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La vidente que no vio

La denuncia de una anciana presuntamente estafada nos invita a reflexionar sobre nuestros propios miedos. ¿Hasta qué punto queremos conocer lo que nos sucederá? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por ello?

Vidente con su bola de cristal.
Vidente con su bola de cristal. getty

Conocer el futuro es un viejo anhelo de la humanidad. Este deseo aumenta en personas cuya fragilidad es mayor de lo normal, quizá porque disponen de pocos medios para afrontar ese futuro. El miedo a lo que sucederá proviene de inseguridades que provocan angustia. Frente a un más allá que no pueden dominar, acuden a la magia.

Los "adivinos" ocupan un lugar de poder para aquellos con miedo al futuro.

Los videntes se colocan en un lugar de poder para este tipo de personas afectadas por una inquietud patológica respecto a su futuro. Alguien les dice lo que les va a suceder, como si ese "alguien" estuviera en posesión de un saber del que ellos mismos carecen. Esta posición otorga al adivino una gran ascendencia sobre el consultante, una influencia que puede utilizar para aprovecharse de él, tal y como le ocurrió hace poco a una mujer de 77 años en Barcelona, que supuestamente fue víctima de una estafa por parte de una vidente que abusó de su vulnerabilidad.

La mujer, que padecía trastornos de la personalidad, acudió a finales de marzo de 2016 a la tienda isotérica de Pepita Vilallonga, una vidente a la que conocía por sus apariciones en televisión. La víctima quería que Pepita le ayudara a resolver sus problemas personales, centrados en el miedo a sufrir una enfermedad terminal. Su temor es un claro indicador de ideas paranoides que se organizan alrededor de un miedo extremo a sufrir un daño que alguien o algo va a ocasionar. En este caso es probable que su mayor aprensión fuera a morir.

Los problemas psicológicos angustiaban a la mujer, reduciéndola a un estado de máxima fragilidad delatora de un yo débil, invadido por conflictos que no había sabido cómo resolver, la misma situación que conduce a algunas personas a poner su vida en manos de otro. Cuando acudió a la tienda de la vidente, le aseguraron que sus problemas se resolverían enseguida. Frente a la impotencia de la víctima, se encontró con la omnipotencia de la vidente y sus colaboradores. Durante dos meses, fue sometida a rituales mágicos con los que pretendían curarla. Le contaron que, debido al daño al que estaba expuesta, no tenían más remedio que viajar a Brasil para conseguir un muñeco de unos gurús que luego deberían enterrar en Tierra Santa para que sus sufrimientos desaparecieran. Más tarde, la policia verificó que ese viaje nunca se había realizado.

El pensamiento mágico

  • Proviene de la creencia de que alguien con poderes es capaz de leernos el pensamiento o de que podemos evitar o provocar algo con solo pensarlo.
  • La videncia la ejercen personas con buenas dotes de comunicación. Sus aciertos son atribuidos al poder de la adivinación, pero no son sino el producto de una capacidad intuitiva muy alta. Lo que hace el vidente es leer algo que la persona no percibía de sí misma. Sus “adivinaciones” coinciden con la realización de un deseo no consciente para quien consulta.

Paquetes rituales a 40.000 €

También le aseguraban que habían entrado en contacto con el espíritu de su madre y de su padre y que la protegerían para que sus familiares no se involucraran en actividades delictivas, ideas que, lejos de calmarla, aumentaban su angustia. Cada nueva acción implicaba, naturalmente, gastos que iban elevanto la factura que finalmente pasaron a la pobre mujer.

Una exempleada de la tienda contaba en una entrevista concedida a la televisión que la despidieron cuando puso sobre aviso de estas artimañas a un cliente por que el sentía pena, ya que, igual que hacían con la anciana, le estaban estafando con una sucesión de liturgias basadas en el pensamiento mágico. Vendían paquetes de rituales que, en palabras de la exempleada, eran un auténtico fraude, diseñado para solucionar problemas como el mal de ojo. Cobraban por este servicio de 1.000 a 40.000 €. Compraban unas cajitas que sellaban con cera y se las mandaban a los clientes. Después de les decía que no podían abrirla porque, si lo hacían, se evaporaría la magia.

Lo que la vidente no pudo ver, quizá porque le cegaron la avaricia y el hecho de menospreciar la capacidad psíquica de su víctima, es que si esta mujer no conseguía mejorar su angustia y además acababa con casi todos sus ahorros, su malestar podía aumentar demasiado. Entonces algo haría para resolverlo, y lo hizo: puso una denuncia ante la policia. Y es que se pueden tener problemas mentales, no medir la realidad de forma adecuada, sufrir de ideas paranoides y miedo a la enfermedad o a la muerte, pero una cuestión es estar mal psíquicamente y otra ser tonta y no hacer ningún movimiento si el nivel de angustia aumenta demasiado.

Toda actividad debe hacerse desde la ética, que impida el aprovechamiento ilícito.

Como, además de incrementar su malestar, la pérdida de su dinero le colocó en una situación de mayor precariedad, la mujer reaccionó con la denuncia. Curiosamente, los conflictos psíquicos de la víctima, de los que la vidente se aprovechó, fueron los mismos que la hicieron salir de la trampa en la que había caído. La actitud de la vidente y sus colaboradores delatan a personas con sus características psicopáticas que les impiden la posesión de una ley interna moral. En tales casos tiene que intervenir la ley. Cualquier actividad humana debería realizarse desde una ética subjetiva que impidiera ese aprovechamiento ilícito. Ahora bien, hay personas que, lejos de regirse por esa norma, disfrutan y gozan queriendo sacar al otro todo lo posible. En este caso nos enconmtramos ante estafadores que tratan al otro como un objeto.

Una anciana denuncia una estafa

  • La vidente Pepita Vilallonga fue detenida junto a cuatro de los colaboradores de su tienda esotérica en Barcelona por estafar 300.000 € a una mujer de 77 años. Tras declarar ante la Policía Nacional, los cinco detenidos han quedado en libertad, a la espera de ser citados por el juez.
  • Cuando casi se le acabaron los ahorros, la víctima dejó de acudir a la consulta de la vidente, pero la llamaron para decirle que debía seguir con los rituales. Entonces la mujer decidió denunciar

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