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Experta en caza y pesca

Miss Dramas

Andaba yo en una etapa budista de la vida. De esas en las que uno piensa que no hay que esperar nada, porque así todo lo que venga será un regalo, Buda dixit.

Pues purificada iba por la vida con mis ideas de desapego y apertura al universo, cuando una amiga me cuenta (y me presenta) a su última adquisición sentimental. Chico de buen ver. Cirujano de profesión. Bien mandado, mejor educado. Simpático, guapo. Un mirlo blanco que andaba suelto en Tinder. Sí, en Tinder. Lo ha conocido en Tinder al tercer intento. EL TERCERO.

No doy crédito, yo que soy una veterana. Y es ahí donde se me desmonta el espíritu budista y vuelvo a esperar cosas de la vida, concretamente ejemplares masculinos que estén a la altura de las circunstancias.

Mi amiga y su nueva adquisición fantasean ante el resto de la humanidad con que se han conocido en un parque paseando a sus respectivos perros, que en un momento dado se encontraron, se convirtieron en inseparables y obligaron a sus dueños a hacer lo mismo. Cuando la gente los mira enternecida, sueltan la carcajada y dicen la verdad. Fueron un vulgar match de Tinder y no se lo pueden creer. Normal, es un auténtico milagro.

Entonces se dedican a fardar de haber construido una relación con futuro -FUTURO- a partir de un perfil de Tinder. Porque ya os informo de una nueva tendencia: fardar de éxito en Tinder. Un éxito que no viene marcado por la cantidad, eso no tiene mérito, sino por la calidad.

El éxito en Tinder confiere un halo de superioridad moral que permite convertirse en asesor del resto de la humanidad. En consecuencia, mi amiga ha tomado el control de mi Tinder por una semana y me ha prometido que se encargará de hacer la criba, el corte primario, para que yo pueda actuar de modo quirúrgico con el trabajo sucio ya terminado. Ella no cree que su éxito se deba a la suerte, al azar que la ha favorecido, sino a su innata habilidad de manejarse en Instagram... no como otras.

Sostiene que hay que tener ojo clínico y ser despiadada. Le he contado que un par de veces no he encontrado nada potable a 5 km a la redonda, y no se lo cree. Me dice que algo habré dejado pasar. Algún tesoro escondido tras una gafas de espejo azul. Ella sabe que no sería capaz de apreciar ni a un Fassbender si se pone esas gafas de sol. Mi nueva consejera también ha cambiado mi foto de perfil y ha retocado al texto que me presenta. La idea es hacerme ver como una diosa inaccesible, dice. Como un mirlo blanco.

Moraleja

La vida da segundas oportunidades.

Cosas que hacer

Diseñar una tarjeta de presentación para el nuevo perfil de mi amiga: "Experta en caza y pesca. He encontrado novio en Tinder".

Ilustración: Maite Niebla.


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