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11 consejos para luchar contra el maltrato animal sin tener que hacerte vegano

Te sorprenderá la de cosas que puedes hacer para proteger y defender la dignidad animal sin dejar de comer carne, ni pescado (y/o derivados).

No hace falta ser vegano para cuidar a los animales
No hace falta ser vegano para cuidar a los animales Gtres

Antes de empezar a contaros qué cosas podéis hacer para evitar el maltrato animal (y de forma indirecta ayudar al medio ambiente) he de daros las gracias. Gracias, porque si habéis pinchado en este enlace significa que habéis decidido dejar atrás los absurdos clichés que nuestra sociedad ha construido frente a los vegetarianos, veganos y omnívoros. Gracias por tildar de inútiles las interminables batallas morales entre ellos (y que, en definitiva, restan y no suman). Gracias por mirar más allá, por ser personas sensatas y con término medio. Pero sobre todo, gracias porque, si estáis aquí, habéis decidido tomar conciencia y mejorar el mundo cambiando parte de vuestra rutina, respetando la decisión de cada individuo; y creedme: personas como vosotras escasean. Gracias.

Los consejos escritos en este artículo no son más que una recopilación de acciones basadas en mi vida diaria y mi ardua y constante investigación sobre el asunto. Soy vegetariana desde hace años y vengo de una familia en la que comer carne y pescado forma parte del día a día. A pesar de ello, mi círculo cercano siempre ha respetado y apoyado mi decisión. Creo que, precisamente, es su tolerancia ante mi radicalismo la que me ha hecho comprender que nada se gana con imposiciones y que, como todo lo bueno y duradero en esta vida, se necesita tiempo, paciencia, conocimiento y respeto. Solo así podremos aspirar a ser una sociedad concienciada con el medio ambiente en general y con el maltrato animal en particular.

Por supuesto, estos consejos no están tallados en piedra, ni seréis peores personas por no hacerlos todos. Ni yo misma consigo cumplirlos (ojalá pudiera, pero el mercado y la sociedad en la que vivimos complica mucho las cosas). Sin embargo, soy de las que piensa que cualquier acción, aún pequeña, puede cambiar el curso de los hechos. Así que aquí os dejo algunos consejos que os permitirán contribuir a la causa sin necesidad de renunciar al consumo de carne y pescado. ¡A por ello!

1. Belleza e higiene libre de crueldad

  • ¿Qué hay de malo?: La mayoría de champús, acondicionadores, productos de maquillaje, jabones faciales, perfumes y cremas hidratantes que usamos son testados en animales antes de su distribución y venta en el mercado. Estos experimentos comenzaron a realizarse como método de prevención para corregir los efectos secundarios/reacciones/anomalías que el producto pudiera tener en el consumidor. Miles de animales sufren cada día las consecuencias de esta situación en constante prueba y error. Debido a la creciente concienciación social, muchas empresas han decidido sumarse al ‘Cruelty-free’ (Libre de crueldad). ¿Cómo? Invirtiendo buena parte de sus recursos en I+D +i para en encontrar alternativas a la testa animal (y haberlas, haylas).
  • ¿Qué puedo hacer? Comprad productos de belleza e higiene libres de testa animal. De esta forma, ayudáis a que las empresas concienciadas prosperen en el mercado y, por ende, puedan seguir investigando alternativas (imaginaos como inversores indirectos en pos de una buena causa). Naturalmente, ninguna empresa hoy en día quiere ser reconocida como “aquella que maltrata animales”, por lo que es lógico pensar que, en cuanto se encuentren vías alternativas rentables, la mayoría de marcas del sector dejen de usar animales como método de prevención a la salud. ¿Y cómo leches puedes saber qué producto ha sido testado y cuál no? Organizaciones como PETA hacen cada año un estudio exhaustivo de la mayoría de productos en este sector y propone una lista de marcas ‘Cruelty-free’. Yo os la dejo por aquí por si queréis echarle un vistazo. También podéis buscar al ‘conejito verde’ (como lo llamo yo, porque sí) en los envases de estos productos. Si está ahí, ese producto es 100% ‘Cruelty free’.
  • ¿Quieres saber más? Como no estoy aquí para dar lecciones a nadie (porque tampoco soy quién), sino que mi cometido es ofrecer datos útiles e informar, os recomiendo un libro fabuloso: “Animal Experimentation: A Student Guide to Balancing the Issues”, de Vaughan Monamy. Os explicará todo esto mejor que yo; seguro.

