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Suspendidos del hilo digital

El 22% de los escolares para más de seis horas al día conectado a internet. ¿Están nuestros hijos enganchados? ¿De qué están huyendo? ¿Influyen las redes sociales en cómo se ven a sí mismos?

Un grupo de amigos con sus respectivas tecnologías.
Un grupo de amigos con sus respectivas tecnologías. getty

Los adolescentes españoles tienen un alto nivel de dependencia de internet. Según el informe PISA -que analiza el rendimiento escolar en más de 70 países de todo el mundo-, un 22% lo utiliza más de seis horas al día. Andreas Schleicher, coordinador de dicho estudio, señala además que el nivel de ansiedad de nuestros hijos frente a los exámenes está por encima de la media europea. El 48% siente tensión al estudiar y el 67% se muestra intranquilo aunque esté bien preparado.

Analicemos estos datos: unos chicos que se sienten inseguros, aunque se sepan la materia, son alumnos que desconfían de sí mismos. Hacen y aprenden por obligación, y suponen que no van a dar la talla. Para ellos lo sencillo es refugiarse en internet. Los adolescentes usan la tecnología buscando una satisfacción narcisista, ligada a la imagen personal, y conectar con los demás. El placer principal de esta actividad guarda relación con la mirada y la voz, pulsiones que satisfacen cuando se conectan a la red, y que sacian fuera de sí, esto es, colocándose como objeto. El adolescente busca hacerse ver, hacerse escuchar o hacerse leer. Busca estar acompañado en una época donde el individualismo se privilegia por encima de la solidaridad.

Quizá esta huida-refugio en internet se fomenta porque no tienen otras actividades que les proporcionen gratificación. ¿Cómo deberíamos cambiar este panorama?

La internet-dependencia

  • Se nace totalmente dependiente, sin límites precisos que nos señalen quiénes somos y quién es el otro. La salida de la confusión primaria se conquista aceptando los límites propios y ajenos. Para ello se necesita respetar el tiempo que el otro necesita.
  • Los adolescentes pueden refugiarse en internet cuando la separación del niño que fueron se les hace difícil. Entonces algunos caen en la "internet-dependencia", por no poder organizar con sus iguales una interdependencia más saludable, que no les aísle.

El placer de aprender

Si empezamos por la educación, el aprendizaje debería convertirse en algo placentero y dominable para el alumno. En este sentido, tanto el sistema de enseñanza como los profesores, los responsables sociales y los padres tendrían que ser generosos. Los primeros, dedicando más tiempo a los niños. Ahora bien, tendríamos que empezar por preguntarnos si los profesores tienen medios, tiempo y apoyos para realizar su trabajo mejor. Porque el objetivo es pensar en cada niño, ayudarle en sus particularidades y respetar sus diferencias. En España, alguien lo ha conseguido: el profesor César Bona, que en su libro 'La nueva educación' (Plaza & Janés) explica cómo promover en los niños el deseo de aprender y el placer de compartir.

Los responsables sociales también tendrían que poner al alcance de los jóvenes centros donde reunirse y formarse compartiendo la cultura desde el lado lúdico y creativo. Y los padres deberían mantener una mayor comunicación con sus hijos y los colegios, además de controlar el uso de teléfonos, tabletas y ordenadores. El uso excesivo de internet provoca algunos trastornos psicológicos relacionados con la angustia cuando no se tiene el móvil a mano o la depresión, que atrapa a algunos adolescentes por los contactos que tienen en Facebook o cuando no reciben una respuesta inmediata a sus mensajes.

¿Ha cambiado el uso de internet y las redes sociales a los adolescentes? El impacto en su subjetividad es innegable y se da, precisamente, en un periodo de transformación. Una de las particularidades de la comunicación a través de redes sociales reside en que el usuario puede generar una imagen virtual de sí mismo que lo presente como poseedor de atributos que no posee o le otorguen una completud ficticia de la que carece. Identificado con imagen completa y valorada de sí mismo, buscará cierta seguridad de ser aceptado por el otro, un otro que adopta la misma actitud porque también busca un "me gusta" de su interlocutor.

El informe PisA

  • El Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) advierte de que los "usuarios extremos de la red" sacan peores notas y son menos felices. Los adolescentes españoles tienen un problema con las pantallas. Según dicho informe, están más tiempo navegando que la media de los otros 72 países del estudio.
  • Mientras, nuestros resultados académicos son malos. El informe dedica un epígrafe a Castilla y León, donde los alumnos han logrado un elevado nivel de satisfacción y muy buenos resultados.

Los pilares sobre los que se asienta un uso equilibrado de los medios digitales para los adolescentes son el apoyo de los profesores, los padres, y las instituciones. Todos tendrían que proporcionarles espacios que sientan propios, donde puedan construir creativamente su vida.


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