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Somos de donde venimos

Eso es lo que defiende la psicogenealogía, una corriente que cree que la herencia familiar -las palabras no dichas, los duelos no llorados, los secretos de ayer...- marcan nuestra vida de hoy. Condicionantes, no siempre evidentes, de los que también nos podemos liberar.

Abuela, madre e hija juntas.
Abuela, madre e hija juntas. Fotolia

MAdrid

Decimos que tenemos mala suerte en el amor, achacamos a la casualidad que varios miembros de nuestra familia hayan muerto de manera semejante o en fechas coincidentes y creemos que si tenemos miedo a volar o al mar son simplemente cosas que pasan. Pero, ¿y si no fuera el azar? ¿Y si nuestras angustias, nuestros temores, nuestros conflictos, las dificultades para mantener una relación de pareja duradera o para perder peso pudieran ser explicadas por nuestra herencia familiar?

Fidelidad a la herencia

Ese es el enfoque que propone la psicogenealogía. Pero aclaremos el término. Si la genealogía es el registro civil de varias generaciones, al agregar "psico", se añaden aspectos de la psicología, de las relaciones entre las personas que configuran el árbol genealógico, tal y como cada uno lo siente. "La psicogenealogía es una herramienta que nos ayuda a tomar conciencia de las influencias que nuestra familia ejerce en nosotros y muestra cómo los comportamientos de cada individuo están profundamente marcados por su contexto familiar", explica Cristina Milián, analista transgeneracional y socia fundadora de Espai Essentia.

Repetimos, reparamos y/o volvemos a sentir la historia de nuestros antepasados.

Aunque Freud y Jung ya habían apuntado en esta dirección, a la psicóloga y psicoterapeuta francesa Anne Ancelin Schützenberger se la considera la madre de la psicogenealogía y su libro Ay, mis ancestros, la biblia de esta disciplina. En él explica que nuestros antepasados nos han dejado en herencia mucho más que el color de los ojos o el pelo rizado. Schützenberger establece el principio de la existencia en cada una de nuestras familias de reglas de fidelidad y un sistema de "contabilidad" tácito, que registra las deudas que quedan por resolver, los capítulos no cerrados de nuestra historia y que condicionan el papel de cada uno de nosotros y nuestras obligaciones familiares.

"Somos menos libres de lo que creemos, pero tenemos la posibilidad de conquistar nuestra libertad y de salir del destino familiar repetitivo de nuestra historia, comprendiendo los vínculos complejos que se han tejido en nuestra familia e iluminando los dramas secretos, las palabras que se han callado y los duelos inconclusos...", explica en su libro la analista.

A Schützenberger le gusta repetir el ejemplo del actor Brandon Lee, que murió durante el rodaje de la película El cuervo por un disparo de una pistola que se suponía que debía estar cargada con balas de fogueo. Un desafortunado accidente, según publicaron todos los medios de la época. Y sin duda lo fue, pero ella va más allá y subraya que 20 años antes, su padre, el famoso Bruce Lee, había muerto de una hemorragia cerebral también en pleno rodaje, durante una escena en la que interpretaba a un personaje muerto accidentalmente por un revólver que debería haber estado cargado con balas de fogueo. ¿Casualidad?

"La sangre es más espesa que el agua -explica Cristina Milián-. Hacemos cualquier cosa por pertenecer a la familia, por ser amados y aceptados simplemente en base a la lealtad que conlleva la consanguinidad. Pertenecer a una familia es un tema de supervivencia. Es algo muy arcaico instaurado en nuestro código de comportamiento. ¡Y por lealtad, muy a menudo inconscientemente, hacemos lo que sea!". Y lo hacemos a través de lo que en psicogenealogía se conoce como las 3R, tres movimientos que se suceden como en un baile, de generación en generación, de manera más o menos consciente: repetimos, reparamos, y/o resentimos la historia de nuestros antepasados. Y habitualmente no nos damos ni cuenta, porque tenemos una gran cantidad de información en nuestro inconsciente.

No pretende ser una receta para curar el cuerpo y el alma, pero sí una herramienta para conocerse mejor.

Sin embargo, es posible detener esta espiral generacional y apearse de los dictados familiares invisibles. Una de las técnicas que se utilizan es la lectura del árbol genealógico. A través del genosociograma se reconstruye la historia tal y como la persona la lleva dentro. Se trata del dibujo de su árbol, al que a las fechas y los nombres de al menos tres generaciones se le suma la manera en que la persona percibe a esos personajes, los lazos afectivos que los unen y los hechos reseñables, tanto felices como desgraciados.

