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En defensa de las vacaciones

Las necesitas para descansar, romper con la rutina, conectar contigo misma y olvidarte de tu vida cotidiana. Disfrútalas y no sabotees tu oportunidad de recuperar el equilibrio.

Una pareja en vespa de vacaciones.
Una pareja en vespa de vacaciones. cordon

Las vacaciones pueden resultar relajantes y enriquecedoras, pero también frustrantes si no se han preparado con acierto. Se puede vivir sin comer varias semanas; sin beber agua, varios días; pero sin dormir no se puede estar más de tres días. Sin descansar, acabaríamos enfermos. Tenemos una cantidad de energía psíquica limitada. Cuando sobrepasamos ese límite, aparecen los trastornos del sueño, la ansiedad y la falta de concentración, entre otros síntomas. Son señales que nos envían el cuerpo y el estado de ánimo, y que conviene escuchar.

Debemos defender las vacaciones y aprovecharlas. Es un tiempo necesario para reponer energías, para cambiar de aires y espacio, para pensar en nosotras y promover que podamos disfrutar de mejor equilibrio emocional. Desengancharse del ritmo cotidiano para mirar hacia dentro de uno mismo y conectarse con lo que te gusta es indispensable para seguir adelante el resto del año sin tanto estrés.

Las claves

  • Sola, con amigas, con pareja o con familia, te mereces unos días de descanso para disfrutar y renovar energías. Para conseguirlo, planea tus vacaciones con la idea de que este tiempo sea, en primer lugar, una inversión para tu equilibrio emocional. Será por lo tanto beneficioso para mejorar tu relación con aquellos que te rodean.
  • Reserva tiempo para hacer lo que te proporciona placer. Pide la ayuda que requieres para concederte el descanso que necesitas sin sentirte culpable por no estar cubriendo las necesidades de los otros.

Sin culpabilidad

Esther estaba contenta porque este año había defendido sus vacaciones dentro y fuera de sí misma. En su interior, había hecho un ejercicio de reflexión para organizar la vida cotidiana de manera que le quedaran unos días de descanso para ella y su pareja sin sentirse culpable. Esther tenía dos hijos y un trabajo que le gustaba mucho, pero que era agotador. Tenía además unos padres mayores y enfermos, que requerían cuidados de los que ella se encargaba en gran medida, a pesar de tener dos hermanas y un hermano.

Llegaba a estas fechas bastante agotada. Pero, después de una psicoterapia, empezaba a dominar las tendencias que le perjudicaban. Y es que Esther se pensaba insustituible y le costaba pedir ayuda tanto a sus hermanos como a otras personas. Tras esa actitud se escondía un antiguo deseo infantil: se sentía la preferida de su padre, que alababa en su imaginación la responsabilidad de la que hacía gala respecto a sus hermanos. Cuando comenzó a reconocer sus límites y a quererse con ellos, también empezó a disfrutar más de sus ocupaciones y su ocio. Comprendió que los demás podían quererla no solo por ser necesaria, sino por cómo era. Y dejó de sentirse culpable por no estar siempre a disposición de los demás.

Este año, había decidido dejar a los niños una semana con sus abuelos y organizar un viaje con su pareja a una playa. Sin horarios, solo ellos dos: pasear, leer y recuperar un tiempo del que no disfrutaban desde hacía mucho.

La economía psíquica

  • Nuestro psiquismo tiene una cantidad de energía limitada que conviene administrar. Existe un equilibrio entre la energía que ingresamos y la que gastamos. Debemos esta concepción económica del psiquismo a Freud.
  • Si hay una cantidad de excitación alta porque los impulsos son intensos, resulta preciso utilizar mucha fuerza para sofocarlos, lo que produce una lucha interna que fatiga. Si la tensión interna que soportamos es alta, podemos volver de las vacaciones tan cansados como nos fuimos.

Adiós conflictos

El estrés que vivimos a lo largo del año guarda relación con la cantidad de cosas que debemos hacer por obligación y con horarios estrictos. En vacaciones, los horarios se flexibilizan, desaparecen las obligaciones forzosas, los compromisos ineludibles y aparece el placer de ocupar el tiempo en actividades placenteras y en un ocio creativo que nos alimenta por dentro y nos carga de energía para enfrentar la siguiente etapa laboral.

Las mujeres nos movemos muy bien en el ámbito de lo privado, pero ¿defendemos nuestra privacidad o funcionamos más en relación al otro, intentando cubrir deseos ajenos y olvidándonos de nosotras mismas? La conquista de ese espacio privado y personal que no nos aleja de los demás, sino que nos acerca a nosotras mismas, es una construcción relativamente reciente que es importante defender en el día a día, pero sobre todo cuando disfrutamos del descanso.

Lo que puede arruinar ese descanso son los conflictos que no han sido resueltos y nos acompañan. Tenemos que defendernos de intentar resolverlos porque se pueden aplazar. No es el momento de resolverlo todo, sino de reflexionar y relajarse y, sin negar los conflictos, dar un poco de margen para saber que podremos ir haciéndonos cargo de lo que sucede y resolveremos la situación.

Si nuestros hijos son pequeños, podemos descansar un poco de ellos y sus largas vacaciones escolares, enviándolos unos días a un campamento o con los abuelos (si tenemos esa suerte). Si existen conflictos de pareja, puede que sea el momento para hablar porque el hecho de estar juntos las 24 horas hace aflorar más lo que ha estado oculto durante el año. Las vacaciones son muy esperadas por todos, pero con frecuencia se cargan de excesivas tareas y preocupaciones. Hay que llevar las justas.

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