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Deseando volver al trabajo

¿Necesitas vacaciones de las vacaciones? Quizás tras esa situación se esconde la necesidad de huir de conflictos latentes que tienen mucho que ver con haber renunciado a los deseos más íntimos.

Una chica trabajando con su ordenador.
Una chica trabajando con su ordenador. adobe stock

Los días de descanso se acaban y, mientras que a algunos este tiempo se les ha hecho corto, otros están esperando con alegría volver a la rutina. ¿Por qué? Si las relaciones personales no marchan bien, en las largas jornadas con la familia y la pareja pueden salir a la luz más tensiones que en la vida cotidiana. También es posible que no nos encontremos a gusto con nosotros mismos y eso nos impida disfrutar del descanso.

Raquel necesitaba volver a la normalidad. Había pasado las vacaciones en el pueblo, con su marido, los niños y sus padres, y no había conseguido descansar, porque estaba pendiente de las necesidades de todos. Tampoco había podido rescatar tiempo para estar con su marido y sentía más que nunca que la comunicación no funcionaba. En cualquier caso, había conseguido decirle algo importante: necesitaba dos tardes de la semana libres para un curso que quería hacer de diseño gráfico.

Raquel trabaja como administrativa en una empresa de publicidad. Tiene dos hijos de siete y 10 años, y su marido es abogado. Ella estudió Derecho también, pero no llegó a ejercer. Con tantos quehaceres, no se había parado a pensar por qué a veces está, además de cansada, triste. Raquel todavía no se ha hecho la pregunta de si la vida que lleva se debe a un guión que ha escrito ella o que le han propuesto los demás.

En su familia no se valoraba lo que a ella le gustaba, que era pintar y dibujar. Hubiera querido hacer Bellas Artes, pero, respondiendo al deseo paterno, estudió una carrera que no le gustaba. Raquel cumple con responsabilidad todas sus tareas domésticas, laborales y maternales. Sabe que hace las cosas de forma correcta, pero no obtiene gratificaciones emocionales suficientes.

Las vacaciones le han servido a Raquel para conectarse mejor con su verdadero yo. Durante el otoño, no solo va a comenzar a hacer diseño gráfico, también va a diseñarse a sí misma desde sus deseos y no desde lo que supone que los demás esperan de ella. No sabe si más adelante podrá optar a un puesto en el que hacer lo que le gusta, pero tener un espacio donde aprender algo que siempre quiso hacer la llena de satisfacción. Incluso sabe que se sentirá mejor con su pareja y sus hijos. Al final de sus vacaciones, se hizo una pregunta importante: ¿los demás necesitaban tanto de ella, o era una necesidad suya sentirse tan demandada? Esto la hizo sentirse menos culpable y más libre interiormente.

Las claves

  • Si estás deseando volver y descansar de tus vacaciones, es posible que no sepas reservarte tiempo para ti cuando estás dentro del ámbito familiar. El trabajo y lo que te aleja de ellos te tranquiliza.
  • Idealizar las vacaciones suponiendo que se pueden arreglar conflictos pendientes solamente por estar juntos es un error. Lo más probable es que suceda lo contrario, que se ponga de manifiesto lo que iba mal antes de comenzarlas.Si solo has dedicado tiempo a las necesidades de los otros, qué ha quedado para ti.

Sentirse como un autómata

Empezar o mantener un proyecto que nos reconcilia con nuestro mundo emocional alimenta el deseo de vivir y puede ser la mejor forma de comenzar la vuelta al trabajo. La familia que tenemos y las relaciones amorosas que hemos construido son muy importantes, pero la actividad personal relacionada con el trabajo y cómo defendemos nuestro espacio también lo son.

Si nos sentimos un poco autómatas al realizar multitud de tareas y no hemos podido disfrutar de las vacaciones, es que estamos inmersas dentro de una personalidad falsa habitada por deseos inconscientes. Debemos desenmascararla para buscar la verdadera.

La personalidad falsa es aquella que se organiza cuando la adaptación a lo que se espera de ti es casi total. En tales casos, actúas y respondes a las expectativas de los otros, intentando llegar a convencerte de que también era "solo" eso lo que tú querías y desconociendo el deseo que te lleva a colocarte en esa posición. De esta forma, pierdes el contacto con una parte importante de tu vida interior y con tus sentimientos. No obstante, como esos deseos que responden a lo que tú quieres, más allá de lo que los otros esperan, amenazan con manifestarse, entablas una lucha con lo que te rodea, por lo que te sientes cansada cuando estás mucho tiempo con tu familia, como sucede en vacaciones.

El deseo inconsciente

  • El deseo hace vivir al ser humano y lo dirige hacia la búsqueda de la afirmación de sí mismo, de su creatividad y de su potencia como adulto. Cuando falla la realización, aparece la angustia. Este síntoma es una protesta, porque algo importante no puede ser escuchado.
  • Mediante el deseo canalizamos la energía psíquica. Es la fuerza que empuja nuestros sueños y guía nuestros pasos. Cuanto más lo escuchemos, más dueñas seremos de nuestra vida.

Somos el resultado de una continua interrelación entre lo que nos rodea y nuestro mundo interno, entre los deseos de los otros y los nuestros, entre responder a lo que los demás nos demandan y lo que deseamos nosotras. Las gratificaciones emocionales son necesarias para sentir alegría y placer. Pero en la formación de nuestro "yo" tuvo una gran importancia la necesidad de responder a lo que los otros querían de nosotros. Responder al deseo del otro es el camino que encontramos para sentirnos queridas y satisfacer nuestro deseo de ser necesarias. Sin embargo, tiene sus peligros: hacernos olvidar, por ejemplo, las aspiraciones propias.

Colocarnos allí donde nos reclaman, sin reflexionar sobre si queremos o no hacerlo, o si con ello estamos escabullendo realizar otras cosas importantes para nosotras, es peligroso para la salud mental. Volver al trabajo puede ser una liberación de las tensiones familiares o de pareja que estaban latentes y el tiempo de vacaciones y convivencia han puesto de manifiesto.


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