mujerHoy

vivir

Sofía Coppola: "Cuando vienes de una familia famosa, la gente tiende a infravalorarte"

Pertenece a la aristocracia del cine y es la segunad mujer que logra el premio a la mejor dirección en el Festival de Cannes. La culpa la tiene La seducción, un retrato intimista de maestras y alumnas aisladas durante la Guerra Civil Americana, que despiertan al deseo cuando un soldado herido aparece en su puerta. Seria, melancólica, elegante, sutil... Hablamos con ella en exclusiva.

Sofía Coppola en París Fashion Week.
Sofía Coppola en París Fashion Week. getty

Sigue teniendo ese aire entre melancólico y aristocrático que la ha acompañado siempre. Sentada en una suite de un elegante hotel de Londres, Sofia Coppola lleva el pelo suelto en su característica media melena, apenas se aprecia maquillaje en su rostro y viste pantalones oscuros y camisa a rayas, como queriendo dejar claro, incluso a través de su sombrio estilismo que, a pesar de su apellido, ella no es una celebridad, sino una directora seria. Muy seria. "No me gusta demasiado analizar mis películas, pero estoy encantada de contestar a tus preguntas", dice antes de empezar.

Su gesto también es serio, aunque se esfuerza por sonreír de vez en cuando porque, ante todo, es amable y extremadamente educada. Sin embargo, cuando no le gusta una pregunta o prefiere esquivar un tema, economiza al máximo sus palabras. Puede que sea el mecanismo de defensa de quien, durante toda su carrera, ha tenido que luchar contra un par de estigmas: primero, dedicarse al cine; y segundo, ser la hija pequeña de Francis Ford Coppola, el director de, al menos, dos obras maestras: El padrino y Apocalypse Now.

A Sofia (y a su cine) la han acusado de superficial, vacua, privilegiada, snob... Incluso cuando lograba un éxito irrebatible, había quien prefería atribuirle el mérito a su padre. Y a pesar de todo, a sus 46 años, ha logrado trascender las críticas y el sexismo y se ha convertido en una cineasta de culto, con un estilo propio y algunos méritos incontestables, como ser una de las escasas cuatro mujeres de la historia en estar nominadas a un Oscar como mejor directora (Lina Wertmüller, en 1976; Jane Campion, en 1994; ella, en 2004; y Kathryn Bigelow, en 2010, la única ganadora).

Sofia no tuvo una infancia convencional. Nació en Nueva York, pero creció entre los viñedos de la bodega familiar en Napa, al norte de California. Sus padres nunca quisieron que sus tres hijos vivieran en el ambiente de Hollywood y ni siquiera tenían televisión en casa. A cambio, acompañaban a su padre en los rodajes y conocían a sus amigos intelectuales, como Akira Kurosawa. "En realidad, nunca quise hacer películas. Estudié Arte e hice muchas otras cosas antes de eso...", cuenta cuando le pregunto si en algún momento sintió la tentación de rebelarse contra el "negocio" familiar.

"Nunca quise hacer películas. Fui becaria de Chanel, estudié arte y diseñé ropa en Japón.

Dice que le interesaba la moda y, aprovechando las influencias de su padre, con 15 años trabajó como becaria en Chanel. Más tarde, decidió estudiar Bellas Artes, pero abandonó la universidad prematuramente para poner en marcha una línea de ropa en Japón. En esa época también era actriz ocasional. Había debutado siendo solo un bebé en la escena del bautizo de la primera entrega de El Padrino. Con 11 años, adoptó incluso un nombre artístico: Domino. "Lo elegí porque sonaba glamouroso", ha explicado.

Pero su carrera como actriz fue fugaz. Cuando Winona Ryder renunció a interpretar a la hija de Michael Corleone en la tercera parte de El Padrino, Coppola le cedió el papel a su hija. Su interpretación, algo insulsa y desganada, desató la ira de la crítica y de los fans de la saga. Ganó el Razzie (el anti-Oscar) a la peor interpretación secundaria y, aunque no soñaba con ser una estrella, ha reconocido que aquella virulenta campaña contra ella le dejó una huella profunda.

