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Ana de Armas: "Mi punto fuerte es que no hay otra como yo"

Es el único rostro femenino del cartel de Blade Runner 2049. Una imagen que habla más que mil palabras sobre la que podría ser su nueva posición en Hollywood: entre Ryan Gosling y Harrison Ford. Ambiciosa, disciplinada, sensible y rigurosa, los rasgos físicos y personales de esta actriz hispano-cubana la convierten en alguien único en su especie. Una intérprete sin miedo al riesgo, que está a punto de empezar, con esta película, el resto de su carrera.

Ana de Armas lleva vestido de Loewe, chocker de Sansoeurs y anillos de Aristocrazy y Sansoeurs.
Ana de Armas lleva vestido de Loewe, chocker de Sansoeurs y anillos de Aristocrazy y Sansoeurs. rafa gallar

Nada en la planta 42 del Hotel Arts recuerda a la asfixiante y tenebrosa atmósfera de Blade Runner. Al otro lado del cristal el horizonte es transparente: el puerto Olímpico, el Mediterráneo, el cielo azul. Todo brilla y, a la vez, es demasiado siglo XX. Como un póster de Barcelona 92. El año de Cobi. El año en que se inauguró este hotel. El año del lujo que soñamos (y se esfumó).

El primer Blade Runner se estrenó en 1982 y fue un fracaso en taquilla por culpa de E.T., pero los años la convirtieron en un fenómeno de culto. La historia de los robots -idénticos a humanos- angustiados por su fecha de caducidad sucedía en un hipotético 2019, pero hemos llegado a 2017 y ni los coches vuelan ni los androides anhelan ser inmortales. Seguimos siendo los más listos y angustiados de la Tierra. Un breve alivio.

En la planta 42, la prensa internacional ha sido convocada para la presentación de las tres apuestas de Sony para esta temporada: Jumanji 2, la nueva de Spiderman y Blade Runner 2049. Tres secuelas que evidencian el miedo de la industria por sacar al mercado un producto sin una marca conocida. A los guionistas no les faltan ideas nuevas (pero se las llevan a la tele), y Hollywood confía en el horror vacui de las familias en domingo para sobrevivir. Sin embargo, Blade Runner 2049 llega a las pantallas el 6 de octubre buscando otro tipo de público: el que trae consigo el prestigio cinéfilo, la ciencia ficción filosófica, la nostalgia ochentera y, a la vez, el diagnóstico apocalíptico de las distopías, ese género (tan propicio en la era Trump) que nos avisa de que nuestro futuro puede convertirse en pesadilla.

Lo que sabemos sobre la trama de Blade Runner 2049 es muy poco. Nos consta que el protagonista de esta nueva historia es también un blade runner (un cazador de replicantes) llamado K e interpretado por Ryan Gosling; que en la película también aparece Harrison Ford (en su año de la repesca: ya que tras, haber pilotado el Halcón Milenario, acaba de anunciar que también volverá con Indiana Jones). Harrison Ford encarnará de nuevo al solitario y sentimental Rick Deckard, su viejo personaje, que lleva 30 años desaparecido y al que K tiene que encontrar porque, por algún motivo, es clave para la supervivencia de la humanidad.

El malo de la peli, el creador de replicantes, es Jared Leto (un papel para el que el director, el genial Denis Villeneuve, quería a David Bowie); y también sabemos que Joi, el personaje interpretado por la actriz cubano-española, es el love interest del protagonista. Lo explica Ana de Armas: "Joi es muy compleja, muy fuerte, pasional y muy real. Desde siempre ha sido muy importante en la vida de K. Es su amiga, su amante, su apoyo y quien le anima a hacer lo que tiene que hacer, ya sabes, eso de lo que no te puedo hablar". [Risas]. ¿Por qué esa insistencia en decir que Joi es real? ¿Es una replicante?, le lanzo. "Sabes que no te puedo contestar, aunque me encantaría". A sus 29 años, Ana de Armas forma parte de una película que, incluso decepcionando, será parte de la historia del cine. Además, es la primera mujer que aparece en el casting (por delante de Robin Wright) y la única en el cartel promocional.

