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"Me agobia viajar"

Todo viaje es una aventura pero, para algunas personas, también un motivo de ansiedad. Viajar supone ir al encuentro de lo desconocido y para aquellos que quieren tenerlo todo bajo control, una dura prueba.

Me agobia viajar.
Me agobia viajar. adobe stock

Viajar es un placer. Para algunas personas, los países lejanos son su objeto de deseo. Pero para otros, en cambio, salir de casa puede devenir en una vivencia agobiante. Ahí están el miedo al avión, a que ocurra algo malo lejos del hogar, a los idiomas y, en fin, a una sucesión de desgracias que pasan por la cabeza de los no viajeros antes incluso de haber hecho las maletas. No es raro que tales pensamientos produzcan ansiedad. El viaje es una forma de búsqueda. Viajar no implica solo un desplazamiento geográfico, sino también uno de carácter interior. Se abandona temporalmente lo que se considera propio para acudir al encuentro de lo diferente.

Lo que produce ansiedad es el hecho de que el viaje rompe el vínculo con lo familiar y con todo aquello que, en definitiva, se cree controlar. La separación espacial alude a una separación interna que angustia a algunos individuos porque representa algo intolerable. Puede estar asociado a la pérdida del amor de determinadas personas, porque siendo niños sufrieron separaciones que no pudieron elaborar. Viven el viaje como una pérdida, no como una experiencia enriquecedora. En ocasiones, el recuerdo de un accidente durante unas vacaciones puede registrarse como un trauma que sirve de coartada para no volver a viajar. En todo caso, las verdaderas razones a este miedo se encuentran en accidentes psíquicos que no se han tramitado de forma adecuada.

El sentido de este miedo o incomodidad ante el viaje es particular para cada uno. Según la historia vivida, su origen se encuentra en la infancia, en la relación con los padres. Es posible que no hayan tenido experiencias de este tipo, que sus padres no hayan viajado con ellos, que no tengan el hábito de viajar. Hay familias a las que la casa les proporciona una seguridad a la que no están dispuestas a renunciar. Pero lo importante, repetimos, se juega en el interior. Inconscientemente, estas personas no se autorizan a separarse de los padres y mantienen hacia ellos un apego que no les permite una distancia adecuada. Separarse está asociado a una idea de peligro. Alguno puede sufrir un daño.

Las claves:

  • La incapacidad de disfrutar de un viaje se gesta en la infancia. El niño que el adulto lleva dentro de sí no se autoriza a organizar una vida fuera del ámbito familiar. Las ideas sobre lo que se pierde se tienen que compensar con reflexiones sobre lo que se encuentra; nuevas experiencias que alimentan nuestra vida.
  • El miedo hacia algo esconde un deseo inconsciente del que nada sabemos y que intenta expresarse atemorizando a nuestro "yo".

Abandonar el pasado

Marta le contaba a su amiga Inés lo agobiada que se sentía ante el viaje que su pareja había organizado a Nueva Zelanda. Le parecía demasiado lejos. Solo la idea del avión le quitaba el sueño. Tampoco sabía qué ropa llevar y tenía miedo de que a su madre, que estaba un poco enferma, le pasara algo mientras ella se encontraba fuera. Una vez, cuando estaba en el instituto, salió de viaje con sus compañeros y tuvieron que ingresarla. Se sintió culpable y pensó que no debería haberse ido.

Inés sonríe y le dice a Marta: "Te entiendo muy bien, a mí antes tampoco me gustaba viajar. Ahora sí porque he cambiado. Me lo paso bien y me gusta conocer sitios nuevos. Cuando vuelvo, vengo renovada. Miro lo que me rodea de otra manera, algo ha cambiado, creo que yo. Pero no siempre fue así".

El cambio al que se refiere Inés alude a un tratamiento psicoanalítico que había acabado hacía poco y que le sirvió para sentir que ahora era ella la que dirigía su vida. Uno de los miedos que tuvo que afrontar era el de viajar lejos de su casa. Inés descubrió en su tratamiento que el viaje estaba asociado para ella a vivencias infantiles. Siendo muy niña, tuvo que separarse de su madre largas temporadas, rompiendo así el apego necesario entre madre e hija. Este suceso le produjo el deseo de no volver a separarse de ella.

La resistencia al cambio:

  • Se trata de la actitud conservadora de los impulsos inconscientes, que siempre repiten lo conocido y no quieren enfrentarse a nuevas opciones. Se produce porque el "yo" tiene miedo a conocer sus conflictos y se refugia en su casa.
  • Lo opuesto a esta actitud, que consistiría en una excesiva facilidad para cambiar, puede ser una trampa, pues se puede variar todo, pero seguir repitiendo la misma relación de siempre. El verdadero cambio se realiza mirando hacia dentro.

Viajar representaba para Inés lo que vivió como un abandono en su infancia y le provocaba mucha rabia contra su madre y, al mismo tiempo, culpa. En su fantasía, su madre recibiría un daño si ella se iba. La cantidad de energía psíquica que Inés gastaba en ese y otros conflictos reprimidos, se liberó cuando supo qué representaba para ella el miedo a viajar y pudo ir depositándola en realizar deseos que la llevaban a disfrutar, ahora también de los viajes.

Freud utilizaba la metáfora del viaje para explicar en qué consiste un psicoanálisis. En uno de sus artículos explicaba: "Diga todo lo que le pase por la mente. Compórtese como lo haría, por ejemplo, un viajero sentado en el tren, del lado de la ventanilla, que describiera para su vecino del pasillo cómo cambia el paisaje a su ".

Todo viaje lo promueve un deseo de saber, de descubrir, y eso es lo que sucede en un tratamiento psicoterapéutico. En cierto modo, se trata de un billete de ida a países o lugares desconocidos. Tan ignorados como los movimientos que se producen en la parte más oscura de nuestra mente y que determinan nuestro viaje vital. Ambos viajes, el espacial y el interior, se encuentran interrelacionados y dependiendo de la capacidad que tengamos cada uno de nosotros para afrontar los imprevistos y lo desconocido aceptaremos los cambios que toda experiencia nueva promueve. Así, podremos vivirlos con mayor o menor placer o con inquietud y agobio.

Además...

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- No me arrepiento


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