Sofía Coppola en California.
Sofía Coppola en California.

Dentro (y fuera) de la familia

Quizá por eso, Coppola fue buscando su sitio detrás de la cámara. Y no necesitó estudios formales porque "todo" lo había aprendido en casa. "Entonces no era consciente, porque la mía es la única familia que conozco, pero obviamente tuve mucha suerte de haber recibido esa educación cinematográfica", dice.

Dirigió su primer corto (Lick the star) en 1998 y un año después estrenó Las vírgenes suicidas. En aquella película se hizo patente que tenía un estilo propio y que había sabido captar la sensibilidad adolescente. Así que, de la noche a la mañana, se convirtió en una directora-autora. Su siguiente película, Lost in translation, terminó de consagrarla. Hablaba de la soledad y de la insólita relación entre un actor en plena crisis existencial y una veinteañera aburrida de esperar a su marido en un hotel de Tokio.

Además de su nominación a la mejor dirección, Sofia se llevó el Oscar al mejor guión original con esta historia inspirada en su fallido matrimonio con el cineasta Spike Jonze. Desde entonces, ha explorado la opulencia versallesca en María Antonieta; el aislamiento de la celebridad y el éxito en la intimista Somewhere; y la fascinación por el consumismo y la fama en The Bling Ring, sobre la historia real de unos adolescentes de Los Ángeles que asaltaban mansiones de famosos.

Le pregunto si, en algún momento, ser una Coppola ha sido una losa para ella. "Todo tiene sus pros y sus contras. Tengo mucha suerte de haber recibido esa educación, pero también he tenido que trabajar más duro que los demás para probar que valía. Cuando vienes de una familia famosa, la gente tiende a infravalorarte".

Muy personal:

  • Es prima de los actores Nicolas Cage (cuyo nombre reak es Nicolás Coppola) y Jason Schwartzman.
  • Su hermano mayor, Gian-Carlo, falleció en un trágico accidente mientras navegaba en una lancha motora. Tenía 22 años.
  • Después de su divorcio de Spike Jonze, en 2003, vivió un breve romance con su viejo amigo Quentin Tarantino.
  • En 2011, se casó con el músico Thomas Mars. Son padres de dos niñas: Romy, de 11 años, y Cosima, de siete.
  • Su amigo, el diseñador Marc Jacobs, creó un bolso en su honor: el discreto y elegante Sofía bag.

Sin etiquetas

Para Coppola la libertad creativa es la piedra filosofal. Por eso, su territorio sigue siendo el cine independiente. Y por eso, después de comprometerse a dirigir la versión cinematográfica de La sirenita, abandonó el proyecto inesperadamente después de un año entero de trabajo. "Prefiero hacer las cosas a una escala más pequeña en la que pueda tener el control creativo sobre cada elemento. Cuando hay más presupuesto, el dinero se convierte en la prioridad absoluta", explica sobre aquella decisión.

Sin embargo, eso también le ha permitido emprender proyectos poco convencionales para una cineasta como ella, como dirigir La Traviata en la Ópera de Roma. Ahora, Coppola vuelve a explorar los misterios del universo femenino en La seducción (estreno, 18 de agosto). Basada en la novela de Thomas P. Cullinan, la cinta es un remake de la película de Don Siegel que Clint Eastwood protagonizó en los 70. Y eso ya es una rareza.