2. Si consumes productos de origen animal, procura que sea local, de granjas pequeñas o ‘eco’.

  • No sé si suena muy a ‘hippy-colgao’ o hipster lo que estoy diciendo, pero creedme cuando os digo que es la mejor alternativa. Siento ser repetitiva, pero la mejor forma de combatir la crueldad animal es castigar económicamente a las empresas que practican la industrialización inhumana y tortura de animales, y premiar a los que, a pesar de sacrificar/matar animales, lo hacen con humanidad y habiendo ofrecido al ser vivo una vida digna y acorde a sus necesidades. Las tiendas locales suelen ofrecer productos diferentes a los del supermercado. Básicamente porque juegan en una liga mucho más humilde y, por tanto, está menos masificada. Sus proveedores suelen (y repito ‘suelen’, porque obviamente no he ido a cada tienda local de cada parte del mundo, hablo desde la experiencia) ser empresas y granjas medianas que cuidan y miman al animal durante su vida antes de sacrificarlo. Por otro lado están los productos ecológicos que se supone que vienen de granjas más grandes, pero son reguladas y monitorizadas por organizaciones que velan por el bienestar del animal y sus condiciones de vida. “Pero es que son más caros”. Pues claro, es el precio que pagáis para que, no solo el animal haya sido alimentado y cuidado como es debido, sino para que os llevéis a la boca algo más saludable que un pollo hormonado. Sí, lo bueno cuesta, así es la vida; pero pensad que, cuanta más demanda, más crecimiento en este nicho, y los precios bajarán de forma gradual.
  • ¿Quieres saber más? Tranquilos que no es otro libro. Si os interesa este asunto, os recomiendo una página web interactiva que no os dejará indiferentes. Se supone que, detrás de tanta parafernalia multimedia, hay un estudio sesudo. Merece la pena.

3. Asegúrate de que la ropa, el calzado y los complementos que compras no son de origen animal

  • ¿Qué hay de malo? Creo que esta es una de las acciones más extendidas y asumidas en nuestra sociedad. Sobre todo si hablamos de pieles o cuero. Sin embargo, no todo el mundo conoce las repercusiones negativas que arrastra comprar un producto hecho de lana, seda o cashmere. Una vez más, el problema no está en aprovechar los recursos que un animal/insecto como, por ejemplo, la oveja ofrece (no hay nada de malo en esquilar una oveja, siempre y cuando no sufra en el proceso ni repercuta en su salud de forma negativa), sino en la desmesurable demanda y, consecuentemente, la masificación inhumana para satisfacer el mercado. Aún así, este caso en particular no ha de extrapolarse a otros (desgraciadamente muy comunes) más extremos en los que el animal/insecto es sacrificado para obtener su piel.
  • ¿Qué puedo hacer? Tan sencillo como mirar la etiqueta en el reverso de la prenda, calzado o complemento que vayas a comprar y estar seguro de que ningún animal ha sido dañado en el proceso. El polyester o el algodón son las alternativas más comunes y conocidas. Pero, una vez más, hay organizaciones que facilitan información útil. Yo os dejo aquí la que uso yo, por si os interesa.
  • ¿Quieres saber más? “Sustainable Fashion: Past, Present and Future” de la doctora Jennifer Farley Gordon y la autora Colleen Hill. Explora nuevas formas de abordar la industria de la moda. Muy interesante.

4. NO a los zoos, SÍ a las reservas naturales y safaris

  • Reconozco que es una de las cosas que más me ha costado aplicar. Si te gustan los animales, quieres verlos; pero a ser posible en libertad. Por otro lado, tampoco quieres dar dinero a una empresa que tiene encerrados en jaulas o pequeños espacios al aire libre a seres vivos (y en la mayoría de las ocasiones, sobre todo zoos locales, pueden llegar a vivir en condiciones insalubres). Muy frustrante.
  • El contraargumento más usado es aquel que defiende que los zoos son espacios en los que niños y adultos pueden aprender sobre los animales, pero ¿de verdad aprendemos algo significativo y trascendental sobre ellos simplemente mirándolos perplejos a través de unas rendijas/vallas? Hoy en día podemos aprender más (y mejor) de los animales gracias a las facilidades que ofrece Internet y los medios de comunicación. Hay todo tipo de artículos, libros y documentales (entre otras cosas) sobre cualquier animal o insecto que existe. La cuestión (aplicando un poco de sentido común) no debería estar en recopilar datos sobre los animales en general (eso ya lo tenemos), sino en conocerlos en su hábitat, y aprender sobre sus necesidades y comportamientos para saber respetarlos. Hoy en día, sacar a un animal de su entorno para que podamos “aprender de ellos” no es recomendable. Perdonad si suena muy místico lo que voy a escribir, pero no hay mejor forma de aprender sobre los animales que estar en contacto con la naturaleza y conocer de primera mano el entorno nativo de cada animal. Cuanto más desconectados estemos del entorno natural que nos rodea, más difícil se hará entender qué es lo que está pasando en el mundo y, en el caso de surgir un problema, será más complicado erradicarlo o que las cosas tornen a mejor.
  • ¿Qué puedo hacer? Cada vez hay más reservas naturales y safaris que ofrecen visitas guiadas a zonas donde los animales viven en libertad. Las personas que trabajan para mantener el bienestar de estos entornos suelen ser profesionales cualificados que, además, estarán encantados de enseñaros todo lo que queráis saber acerca de los animales que allí habitan.
  • ¿Quieres saber más? En este caso he de recomendar un artículo sobre la necesidad del ser humano de conectar con la naturaleza (especialmente los niños). Está redactada por el Dr. en Biología Marina, Leopoldo Llinas. Además, es profesor de física, química y biología en el Instituto Palmer Trinity (Miami), en donde tuve la oportunidad de conocerle y de que me enseñara muchas cosas chulis.

