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La ingenuidad es el problema, por Care Santos

Tienes una hija de casi 15 años que gasta más talla de sujetador que tú...

Adolescente ingenua.
Adolescente ingenua. Maite Niebla

Tienes una hija de casi 15 años que gasta más talla de sujetador que tú, pero a quien no le interesan aún los chicos, ni comprarse ropa, ni pensar en depilarse, ni ver series de chicas malas (ni serlo). Una hija de casi 15 sin prisa por crecer. Cualquier padre temeroso de la adolescencia dirá que es un chollo, que cuál es el problema. Tú sabes que el problema existe.

Sus amigas van juntas a comprar ropa, hablan de chicos -y sexo-, salen los viernes por la noche y bromean sobre cosas que ella no entiende ni quiere entender. No pasa nada, te dices, cada uno madura a su tiempo y a su modo. La ingenuidad no debería ser un problema. Sin embargo, cuando te dice: "Últimamente me siento muy sola, mamá", sientes que se te parte el corazón, que ojalá pudieras ayudarla, que para esto no estabas preparada.

Es cierto. Te han llenado la cabeza de adolescentes que plantan cara, respondones, problemáticos, mentirosos, que matan a sustos a sus progenitores, pero nadie te ha contado qué puedes hacer por esa niña con cuerpo de mujer que ahora vive en tu casa.

Cometes el error que no te habías permitido: buscas en internet. Encuentras un montón de información que solo sirve para asustarte. Tropiezas con una página de psicología. Aprendes que las niñas con síndrome de Asperger son retraídas, poco hábiles socialmente e ingenuas, y que no suelen diagnosticarse hasta muy tarde, al revés de los varones. Lees los síntomas, te interrogas por cada uno. Qué estoy haciendo. No es nada de esto.

Decides, al fin, aplicar tu propio remedio. Pasarás más tiempo con ella. Iréis de compras, veréis series, hablaréis. Lo vas a disfrutar mucho, lo sabes. Es una prórroga inesperada de su niñez, un regalo para ti. Pero también sabes que estarás deseando que termine. Y que cuando termine, echarás de menos a la niña que ya no volverá.


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