Vestido de Paco Rabanne, body de Eres, sandalias de Christian Louboutin y anillos de Aristocrazy y Sansoeurs.
Vestido de Paco Rabanne, body de Eres, sandalias de Christian Louboutin y anillos de Aristocrazy y Sansoeurs.

Una cubana en Hollywood

¿Cómo lo ha logrado? Están los hechos, claro, la versión resumida: "Hice tres castings en muy pocos días. Mis agentes lograron ponerme allí, tras mucho insistir. Tuve química con Ryan. Les gusté". Eso es lo que cuenta durante la mesa redonda con varios medios extranjeros en la planta 44, con su vestido de Altuzarra rosa, su aire angelical, su melena californiana y su inglés casi sin acento. Pero cada vez repite con más insistencia la coletilla "you know" [sabes]. Así que, cuando abandona la sala una periodista británica dice con cierta exasperación: "Por Dios, ¿cuántas veces es capaz de repetir esta chica "you know"?". Y algunos le ríen la gracia. Flota en el aire una cierta displicencia. La están subestimando pero, ¿por qué? ¿Por joven, por cubana, por sincera, por mujer, por demasiado guapa?

Ana de Armas tiene 29 años, lleva apenas tres en Los Ángeles y ya ha conseguido ser elegida por la revista Variety como una de las 10 actrices jóvenes a tener en cuenta. Además tiene muy buenos agentes, comparte estilista con Meryl Streep y Lupita Nyong´o -Michaela Erlanger- y está en las fiestas y en los castings que importan. ¿Otros puntos a su favor? Lleva desde los 18 años alejada de su país, por lo que no arrastra lealtades incómodas (ni novios, ni familia, ni representantes), conserva la disciplina de la escuela artística cubana en la que se formó y tiene unos rasgos que encajan en el paradigma de la belleza actual: europea y latina a la vez, pero étnicamente ambigua, con unas pupilas enormes y un iris dorado que evoca las desproporciones del manga japonés. Incluso su historia personal es interesante, ya que es la única actriz nacida en la Cuba de Castro que ha llegado a trabajar en Hollywood. Ahora solo le falta... tomar las decisiones adecuadas. Y ella es consciente. No quiere dar un paso en falso.

Tras el intenso rodaje en Budapest (los cinco meses de Blade Runner 2049, en escenarios reales construidos para la película y sin un solo croma) lleva un tiempo de impás que le está poniendo nerviosa. "Rechazar las propuestas que me han ido llegando ha sido la decisión más difícil de mi vida. Asusta contestar: "No, no estoy trabajando en nada ahora mismo" cuando te preguntan por tus proyectos. Pero todavía no he encontrado un material que me convenza y no quiero comprometer mi carrera por las expectativas de otra gente". Eso lo decía en julio, cuando tuvimos la entrevista, pero hace unos días se publicaron las primeras fotos de la actriz en el rodaje de la adaptación del thriller sueco 'Tres segundos', donde comparte protagonismo con Rosamunde Pike (Perdida).

"Hollywood es un mercado competitivo y salvaje. Y, Los Ángeles, una ciudad surrealista y superficial donde todo el mundo lucha por lo mismo y se relaciona calculando qué le puede dar el otro. A veces es agotador y ha habido momentos en los que he pensado: "¿Qué tengo yo que no tengan las demás?"; o "¿cómo haría este papel una americana?". Pero he aprendido a no juzgarme. Y me he dado cuenta de que mi punto fuerte es, sencillamente, que no existe otra actriz ni otra persona como yo. Que mi versión es solo mía. Así que he procurado seguir siendo auténtica y no tener miedo a ofrecer mi propia visión del personaje".

A veces sus colegas españoles le piden consejo para cruzar el charco, pero ella, dice, nunca partió de un plan. "Lo que les digo es: haz lo que sea que desees hacer, pero hazlo. Porque otro país vendrá, otra cultura vendrá, otro amor vendrá... Pero nada pasará si no te mueves".