5. Informarte sobre el tema y compartirlo con tu entorno

  • Vamos, lo que estáis haciendo ahora mismo. Así que ¡bien por vosotros! Generar debate es algo necesario y que, llevado de forma sana y respetuosa, ayuda a difundir la palabra y a cambiar hábitos de rutina perjudiciales. Siempre es interesante conocer ambos puntos de vista (pro-carnismo VS pro-veganismo) y reconocer los beneficios e inconvenientes de cada argumento. En este caso, el simple hecho de informaros ayuda a que, por ejemplo, os lo penséis dos veces antes de comprar un producto de orígen animal; al mismo tiempo, seréis un ejemplo para los que os rodean. Un paso tan importante como imprescindible.

6. ‘Veganízate’ o ‘vegetarianízate’ uno o dos días por semana

  • Si decides sumarte a la aventura al menos una vez a la semana, ayudarás a reducir el consumo de carne y pescado diario. Cuantas más personas introduzcan este paso en su vida diaria, mayor será el impacto en el mercado y, por tanto, mayor será el cambio con respecto al trato de los animales en la industria alimentaria. Acciones pequeñas pensadas para lo grande.
  • ¿Quieres saber más? Hay miles de libros, blogs y páginas web dedicados a recetas vegetarianas riquísimas. Os dejo aquí un artículo de Buzzfeed para PETA en el que te ayudan a cocinar platos vegetarianos y veganos para chuparse los dedos.

7. Evita el aceite de palma

  • Está en boca de todos últimamente, pero que no cunda el pánico que tampoco es cianuro. ¿Es malo para la salud en exceso? Sí, y deberíamos reducir su consumo considerablemente. Sin embargo, esta no es la única razón por la que os aconsejo apartar el aceite de palma de vuestras vidas. Debido a su bajo coste de producción, es el aceite más usado en comidas y productos de belleza, por lo que la demanda es muy, MUY alta. Como es lógico, no existen (de forma natural) plantaciones tan grandes y masivas como para abastecer el mercado; por lo que la deforestación suele ser la opción más rápida y económica. Esto no solo supone una enorme reducción y destrucción de fauna, sino de hábitats naturales de miles de animales que, o mueren por no poder sobrevivir fuera de su entorno, o son sacrificados o vendidos en el mercado negro. Aquí os dejo un par de listas que recogen productos libres de aceite de palma, por si fuera de vuestro interés.
  • ¿Quieres saber más? La Union of Concerned Scientist (algo así como Asociación de Científicos Concienciados) escribe mucho sobre este asunto. Aquí os dejo un artículo en el que analizan el impacto medioambiental que supone la industrialización masiva del aceite de palma.

8. Donar

  • Asociaciones científicas, reservas naturales, albergues... Tenéis innumerables organizaciones a las que podéis ayudar con una pequeña contribución económica. Al fin y al cabo, es lo que (más) se necesita para que las cosas avancen de forma rápida y eficiente.

9. Voluntariado o adopción en albergues de animales abandonados

  • Si véis que eso de donar dinero no es lo vuestro (porque no tenéis un duro, básicamente) siempre podéis ofreceros voluntarios (una vez a la semana, al mes...lo que os salga) y ayudar a los trabajadores de albergues y ONGs que se hacen cargo de los animales heridos y abandonados. Pasearlos, alimentarlos, bañarlos, jugar con ellos...cualquier ayuda es bienvenida. En mi caso, conozco un organización, El Refugio (Madrid), que permite pasear a los perros y pasar un rato con ellos. En cualquier caso, hay muchas organizaciones y ONGs como estas alrededor del mundo, es cuestión de echar una búsqueda rápida por Internet.

10. Denunciar el maltrato y abandono animal

  • Que hagáis un pequeño esfuerzo para llevar al animal desamparado a un veterinario es una enorme ayuda. Normalmente los veterinarios conocen asociaciones cercanas que pueden hacerse cargo del animal sin problema.

11. Adoptar

  • Creo que no tengo que decir nada más. Si estáis pensando en tener una mascota. No compreis, adoptad. Ayudáis al animal y a obstaculizar el tráfico ilegal de animales. Y, si lo pensáis de forma fría y algo pragmática, os sale más barato. Ole.


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