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Kate Winslet: "Me gusta actuar más que nunca"

Acaba de cumplir 42 años y dice que no cambiaría por nada la experiencia y la lucidez que le ha dado la vida. Casada por tercera vez y madre de tres hijos, celebra los 20 años de Titanic y su primer papel a las órdenes de Woody Allen, que le ha regalado otro de los grandes personajes de su carrera.

La actriz Kate Winslet.
La actriz Kate Winslet. Instagram Kate winslet

La libertad de elegir. Eso es lo que hace a Kate Winslet sentirse afortunada por encima de todo. “Así es la verdadera belleza a los 40, tiene que ver con la profundidad y la experiencia, y yo me siento bendecida por tenerla”. Esa libertad es lo que ha configurado su carrera, su vida personal, su físico, sus opiniones y sus elecciones profesionales.

Ha sido libre y... no se ha equivocado. Por ejemplo, su último papel, en la tragicomedia de Woody Allen, Wonder Wheel, ha recibido aplausos unánimes, gracias a su interpretación de una de esas mujeres insatisfechas, narcisistas y sensuales, en la estirpe de las heroínas rotas de Tenessee Williams.

Tras un complicado rodaje, en el que el Allen utilizó su método habitual (esperar que los actores se dirijan a sí mismos y no le den la lata), Winslet se deshizo en elogios con el director. Una lealtad que ha levantado más de una ceja en plena batalla tras el caso Weinstein.

Porque, aunque siempre ha rechazado “el circo de Hollywood”, la actriz nunca ha dejado de hacer lo que le ha parecido oportuno y es una mujer con muchos amigos en el medio. A los 19 años, en el rodaje de Sentido y sensibilidad, conoció a Emma Thompson y desde entonces son inseparables. Emma le enseñó a liar cigarrillos, le hizo de celestina con el director Sam Mendes y, años después, le prestó el hombro para llorar cuando se divorció. “Es la más valiente entre las valientes –ha dicho Emma de ella–. No puedo imaginarme cómo hubiera estado yo en su lugar, con 19 años e interpretando un papel tan importante. Kate es enérgica y abierta, realista, inteligente y muy divertida.”

Leonardo Di Caprio también es uno de sus íntimos desde que coincidieron en Titanic, la famosa y lucrativa superproducción de la que ahora se cumplen 20 años: “Su guión siempre está plagado de notas con marcas de distintos colores. Es insaciable con la información y trabaja sus personajes como un sabueso ante la escena de un crimen”. Por su parte, Susan Hegarty, que ha trabajado con ella como “coach” para conseguir el acento americano, la defi ne como “un talento natural. Empezó muy joven y no se formado en ninguna escuela, pero sigue sus impulsos y siempre acierta”.

Nunca fui como suponía que debía ser. Se metían con mi cuerpo. Ahora llevo 12 años sin pesarme".

Kate Winslet

Hoy, con 42 años, es una estrella indiscutible. “Para mí nunca se trató de ser famosa o de ser la mejor”, ha asegurado en más de una ocasión. Por eso, ha utilizado su fama para hacer sentir a otras mujeres “poderosas y orgullosas de sus propios cuerpos”. Y para decirles que envejecer es algo natural. Ella es la única actriz de su edad que lleva haciendo papeles de madre desde la veintena y nunca ha rehuido avejentarse. De hecho, en multitud de ocasiones ha criticado el bótox y la cirugía estética, y ha pedido a anunciantes y revistas que no retoquen sus arrugas bajo ningún concepto. En 2003, desautorizó unas fotos publicadas por la revista GQ, retocadas para hacerla parecer más delgada. Y en 2007 ganó una demanda contra Grazia por afirmar que seguía un régimen con un dietista.

Sus propias armas

Esa presión por el peso es algo contra lo que Kate siempre ha luchado. La prensa sensacionalista británica se ha cebado con sus subidas y bajadas de peso, pero ella se ha enfrentado con las armas que aprendió siendo adolescente en la escuela de teatro, cuando sus compañeras la llamaban “bola de grasa” y algún profesor le dijo que debía sentirse feliz si conseguía un papel de chica gorda. “Nunca fui como se suponía que debía ser –recordaba en una conferencia contra el bullying, tras confesar que no se pesa desde hace 12 años–. Ese es mi bagaje y sigue afectándome. Incluso siendo adulta”.

Pero Winslet también tiene otra herencia, “una educación popular, llena de ruido, diversión y comidas familiares”, según ella misma ha contado. Creció en Reading, una pequeña ciudad inglesa, con dos hermanas y un hermano. Su madre era enfermera y sus abuelos y su padre habían sido actores. Gracias a su abuela aprendió su cuidado acento de Oxford, ligeramente pijo. A los 13 años, protagonizó un anuncio de cereales y convenció a sus padres para que la enviaran a la Escuela de Teatro Redroof.

Criaturas celestiales, del australiano Peter Jackson –director de El señor de los anillos– fue su inicio en el cine. Tenía 17 años y trabajaba en una tienda de sándwiches mientras hacía audiciones. No tenía agente y no podía creerse aquella llamada telefónica que le cambió la vida. La cinta se convirtió en una película de culto, en parte por la sutil mezcla de maldad e inocencia de su interpretación. Fue su primer paso en ese universo de mujeres complejas y contradictorias, angustiadas pero fuertes, dominantes y frágiles que se han convertido en marca de la casa.

Estoy encantada de tener 42 años y no 22. A esa edad buscaba el riesgo; ahora, transmitir verdad".

K.W.

Pero su vida dio el vuelco definitivo en 1997, al rodar Titanic y convertirse en una estrellas planetaria. Sin embargo, se sintió abrumada por el éxito y decidió dejar a un lado las grandes producciones y apostar por el cine independiente. “Era muy joven y no estaba preparada”, explicó años después. Por eso rechazó el papel de Gwyneth Paltrow en Shakespeare in love y el de Jodie Foster en Ana y el rey, y rodó El viaje de Julia, Holy Smoke o Iris, sobre la biografía de la escritora Iris Murdoch. Luego llegó otra película mítica: Olvídate de mí, la inolvidable cinta romántica (y surrealista) de Michel Gondry. Y es que Kate siempre ha hecho las cosas a su manera, aunque ha logrado sus frutos: decenas de premios (tres Bafta, dos Globos de Oro, un Emmy entre muchos otros) y el Oscar en 2009, tras cinco nominaciones, por su interpretación de una excarcelera nazi en El lector.

Hoy es una privilegiada y lo sabe. “Me gusta actuar más que nunca –afirma–. Estoy encantada de tener 42 años y no 22. A esa edad quería rodar cosas arriesgadas, misteriosas, peligrosas. Ahora solo quiero transmitir realidad y encarnar a mucha gente diferente. En este punto de tu vida se tienen los pies en la tierra, una experiencia sólida, un matrimonio feliz y la riqueza vital que te convierte en una mujer poderosa”. También una pasión indesmayable por lo que haces, añadiríamos. Y Kate Winslet tiene hoy todas esas cosas.


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