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Una Barbie con velo

Jamás jugué con barbies de niña, tampoco con otras muñecas, porque solo me gustaban los juguetes de los niños...

La muñeca inspirada en la esgrimista estadounidense Ibtihaj Muhammad.
La muñeca inspirada en la esgrimista estadounidense Ibtihaj Muhammad. d.r.

Jamás jugué con barbies de niña, tampoco con otras muñecas, porque solo me gustaban los juguetes de los niños, pero si algún día tengo una nieta y quiere una, se le regalaré encantada. Cualquiera menos una, la nueva Barbie con velo. E imagino que igualmente se negarán millones de madres y abuelas en el mundo, incluidas muchísimas musulmanas. Todas aquellas que interpretan el velo como lo que es, un símbolo de discriminación de las mujeres, obligatorio en algunas dictaduras del mundo, donde incluso te pueden detener si no lo llevas, pero que no lo es para los hombres, tan solo para las mujeres.

Un símbolo de opresión y de sumisión, dijo del velo la gran socióloga marroquí Fatema Mernissi; la concepción de las mujeres como criaturas sexuales cuyo pelo y cuerpo incitan al deseo y desorden en los espacios públicos, han escrito periodistas, escritoras y activistas musulmanas como Yasmin Alibhai, Hasra Q. Nomani y Hala Arafa. Todas asombradas, como yo, de que el primer feminismo musulmán fuera claramente crítico del velo y de que algunas corrientes feministas lo vean ahora como mero símbolo cultural sin connotaciones discriminatorias.

Así lo describía un cartel con el que me encontré hace unos meses en mi universidad: 'Es mi pañuelo y lo llevo como quiero', decía, junto a las fotografías de dos chicos y de dos chicas adornados con diferentes formas de pañuelos. Me asombró su manipulación, su ignorancia deliberada de que los hombres no están obligados a llevarlo, de que no son considerados objetos sexuales conminados a esconder su pelo para no provocar a las mujeres.

Cuando pienso en la enorme y justificada gravedad que otorgamos a esas ideas de que una mujer con minifalda es una provocadora, aún me sorprendo más de la ausencia de críticas a esta muñeca. Incluso de que tal muñeca sea posible en sociedades donde la mera expresión de que las mujeres deben volver al hogar, por ejemplo, como proclamó hace poco un eurodiputado extremista, puede dar lugar a una sanción. Pero nada ocurre cuando se expresa la conveniencia de que ellas se oculten para no provocar a los hombres. En parte porque hay muchas mujeres avanzadas en campos diversos que lo llevan, como la esgrimista olímpica que ha inspirado estéticamente esta Barbie, la estadounidense Ibtihaj Muhammad, la primera esgrimista en competir con velo, un dudoso honor que la ha convertido en la cara de la nueva muñeca.

Hay un fondo político en estas contradicciones, el confl icto entre algunas posiciones occidentales y otras musulmanas, pero creo que hay algo más, una herencia de viejos puritanismos que también es fuerte en nuestras sociedades y que nos afecta a las propias mujeres. Nos peleamos por el derecho a la minifalda, pero algunas aún añoran a la tapada, asexuada y decente esgrimista velada.


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