"La exploración del árbol nos permite acceder a una información que, aunque no la veamos, existe y conforma nuestra realidad actual; datos a los que nunca hemos prestado atención, pero que le dan sentido a muchas de nuestras vivencias actuales. Aquello que no se ve crea lo que se ve", explica Cristina Milián y pone un ejemplo: "¿Cuántas personas quieren perder peso, y después de infinidad de dietas e incluso cirugías, no consiguen mantenerse en el peso que desean? Conscientemente, desean adelgazar, pero su inconsciente tiene otra información que hace que se mantengan en sobrepeso".

Las consultas pueden realizarse por temas concretos o de carácter existencial. Ejemplos: "No encuentro pareja"; "Estoy sana, pero no hay forma de concebir un hijo"; "Tengo la sensación de que todos esperan algo de mí"; "Mi hijo me odia"; "Vivo con insomnio, no hay forma de poder dormir"... El árbol, advierte la experta, no responde a futuribles del tipo"¿encontraré trabajo?", pero si la pregunta se formula de otro modo puede mostrar pistas sobre las dificultades para encontrarlo. "Tomar conciencia de los entramados que se articulan en tu árbol ayuda a dar respuesta a las situaciones que quedaron pendientes".

La psicogenealogía no es (ni lo pretende) ser una receta milagrosa para sanar todos los males del cuerpo o el alma. Es más bien una herramienta para comprender el origen del problema que nos agobia, nos preocupa o nos hace infelices y dar alguna pautas sobre el trabajo posterior. Puede ser un primer paso en la dirección correcta, una nueva forma de vernos a nosostros mismos. 

"Me daba miedo volar, el vacío. Ahora sé que la angustia tiene que ver con el suicidio de mi abuelo"

  • Blanca, 42 años

"Desde que era pequeña, nunca podido lanzarme a nadar en sitios en los que no hacía pie. También tenía una fobia al avión, y al vacío en general, que no sabía explicar. Una amiga me habló de la psicogenealogía y quise probar, sobre todo porque tengo una hermana que vive en Estados Unidos y a la que nunca he podido visitar. Durante las sesiones conté cuáles eran mis angustias y descubrí que mi abuelo se suicidó tirándose desde un puente. Yo ya sabía que se había quitado la vida, pero para mí fue un shock cuando mi madre me contó cómo había sucedido. En esa conversación con mi madre también descubrí que una tía abuela a la que no conocí había muerto cayéndose a las vías del tren. En unas pocas sesiones descubrí de dónde procedían todos mis miedos: mi inconsciente había registrado que el vacío podía suponer la muerte y eso era lo que me paralizaba. Después de este trabajo, me siento bastante más serena. ¡Y ya tengo billetes para visitar a mi hermana en California este verano!".

"El miedo a la maternidad arraigado en mi inconsciente me impide quedarme embarazada"

  • Cristina, 37 años

"Mi chico y yo queremos tener un bebé. Tras tres intentos fallidos de reproducción asistida, me interesé por métodos alternativos para favorecer mi fertilidad. También indagué sobre mis antecedentes familiares, por si podían tener algo que ver con mis dificultades para quedarme embarazada. Dibujando mi árbol en mi primera sesión de psicogenealogía, me di cuenta de que en mi familia había muchos acontecimientos dolorosos en torno a la maternidad: mi abuela y mi madre tuvieron problemas para concebir; mi tía dio a luz un bebé muerto; ha habido varios partos prematuros... Yo ya conocía estos hechos, pero verlos unos al lado de otros sobre el papel fue muy revelador. Me di cuenta de que esas cosas estaban influyendo en lo que me pasaba a mí. Estas historias terribles que he escuchado desde niña me han provocado un miedo inconsciente a ser madre y a exponerme al dolor y a circunstancias tan difíciles como las que vivió mi familia. Después de la terapia, me sentí como si me hubiera liberado de un gran peso y estoy convencida de que mi deseo de ser madre se cumplirá."

"Descubrí que los hijos ilegítimos abundan en mi árbol genealógico y me siento menos culpable

  • Carmen, 36 años

"Cuando mi pareja me dejó por otra mujer, poco después del nacimiento de nuestra hija, creí que el mundo se me venía encima. Después de un divorcio y varios fracasos amorosos más, con él estaba tan segura de haber encontrado finalmente la estabilidad familiar... Tratando de encontrar respuestas llegué a la psicogenealogía, que me condujo a investigar sobre las mujeres de mi familia. Decidí charlar con algunas personas mayores que todavía viven en el pueblo de mis abuelos, entre ellas mi tía-abuela. Ella fue quien me contó que el padre de mi madre no era su progenitor biológico, aunque la educó, la crió y la quiso como si lo fuera. Y descubrí mucho más: que, durante generaciones, los hijos mayores de varios miembros de la familia fueron ilegítimos. Ser consciente de todo esto, gracias a la psicogenealogía, me ha ayudado a sentirme más libre y menos culpable. Y tengo claro que un día le contaré todo a mi hija. Ese secreto familiar se acaba aquí".

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