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La estilista de la Reina

Cristina Morató

Hay una nueva generación de princesas y reinas que se han convertido en iconos de moda...

Me asombra desde hace tiempo el enorme interés que despierta el vestuario de la reina Letizia. Ojeando la prensa, llama la atención el despliegue informativo en torno a los looks que ha lucido en su reciente visita de Estado a Londres. Han sido solo tres días, pero sus vestidos, sus joyas y sus peinados han ocupado páginas enteras no solo en la prensa rosa. Desde su llegada al trono, la imagen de la reina es analizada con lupa en todos los medios. Hay infinidad de blogs que comentan sus conjuntos y accesorios.

Ahora no son las modelos las que marcan tendencia, sino una nueva generación de princesas y reinas que se han convertido en iconos de moda. Acaparan más flashes que las estrellas de cine y en cada aparición se exponen al estricto criterio de los expertos en moda. Desde Letizia a Kate Middleton o Victoria de Suecia, todas cuentan en su equipo con un asesor de imagen o estilista de confianza. Y no es algo nuevo, ya en el pasado la relación de las reinas europeas con el mundo de la moda fue muy estrecha.

Poco después de su llegada al trono en 1774, María Antonieta conoció a una modista llamada Rose Bertin, a la que contrató como su costurera oficial. Tenía 29 años y acababa de llegar a París dispuesta a triunfar. Su fulgurante carrera resultó extraordinaria. Durante más de dos décadas diseñó para la jovencísima y caprichosa reina de Francia infinidad de modelos que rompieron esquemas y sentaron la base de la alta costura. Fue la primera estilista de la historia y su poder fue tal que llegó a ser reconocida como "la ministra de la moda" , lo que provocó todo clase de envidias en la corte.

Su creatividad y capacidad de adaptaciónfueron sus mejores armas. Diseñó a la soberana desde sus looks más atrevidos y sofisticados hasta su vestuario más sencillo y de estilo pastoril. Tras su maternidad, Maria Antonieta pasaba cada vez más tiempo en su refugio del Pequeño Trianon, un palacete donde llevaba una tranquila vida campestre. Rose cambió los corsés y miriñaques por vaporosos vestidos de muselina. También sustituyó sus extravagantes tocados de plumas, cintas y perlas por sombreros de paja.

La estilista tenía libre acceso a la reina y a su gabinete privado en el palacio de Versalles. Ambas se reunían dos veces por semana para probar modelos y elegir los tejidos más caros y lujosos. Los gastos se dispararon y Rose ganó una fortuna. La época de Maria Antonieta estuvo marcada por una auténtica pasión por la moda. Las damas de Versalles y París competían para lucir sus vestidos e imitaban sus extravagantes peinados.

Todo suena muy actual porque muchos de los conjuntos que lleva Letizia en sus actos oficiales se agotan en las tiendas a los pocos días y hasta sus atrevidos cortes de pelo son imitados. En unas décadas, en Europa habrá más mujeres que hombres al frente de las casas reales. Esperemos que para entonces el papel de la reinas consorte haya evolucionado y sea más activo. Y que sean noticia no solo por el modelito que luzcan sino por su trabajo.


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