Vestido de Christian Dior, fajín de The 2nd Skin y anillos de Suarez, Aristocrazy y Sansoeurs.
Vestido de Christian Dior, fajín de The 2nd Skin y anillos de Suarez, Aristocrazy y Sansoeurs.

Permiso para equivocarse

Es una mujer de acción, "seguramente gracias a mis padres que, sin saberlo, ni darme grandes discursos, me han enseñado a no pedir permiso ni esperar la aprobación de nadie, ni siquiera la suya. Siempre confiaron en mi sentido común y me dejaron tomar mis propias decisiones. Me dieron espacio para equivocarme y pude elegir sin sentir los grilletes. Así que confío en mí misma y en mi intuición".

Durante su infancia, vivió los rigores del Periodo Especial (la profunda crisis económica y de abastecimiento que sufrió Cuba tras el colapso de la Unión Soviética): "Se iba la luz. Comíamos huevo frito, arroz y, alguna vez, pollito". Pero reconoce que su familia no ha tenido una mala situación, como alguna vez se ha dicho. "Mi padre ha trabajado en todo lo que te puedas imaginar, desde teniente de alcalde de un pueblo, a director de un banco, pasando por profesor, director de escuela... y mi madre siempre se ha dedicado a los recursos humanos. Son gente muy preparada y muy culta, pero poco habladores. Lo que te quieren decir te lo demuestran con hechos".

Ana tiene un hermano fotógrafo que ha estado viviendo también unos años en Los Ángeles y acaba de mudarse a Nueva York. "Le voy a echar de menos, pero allí están los mejores de su profesión y tenía que hacerlo si quería crecer". Adora a sus padres, pero cuando va a La Habana prefiere quedarse en casa de una amiga que tiene un bebé. "Soy su madrina". Al fin y al cabo, lleva toda la vida eligiendo estar donde quiere.

"En Cuba la formación teatral es muy rigurosa: aprendí de Lorca y a construir una silla".

Cuando tenía 14 años, se presentó a las pruebas de la Escuela Nacional de Teatro y prácticamente desde entonces ha tenido una vida independiente: "Mi formación fue muy rigurosa. Después de unas pruebas donde audicionaron a unos 600 niños de toda Cuba, solamente nos quedamos 12, y era inevitable tomártelo con seriedad. La educación era gratis, pero si no aprobabas un semestre te echaban. Ensayábamos nosotros solos, así que desde los 14 años aprendes lo que significa ser actor: un respeto, un horario, un trabajo en equipo, hacer tu propia escenografía, porque todo lo teníamos que traer de nuestras casas o construirlo con maderas, clavos y martillos. Aprendí de Lorca y a hacer una silla. Aquella escuela me hizo ser lo que soy como persona y como profesional".

Jugar el juego

A los 16 años protagonizó su primera película, 'Una rosa de Francia', de Manuel Gutiérrez Aragón; con 18 se vino a España y a la semana ya tenía un papel protagonista en la serie de adolescentes más importante de finales de los 2000, 'El internado', que generó todo un fenómeno de fans. Durante la sesión de fotos para Mujerhoy -maquillada, vestida de Loewe, transformada, e imponente, pero sin perder su aura de fragilidad-, le pregunto cuánto pesa la belleza en la carrera de una actriz. "Últimamente muchísimo, porque parece que todo se reduce a cuán bella eres, cuán bella sales en la foto o cuán bella estás en Instagram. Todo es apariencia...".

"Ser bella te sirve si quieres hacer una princesa Disney, pero no otro tipo de papeles".

"Cuando hacía teatro, el trabajo era tan artesanal y tan crudo, que eso era lo de menos . De hecho, la profesora siempre insistía: "Cuanto más fea, mejor. Llora, que se te salgan los mocos porque un personaje en tres dimensiones tiene que tener todos los colores y las caras posibles". A mí no me da miedo afearme, pero, curiosamente, durante estos años en Estados Unidos, en dos o tres películas me han acabado rechazando porque era demasiado guapa para el papel. Y me dolió mucho, porque eran proyectos increíbles en los que quería estar. Así que a veces ser bella te sirve si quieres hacer una princesa de Disney, pero si quieres otro tipo de papeles, no". Le insisto en que la belleza abre puertas. Y matiza. "Yo no digo que ser bella no te abra puertas, sino que a veces algunas no se abren".

