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Dime con quién vas...

Cuando eliges un amigo, escoges a alguien con quien poder ser más tú mismo...

Ilustración de dos amigas.
Ilustración de dos amigas. maite niebla

A menudo, comparo a los adolescentes con piezzas sueltas de un puzzle. Piezas que se afanan por encontrar el lugar exacto al que pertenecen, aquel hueco en el que encajan, el panorama que completan y que no tendría sentido sin ellos. El mundo ha llegado hasta aquí ignorándoles, pero de pronto no soportan formar parte de él.

A menudo, los padres olvidamos que para nuestros hijos somos una compañía opuesta. La familia, lejos de ser un paraíso de felicidad, es a menudo una cárcel. Irremediablemente compartimos cosas con esa gente que nos tocó en suerte, pero también presentamos importarles diferencias. Nos esforzamos, además, en dejarlas claras, en que se noten.

La adolescencia es el momento en que esas diferencias comienzan a resultar evidentes y, a veces, molestas. Por eso, creo, es un momento fundamental para forjar amistades. Los amigos son personas a quienes tenemos cerca por propia voluntad. Los elegimos y ellos nos eligen. En lo bueno se parece al amor, pero se ahorra la parte mala: los amigos no exigen exclusividad ni dedicación absolutas, no suelen tener celos, no esperan que te lleves bien con su madre. Afortunado quien tiene un amigo.

Me interesa observar cómo los amigos aparecen en las vidas de mis hijos. Cómo son, qué cosas dicen, de qué se ríen, de qué forma su presencia altera las cosas, ni que sea una mínima parte. pienso que, cuando eliges un amigo, escoges a alguien con quien poder ser tú mismo. Es la parte de ti mismo que no puedes ser con nadie más. La vida, poco a poco, te va acercando a las personas que te son afines. La amistad es su modo de hacerlo. Cada vez que uno de mis hijos me presenta a un amigo recuerdo a Cicerón y sonrío: "Quien contempla a un verdadero amigo contempla un retrato de sí mismo". El refranero popular lo dijo con otras palabras: "Dime con quién vas y te diré quién eres".


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