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¿Hablamos? El nuevo (viejo) arte de la conversación

En una era en la que nos vemos feliz (o forzosamente) esclavizados por los mails, las redes y el incesante WhatsApp, quizá sentarse a hablar cara a cara sea el mejor antídoto contra la tiranía digital. Tertulias, charlas y conversaciones vuelven a ponerse de moda entre los nostálgicos de lo real.

Imagen de la serie 'Friends'.
Imagen de la serie 'Friends'. d. r.

Las miradas fijas en las pantallas, los dedos moviéndose frenéticamente sobre los teclados, el silencio únicamente roto por el ruido de la cafetera. La estampa, herencia directa de esta era digital en la vivimos "conectados" 24 horas al día, es cada vez más común en cafeterías y bares, muchos reconvertidos en espacios de trabajo improvisados (coworkings solapados para autónomos pasados de café) más que en lugares de encuentro. Quizá por esa nostalgia por la era pretecnológica, es que han ido surgiendo iniciativas para revitalizar el arte de la conversación y las tertulias temáticas. Solo hay que saber buscarlas. A menudo, eso sí, gracias a internet y las redes sociales. Paradojas de la vida moderna...

Regreso al futuro

"Nuestro objetivo es estimular el pensamiento racional y crítico", explica Inma León, organizadora de Escépticos en el pub, una iniciativa de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. El formato, que se originó en el Reino Unido y que funciona en Madrid y otras ciudades españolas desde hace más de siete años, es sencillo: un bar, un ponente cualificado, un tema apasionante y una audiencia interesada que participa, pregunta, opina y se enzarza en la posterior tertulia.

"Hablamos de pseudociencias y fomentamos el pensamiento crítico", dicen los escépticos en el bar.

Empeñados en desterrar los mitos esparcidos por las pseudociencias, en sus últimas convocatorias los escépticos han hablado, por ejemplo, de plantas medicinales, experimentación con animales, la psicología detrás de las abducciones extraterrestres o las estrategias de seducción de algunas sectas. "Y muchas veces estas charlas sirven para "desvirtualizarnos", para ponerle cara a gente que conocías a través de las redes", explica León, también secretaria de la asociación Europa en Suma, que organiza tertulias mensuales acerca de temas como los refugiados o el futuro de las pensiones.

Situada en el centro de Madrid, la librería feminista Mujeres & Compañía organiza tertulias alrededor de libros y sus autores, pero también acerca de temas como la maternidad o los derechos de las mujeres. Por supuesto, transmiten estos encuentros a través de Twitter. "Tuiteamos para compartirlo con la gente que no ha podido venir. No es lo mismo que estar en persona, pero creemos que ambas cosas pueden convivir", explica Patricia Martínez, cofundadora del espacio.

Y los viajeros tienen su cita una vez cada dos meses en el hotel Rafaelhoteles Atocha, de la capital. Tertulias Viajeras es una iniciativa que varios blogueros especializados pusieron en marcha hace cuatro años. "Cuando nos reuníamos, hablábamos más de blogs y de tecnología que de los lugares que habíamos visitado. Por eso, pensamos: ¿por qué no organizamos unas tertulias viajeras?", explica Sele, uno de los fundadores. Empezaron invitando a los ponentes, pero decidieron cambiar el formato y abrir más la charla a los asistentes, que a menudo alcanzan el medio centenar.

Desde entonces, es más interesante y participativa. Centran la tertulia en un solo destino -la región portuguesa del Alentejo, por ejemplo- o dedican el encuentro a compartir trucos para viajar sin gastar mucho o proponer escapadas. De estos encuentros, explica su fundador, han salido muchos grupos nuevos de amigos. "Queremos hacer por los viajeros lo que el café Gijón hizo por los escritores". Son palabras mayores. Si existe una tertulia mítica es aquella de la que Umbral dijo una vez: "Aquí es donde pasaba todo, pero no pasaba nada".

Otras tertulias con solera son las que, a menudo, se improvisan en la cafetería del Círculo de Bellas Artes o en el Ateneo de Madrid, donde las hay para todos los gustos: desde política hasta "pensamiento marginal".

En Barcelona, los tertulianos aficionados tienen varias citas fijas. En algunas, se habla de filosofía, como la de la librería Laie; en otras, de flamenco (el segundo lunes de cada mes, en la Biblioteca Ramon d´Alòs-Moner). La librería Altaïr organiza tertulias de viajes y en el Centro de Cultura Casa Orlandai tienen lugar los "cafés científicos" el tercer miércoles de cada mes. Las tertulias más clásicas (y también las más sesudas e intelectuales) sobre economía, historia o filosofía tienen su casa en el Ateneu Barcelonès.

Las calles, nuevamente

Pero los cafés y las librerías no son el único reducto para los conversadores. En esto, la calle (y hasta la carretera) también tiene mucho que decir. Hay iniciativas como el mobiliario urbano de Sineu Graff, que invita a sentarse en mesas colectivas donde charlar con desconocidos y que está siendo un éxito en Francia. Y, en Nueva York, el movimiento FreeConvo ha revolucionado los barrios de la ciudad con sus sofás hinchables y sus carteles que invitan a mantener "conversaciones gratis".

"En Nueva York, la revolución son los sofás hinchables con carteles que invitan a charlar "gratis".

Todo empezó una tarde de aburrimiento de 2013, cuando dos veinteañeros, Tony Cai y Mike Scotto, se sentaron en un sofá abandonado en una calle de Brooklyn y colocaron el primer cartel invitando a los transeúntes a acomodarse y chalar un rato con ellos. Jennie Liang se unió al proyecto unas semanas más tarde. "Es importante que abandonemos nuestra zona de confort y empecemos a hablar con gente para poder construir sociedades más empáticas y humanas", explica Lang. También en Nueva York, el Birch Coffee se ha hecho famoso por sus cartelitos que animan a charlar con la persona sentada enfrente con preguntas abiertas como "¿Cuál fue el libro que te cambió la vida?". Hasta la plataforma de transporte colectivo BlaBlaCar anima a sus usuarios a entablar conversación mientras comparten trayecto y gastos.

Y mientras las tertulias se multiplican en bares y librerías, el wifi está siendo desterrado de otros, como el café Cometa de Barcelona, que decidió prescindir de la señal cuando sus mesas se convirtieron en reductos en los que todo el mundo tenía la vista fija en su pantalla. En Nueva York, Vancouver o Toronto estos bares ya son tendencia. Algunos, incluso, van más allá y optan por utilizar inhibidores de señal para que no puedas caer en la tentación de utilizar los datos de tu móvil. Otros han optado por estrechar las barras para que no sean usadas como mesa de trabajo. Así, donde antes solo se escuchaban los teclados, ahora se vuelve a conversar. Largo y tendido.


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