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El punto de ruptura

La época que precede a un divorcio se caracteriza por un alud de reproches y un desgaste emocional muy alto. No se llega a esa decisión por impulso, sino para resolver un malestar que ya no se soporta.

Pareja en crisis.
Pareja en crisis. Fotolia

Los síntomas que padece la relación de pareja antes de un divorcio pueden haber durado meses o años antes de verbalizar la idea de la separación. El vínculo amoroso se envuelve en una atmósfera irritante, donde predominan los afectos negativos como el desaliento, la desesperación, la rivalidad, los reproches continuos y las quejas. En ocasiones, llegan a aparecer violencias recíprocas, en actos o en palabras, y el hastío se instala entre los cónyuges. En ese ambiente, la pareja se mueve en el borde de un abismo afectivo lleno de sufrimiento.

De repente, se manifiesta una incompatibilidad en gustos y en proyectos. Hay un malestar que no cesa. La hostilidad va desgastando la relación y se desgarra el tejido que unía a la pareja. Internamente, cada miembro va sintiendo una descomposición de la vida conyugal. Se siente indiferencia, hartazgo.

Adiós al deseo

Los divorcios comienzan en el mundo interno que afecta al espacio común de cada miembro de la pareja. Se producen rupturas afectivas y ello ensombrece el espacio íntimo. El deseo mutuo se evapora y los cónyuges se miran con una distancia afectiva que los aleja cada día más.

A este divorcio interior se unen heridas psíquicas como infidelidades, adicciones y violencias. La decepción, debida a que el otro ya no cubre las expectativas que se esperaban de él o de ella, promueve el rechazo.

A la destrucción del vínculo se suma la falta de proyectos compartidos

Cuando el velo del enamoramiento cae, el vínculo amoroso se modifica, la idealización disminuye bajo la luz de la rutina, aparecen los defectos del otro y la nostalgia del estado de la pasión amorosa con la que empezó la historia de amor. El malhumor se convierte en hostilidad y se prepara el estado de predivorcio, que puede conducir al encierro en una pareja insatisfactoria durante mucho tiempo. La vida en común adopta la forma de un callejón sin salida. Se dibuja un perfil de asimetría cuando no son ambos, sino uno de los integrantes quien experimenta el deseo de separarse.

A los factores internos de desintegración del vínculo se suman los factores externos, dependientes de proyectos no compartidos. En ocasiones, el predivorcio se puede alargar y convertirse en una relación infernal, donde se instala el sufrimiento y el descontento. Una reflexión sobre lo que está pasando puede aportar un alivio si se tiene la intención de cambiar y reconocer errores por ambas partes.

Qué nos pasa:

  • Los conflictos inconscientes han conducido a los cónyuges a organizar una relación patológica que se puede negar, en lugar de resolverla.El proceso de desencuentro comienza por una retirada del afecto amoroso hacia el otro, que deja de ser objeto de deseo. Se trata de un proceso a lo largo del cual se va retirando la energía amorosa con la que se había investido a la pareja.

La difícil decisión

Marta llevaba mucho tiempo mal con su pareja: discutían por todo. Cuando pensó que quería separarse y plantearle el divorcio, se sintió aliviada, si bien una cosa era pensarlo y otra llevarlo a cabo.

Marta tenía gemelos de ocho años y llevaba 10 casada con Jorge. Se casaron enamorados, pero ahora no le soportaba. No entendía cómo habían llegado a esta situación, pero en los últimos años hablaban solamente sobre los niños y ni en eso se ponían de acuerdo. No se apoyaban en lo que les pasaba en el trabajo, sus relaciones sexuales eran un trámite, ella sentía que él estaba enfrascado en sus cosas y participaba poco en las tareas cotidianas. Además, la trataba con un paternalismo insoportable. Se pasaba el día insultándole en silencio.

Después de nacer sus hijos, la vida había ido muy deprisa y Marta se dio cuenta en seguida de que su marido no ayudaba lo suficiente con los niños. Se encontraba sola con su educación y, cuando él intervenía, le parecía que lo hacía mal.

Jorge, por su parte, se sentía desplazado en la relación que Marta tenía con sus hijos. Le enfadaba que ella fuera tan crítica con él y por eso se aislaba y se refugiaba en su trabajo. La ambivalencia de sentimientos que ambos tenían hacia el otro provenía de conflictos sin resolver respecto a la manera de relacionarse amorosamente.

Un divorcio puede conducir a una nueva forma de amar, a un renacer

Ambos estaban atravesando la crisis de la mediana edad, donde se hace balance de la vida y se repasan los logros y los fracasos que se han tenido. En estos momentos, se atraviesa un proceso donde hay que aceptar la transformación del cuerpo y la precariedad tanto del otro como de uno mismo.

Marta intentaba que no le pasara lo que le había sucedido a su madre, que siempre se quejaba de su padre, por no colaborar y ser muy pasivo. Sin embargo, ella -que cuando se enamoró de Jorge lo veía como un hombre activo y protector-, no podía dejar de verle ahora tan poco colaborador como a su propio padre. Aunque no se daba cuenta, inconscientemente estaba repitiendo con su pareja lo que más había odiado de su familia.

Encontrar lo que buscamos

Jorge, por su parte, había perdido a su padre poco después de nacer sus hijos y padecía una depresión que le restaba fuerza para ejercer la paternidad. Marta había buscado a un hombre protector y frágil a la vez, pero ahora no resistía su vulnerabilidad. Él deseaba una mujer muy maternal, pero se sentía excluido de la relación que ella tenía con sus hijos, sin darse cuenta de que él mismo se excluía porque vivía la paternidad como una competencia con su padre.

En el amor encontramos lo que buscamos, aun sin saberlo. Se elige una pareja desde deseos inconscientes que no controlamos y sobre las que conviene reflexionar. Por lo general, después de una ruptura, cuando iniciamos una nueva relación amorosa, intentamos evitar que se plantee alguna situación que nos recuerde a la anterior experiencia.

Si se han elaborado los conflictos sufridos tras acabar una relación, se pueden experimentar cambios psicológicos tan profundos que resulta imposible volverse a sentir atraída por el mismo tipo de persona. Un divorcio puede conducir a una resolución de conflictos y a un renacer de otra manera, con otro modo de vincularnos a la persona elegida. Se puede cambiar de posición y crear una nueva forma de amar, pero tenemos que averiguar primero qué nos llevó a elegir a la pareja actual. 

Qué podemos hacer:

  • Una situación donde no se soporta a la pareja se puede cambiar. El primer paso es buscar ayuda y poner palabras a todo lo que pasa. Después, investigar por qué ocurre y tomar las medidas adecuadas.
  • Solo si se cambia por dentro, se puede mejorar la relación. La reflexión debe conducir a preguntarnos qué es lo que nos sucede para mantener una situación que nos parece tan insoportable.


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