Cuando en La Habana su escuela de teatro montó 'La casa de Bernarda Alba' ella fue, cómo no, Adela, la del vestido verde y las pasiones desbocadas; cuando un grupo de actores profesionales hizo un taller con Tomaz Pandur en Madrid para trabajar sobre Romeo y Julieta, Ana encarnó, a la protagonista. Y es que puede que la actriz no quiera jugar a las princesas, pero su rostro encarna la dulzura de las heroínas románticas. Y es difícil contradecir a tu propia cara.

La última prueba

Ya en Madrid, en la intimidad de un sofá, me cuenta que la muerte repentina de su maestro, el director esloveno Tomaz Pandur, a los 53 años, fue un duro golpe para ella: "Te voy a contar algo que no sabe nadie. Qué locura. [Empiezan a brotarle las lágrimas]. Me emociono. Mi última prueba para Blade Runner fue el día que murió Pandur. Yo tenía la audición a las dos de la tarde y una hora antes me llamaron de España para decirme: "Se murió Pandur". Yo me puse súper triste y pensé: "Coño, ahora, no me voy a poder concentrar".

"Cuando llegué estaban Ryan, Denis y la directora de casting. Nunca había estado tan nerviosa en una prueba, y Denis [Villeneuve] dijo: "Venga, vamos a empezar. Acción". Pero le paré: "¿Me das un segundo?". Y me fui a la esquina. Cerré los ojos y le dediqué la audición a Pandur. Y la verdad es que él y yo no nos conocíamos mucho, pero hicimos un taller increíble y conectamos enseguida. Tuvimos un amor de director-actriz maravilloso. Y me enseñó a no perder la frescura, a buscarla, que es algo muy difícil. Porque, a pesar de que sus montajes eran tan grandes, él siempre quería que lo hicieras todo muy pequeño". Gracias a esa prueba, consiguió el papel. Es la misma escena que aparece en el tráiler, donde le dice a K: "Siempre supe que eras especial". En la audición, la actriz no sabía nada del pasado de su personaje ni de su identidad. Pero fue Joi.

"Con 16 años me enamoraba en los rodajes, ahora vivo una intensidad controlada".

Hace años, dijo en Vanity Fair que siempre se enamoraba en los rodajes. Le pregunto si ya lo ha superado. Y antes de contestar se ríe. Se ríe mucho. Ella sabrá por qué. "Con el tiempo, te das cuenta de que lo que pasa en el set no es real. Cuando era jovencita me enamoraba de todos, pero ya no tengo 16 años. Ahora ya sé que es un trabajo, una burbuja que dura, tres o cinco meses a lo sumo y cuando se termina vuelves a tu mundo real y a los afectos de siempre. Ahora puedo vivir con una intensidad controlada, pero obviamente trabajamos con emociones y si te dejas llevar...".

Además, ¿quién no amaría a Ryan Gosling?, pregunto. "Claro: ¿quién no amaría a Ryan Gosling? [Risas]. Es un regalo de hombre. Cuando, en los últimos Oscar, Emma Stone empezó a hablar de Ryan en su discurso de agradecimiento, no podía dejar de pensar: "Estoy completamente de acuerdo contigo, Emma. ¿Por qué no nos reunimos tú y yo para hablar sobre Ryan?". Es un caballero, un hombre de familia, y tiene un sentido del humor infatigable. Durante los cinco meses de rodaje, no le importaba la hora, ni lo cansados que estábamos, ni trabajar seis días en vez de cinco. No hubo ni un solo día de rodaje en que no nos riéramos juntos". ¿Y le cantaba como en La la land? "No, pero yo le bailaba a él".


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