacernos olvidar que la mayoría de las estrellas del deporte femenino sufren agravio comparativo en el trato mediático y económico.

Tras ganar el partido de su vida en Wimbledon, a Garbiñe le preguntaron si tenía con quién ir al baile.
Tras ganar el partido de su vida en Wimbledon, a Garbiñe le preguntaron si tenía con quién ir al baile. d. r.

Garbiñe Muguruza se coronó campeona en Wimbledon el 15 de julio frente a la mítica Venus Williams. ¿Su premio? Dos millones y medio de euros. La misma cifra que Roger Federer. Y sin embargo... en cuestión económica, el tenis es la excepción que confirma la regla en un panorama desolador.

Además...

Wimbledon no ofreció el mismo premio a hombres y mujeres hasta 2007 y hoy, entre los 100 deportistas mejor pagados del mundo solo hay dos mujeres: la primera, Serena Williams, aparece en el número 40 de la lista Forbes.

Los cuatro Grand Slam (los únicos que respetan la igualdad de salarios) son el símbolo que hace más visible la brecha persistente en el resto de citas tenísticas. El año pasado el director del torneo Masters 1000 Indian Wells, Raymond Moore, dijo en una entrevista: "Si yo fuera una tenista, me arrodillaría cada noche y daría gracias a Dios por Roger Federer y Rafa Nadal. Ellos son quienes han llevado el peso de este deporte. En mi próxima vida quiero ser parte de la WTA (la Asociación Femenina de Tenis mundial) porque se aprovechan del éxito de los hombres". El serbio Novak Djokovic, número uno en los últimos años, también está de acuerdo en la discriminación: "Las estadísticas muestran que hay muchos más espectadores en los partidos de hombres. ¿Por qué no deberíamos ganar más nosotros?".

Pero, ¿cuánto vale -económicamente- la gloria deportiva? La selección española femenina de baloncesto lleva desde 2013 sumando hitos. En junio se convirtieron en campeonas de Europa, un oro que se suma a la plata de los Juegos de Río y a 10 medallas en 14 años, una hazaña con poca competencia en el mundo del baloncesto.

Anna Cruz es una de las estrellas de nuestra selección y campeona de la liga profesional norteamericana de baloncesto femenino (WNBA). La diferencia de salario entre los 40.000 dolares que cobró Cruz por cuatro meses y los 15 millones que se embolsa Gasol cada año es abismal.

De hecho, ocho de las 12 jugadoras de la selección de baloncesto militan en equipos de Estados Unidos, Rusia, Italia y la República Checa, donde el salario de una jugadora puede equivaler a todo el presupuesto para fichajes del Perfumerías Avenida de Salamanca, campeón de la liga española en los tres últimos años.

La selección de baloncesto, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río, y recientes ganadoras de la Copa de Europa.
La selección de baloncesto, medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río, y recientes ganadoras de la Copa de Europa.

Oportunidades perdidas

Lo mismo ocurre con el resto de las modalidades deportivas. Andrea Gómez, de 14 años, ya habla sobre su futuro con mucha claridad. "Quiero vivir del fútbol y sé que para eso tendré que irme a Estados Unidos o a Francia". Gómez, que lleva jugando desde los cinco años, es lo que en el balompié se conoce como un diamante en bruto. Este año, su equipo, el AEM Lleida, formado solo por chicas, ha arrasado en la Segunda División Infantil de Cataluña frente a rivales masculinos. Andrea, con 47 goles, ha sido la pichichi del torneo. Si fuera chico, los ojeadores de los grandes clubes ya se habrían fijado en ella. Gómez, sin embargo, sabe que en España no tiene futuro. "Aquí se debería dar más valor a las mujeres. Hay demasiadas diferencias", opina.

En España, el fútbol femenino no se considera profesional y los clubes de fútbol no tienen la obligación de contratar a las jugadoras como tales. Muchas ni siquiera cotizan. En cuestión de cifras, una estrella de la Primera División Femenina gana, como mucho, 2.000 ¬ al mes (lo normal es entre 400 y 700). Una disparidad que se acentúa con el pago de primas. Las jugadoras del Atlético de Madrid, vigentes campeonas de la Liga Iberdrola, la máxima categoría, recibieron 54 euros extra por ganar el título. Ese mismo fin de semana, el Real Madrid recompensó a todos sus jugadores con una prima de 300.000 euros -por cabeza- por la liga.

