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A ciegas

Edurne Uriarte

Me acordé del experimento de los violines cuando leí hace unos días que solo hay una mujer entre los 10 presentadores mejor pagados de la BBC, la cadena pública británica, forzada a hacer públicos sus salarios.

Porque tengo la impresión de que este es un caso más de minusvaloración de las mujeres por el simple hecho de serlo, no por sus resultados. Como se demostró en el experimento de las pruebas de selección de violinistas para una orquesta, cuando se comprobó el enorme aumento de mujeres seleccionadas si los candidatos tocaban detrás de una cortina y la tendencia a elegir masivamente a los hombres si el tribunal veía el sexo de los aspirantes. Nos ha pasao y nos pasa a muchas mujeres en algunas actividades.

En periodismo, por ejemplo, bastantes tienden a pensar que aquello que dice o escribe un hombre es más importante o más interesante que lo que escribe una mujer. Porque le atribuyen más autoridad intelectual a él que a ella, y no porque haya diferencias de logros y currículum, sino por el simple hecho de ser hombre y ser identificado como tal con la autoridad, la primacía, el triunfo y el poder. Lo que tiene también consecuencias en los propios salarios, como ocurre en la BBC.

Me atrevo a apostar que en ese caso no hay correspondencia entre las diferencias de salarios y las diferencias de audiencias de cada uno. Como no la hay, por ejemplo, entre las estrellas de cine, y, sin embargo, ellos siguen estando mejor que ellas. No siempre es así, por supuesto. Algunos deportes como el fútbol muestran que las diferencias de salario están justificadas en ocasiones y que las generalizaciones son peligrosas.

Si el fútbol masculino tiene un seguimiento inmensamente mayor que el femenino y sus ingresos publicitarios están igualmente a años luzm es inevitabñe la diferencia de ganancias entre ellos y ellas. Pero en otras muchas actividades ocurre lo del efecto cortina: si hay cortina, jugamos con igualdad de oportunidades; sin cortina, tenemos todas las de perder. Por eso me parece interesante la prueba piloto del currículum ciego que acaba de lanzar el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Un proyecto voluntario que la ministra Dolors Montserrat ha impulsado con 78 empresas para hacer procesos de selección con currículum ciego. Es decir, con cortina para que no se pueda ver hasta el final si los candidatos son hombres o mujeres. Por supuesto que hay actividades en las que puede ser relevante conocer el sexo y también que debe respetarse la libertad de contratación de los empresarios.

Pero es igualmente cierto que las propias empresas están lastradas por la tendencia de sus seleccionadores a minusvalorar a las candidatas y que serán beneficiadas si hacen lo que muchas orquestas del mundo, apostar por la prueba de la cortina.


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