"No tenía el control de "La sirenita" y por eso abandoné el proyecto. El dinero lo era todo"

En casa de los Coppola, remake siempre había sido una palabra maldita. "Es cierto, pero sentí que podía hacer una película diferente. De hecho, traté de olvidarme de la cinta original. Es un enfoque muy distinto porque cuenta la historia desde la perspectiva de los personajes femeninos". Esos personajes son la directora (Nicole Kidman), la profesora (Kirsten Dunst) y las cuatro alumnas (Elle Fanning, entre ellas) de un internado de señoritas que, desde que estalló la Guerra de Secesión en EE UU., viven aisladas del mundo y encerradas en una mansión colonial.

Él (Colin Farrell) es un soldado del bando enemigo, herido y rescatado por una de las niñas cuando yacía moribundo en mitad del bosque. Su llegada revolucionará la casa. A través de estos personajes, Coppola explora las dinámicas de poder entre hombres y mujeres, la represión femenina, el aislamiento, los celos...

¿Es una película feminista?, le pregunto. "No me gusta utilizar esa etiqueta porque me parece que la han convertido en una expresión corporativa que se utiliza para mercantilizarlo todo. Pero si se entiende el feminismo como la igualdad de fuerzas entre sexos, puede que sí lo sea". La primera mitad de La seducción muestra cómo el hombre despierta unas sexualidades adormecidas o reprimidas con el fin de favorecer sus propios intereses.

Desde luego, la película rompe varios esquemas, aunque solo sea porque, por una vez, el objeto de deseo es él. Esos planos cortos de su torso, sus brazos, su rostro al afeitarse... "Sí, eso fue divertido", dice Coppola con una sonrisa. Para encontrar al soldado perfecto, de hecho, preguntó a sus amigos qué actor les parecía carismático y sexy, y Farrell salió vencedor. Pero su sex appeal no fue lo único agradable del proyecto.

El rodaje en Nueva Orleans, dicen, fue algo gamberro: Farrell posó para un calendario sexy (de consumo interno, eso sí) y Dunst y Fanning protagonizaron un vídeo parodiando el recato femenino del siglo XIX. "En los rodajes de mi padre existe un gran ambiente porque siempre trabaja con la misma gente. Es como su familia. Es algo que he aprendido de él", dice. Y, en efecto, en La seducción, la directora fichó a Elle Fanning, con la que ya había trabajado en Somewhere, y a Kirsten Dunst, casi una hermana pequeña desde que la dirigió en Las vírgenes suicidas y María Antonieta.

También escribió el personaje de la directora pensando en Nicole Kidman. En el último festival de Cannes, gracias a esta película, Sofia Coppola ganó el premio a la mejor dirección, convirtiéndose en la segunda mujer en lograrlo en 70 años de certamen. "No lo sabía y me sorprendió mucho", dice sobre la enésima evidencia de que el negocio del cine aún tiene muchas cuentas que saldar con las mujeres.

Pero no quiere entrar en diagnósticos ni tratamientos. "Tendrías que hablar con los estudios y sus ejecutivos, yo no soy quién para hablar de eso. Yo solo soy una directora...". Insisto. Es un tema importante y al fin y al cabo, ella es una de las pocas directoras de éxito del cine contemporáneo. ¿Ha tenido que pelear mucho para hacerse un hueco? "Creo que todos los directores independientes tienen que luchar para sacar adelante sus películas. Más aún si quieres contar historias sobre mujeres", dice.

La perseverancia, dice, es su mejor virtud. "Soy muy testaruda y eso es importante en un director, porque tienes que luchar mucho para que tu visión prevalezca". Todos los cineastas tienen una reputación, le digo. ¿Es ella consciente de la suya? "No leo lo que se dice sobre mí", contesta, dejando claro que la pregunta no le hace gracia.

Le recuerdo que, en una ocasión, Bill Murray la describió como el "martillo de terciopelo", que siempre conseguía lo que quería, pero sin perder la elegancia ni las formas. La descripción le arranca una sonrisa: "Me gusta que encontrara ese apodo para mí. Es amable y divertido". También la define bien: Sofia Coppola, la dama de hierro y terciopelo del cine independiente.


Horóscopo