Varias de las mejores futbolistas españolas se han marchado a ligas extranjeras -la americana, la sueca, la alemana o la inglesa-, donde la situación de las jugadoras es radicalmente diferente. Es el caso de Vero Boquete, hoy en el Paris Saint-Germain, que obtuvo el premio a mejor jugadora de la liga americana; o de Laura del Río, que ha denunciado que sus críticas hacia la actitud de la Federación Española de Fútbol le han costado no volver a ser convocada para la selección.

La distancia se agiganta con las ganancias por derechos de imagen ya que las jugadoras, sencillamente, no tienen esos derechos. Las noticias hablan de las piernas de Muguruza o la sonrisa de Mireia Belmonte, sexualizando a deportistas y restando atención a sus logros, pero a la hora de cobrar... son ellos los que se llevan salarios millonarios.

"Las deportistas no tenemos dinero porque no tenemos visibilidad, y no tenemos visibilidad porque está acotada al deporte masculino -reclama Mar Mas, presidenta de la Asociación Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP), que lucha contra esta desigualdad en España, donde, en casi 70 modalidades, ocho de cada 10 federados son hombres y no existen ligas profesionales femeninas-. Como el deporte femenino no está profesionalizado, no hay contratos ni salarios. Y si los hay, son ridículos".

La letra de la ley

El quid de la cuestión está en la ley [Real Decreto 1006/1985] que deja la regulación de los derechos de imagen al convenio colectivo o al contrato profesional. "Como la inmensa mayoría no tiene contrato ni convenio, no hay nada que negociar -explica María José López González, especialista en Derecho Deportivo, y miembro de la Comisión Jurídica del Comité Olímpico Español (COE)-. De hecho, al vincularse con las federaciones lo ceden todo. Y eso es algo que hay que cambiar".

Mientras tanto, en el ambiente olímpico se respira igualdad. El reparto de las becas olímpicas ADO, por ejemplo, obedece a criterios meramente deportivos. Los premios que se obtienen al subir a un podio en unos Juegos tampoco hacen distinción de género: 94.000 euros, el oro; 48.000, la plata; y 30.000, el bronce. Además, en Tokio 2020 se incluirán relevos mixtos en natación, competiciones mixtas en judo y en tiro con arco, y aumentarán las pruebas femeninas en boxeo, un salto que se traducirá en los Juegos con mayor participación de mujeres de la Historia (48,1%).

Estos vientos favorables, sin embargo, no mueven hojas cerca de casa. La abogada López González asistió a una reunión en la que el COE expuso la urgencia de reformar la Ley del Deporte para que las deportistas salgan del limbo legal. "Ni siquiera hay un borrador sobre la mesa -admite-. Mientras, los hombres tienen vacaciones, permiso de paternidad y prestaciones por incapacidad o por lesiones; las mujeres no tienen nada". Tener contrato, en todo caso, tampoco es una garantía. López González denuncia la llamada "cláusula embarazo", que permite al club romper su vínculo con la jugadora si va a ser madre. Una realidad que, asegura Mar Mas, las deportistas no se atreven a denunciar.

El País Vasco ha sido pionero en seguir pagando becas a las deportistas de alto nivel durante la gestación y tras el nacimiento. "Antes, el embarazo se consideraba como una lesión y no se pagaba a la deportista", cuenta Dorleta Ugalde, responsable técnica de Igualdad en el Deporte del Gobierno Vasco. A las mujeres se las menciona solo en el 5% de las noticias deportivas, según un estudio del Gobierno Vasco (y ese porcentaje incluye a las novias y esposas de deportistas).

Medios y medias

Aunque las españolas superaran en resultados a los varones en las Olimpiadas de Londres (11 de las 17 medallas) y en los de Río (nueve de 17), ellas siguen siendo "las chicas" en los medios de comunicación, mientras que a ellos se les cita con nombre y apellido. "Y hasta se ha echado novio", titulaban en un diario nacional sobre la campeona de bádminton Carolina Marín, en 2015.

Hay grandes clubes que ni siquiera tienen plantillas femeninas, como el Real Madrid (aunque en Estados Unidos se considera el fútbol un deporte sobre todo femenino). Pero... ¿qué es lo femenino y lo masculino? Hacia el final de la pubertad, la mitad de las niñas abandonan deporte. "Si dejas que las cosas sigan como están, pensando que en algún momento las mujeres van a incorporarse, nada cambiará. Hay que intervenir", dice Ugalde.


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