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¿Quién cuida los huérfanos de la violencia de género?

Sobrevive, pero quedan heridos para siempre. Niños incapaces de dormir, asustados, que pierden a su madre y a su padre al mismo tiempo.

Un niño abrazado a una mujer.
Un niño abrazado a una mujer. mujerhoy

¿Cómo es el vía crucis del día después? ¿Quién les cuida? ¿Por qué pierden la pensión de orfandad cuando son adoptados por sus tíos o abuelos? ¿Cuáles son las consecuencias colectivas para las familias que se hacen cargo de su duelo, de su vida y de sus necesidades económicas?

Los niños están bien. Es lo que piensa Luz Marina: sus sobrinos, de ocho y 12 años, sacan sobresalientes, estudian inglés y juegan al fútbol por las tardes en Santa Cruz de Tenerife. Su día a día es como el de cualquier niño de clase media. Colegio, deporte y actividades extraescolares. Pero, en realidad, su vida está muy lejos de ser como la de los otros niños. Cambió de una manera brutal cuando, cuatro años atrás, su padre, José Miguel Mendoza asesinó a su madre, Guacimara Rodríguez, en su presencia. Como si fueran invisibles. Como si los condenara a la invisibilidad.

Mendoza calculó fríamente el asesinato de su exmujer. Estaba cerca. A pesar de su reciente separación, se las había arreglado para encontrar una nueva vivienda frente a la de la madre de Guacimara (la abuela de sus hijos). Salió de casa con un cuchillo de caza de 35 centímetros. Oculto bajo una capucha, se escondió en el rellano de enfrente. Cuando ella salió de casa con los dos niños, le asestó 13 puñaladas en el pecho y la espalda, hasta que le dejó encajada la hoja de metal entre dos vértebras. En el juicio, Mendoza reconoció que no le importaron los gritos y llantos de sus hijos, porque él iba decidido "a matarla".

Invisibles. Así son los huérfanos de la violencia machista. Los presentes ausentes. Sin padre ni madre, tan ignorados que no aparecían en las estadísticas oficiales de víctimas hasta hace solo cuatro años. Apenas hay datos, no hay seguimiento, no reciben ayudas específicas y no se sabe mucho de ellos. ¿Dónde están? ¿Cómo están? ¿Quién les cura las heridas?

Aunque la Ley Integral de Violencia de Género se aprobó en 2004, las cifras de huérfanos no entraron en las estadísticas hasta nueve años después. Según datos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, 178 menores han perdido a sus madres a manos de sus padres, entre 2013 y agosto de 2017.

Daños colaterales

Pero la Fundación Mujeres estima que, desde 2004, la cifra de huérfanos ha ascendido hasta los 500 menores. "La relación entre madre asesinada y huérfano está casi en 1:1, hay casi tantas víctimas como huérfanos. Es una consecuencia de la violencia de género que merece una reparación por parte de la sociedad", denuncia su presidenta, Marisa Soleto.

Tras un asesinato, la onda expansiva de daños colaterales llega muy lejos: a los niños, pero también al resto de su familia. La acogida, la herencia, el juicio… lo que conlleva consecuencias psicológicas, legales y económicas. Y es que, tras el asesinato, las familias se ven sumidas en un laberinto de dificultades que puede prolongarse durante años. Un informe del Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla Prieto –unas ayudas para el desarrollo personal, apoyo educativo y reparación del daño a huérfanos de madres asesinadas por violencia de género– aclara que "normalmente, son los familiares quienes se hacen cargo del cuidado de ellos. Sobre todo los abuelos maternos".

Pero cuando ningún familiar lo hace, la Administración asume su tutela. El menor puede ser adoptado, acogido o tutelado. Y alguien tiene que dar el paso al frente, una decisión que no resulta sencilla, como explicó David, padre adoptivo de la hija de su hermana, en el Congreso. El calvario para la sobrina de David comenzó hace tres años, cuando presenció cómo su padre mataba de un tiro en la sien a su madre. Tuvieron que pasar tres meses para que la Policía detuviese al asesino, después de que él montara la hipótesis de que la víctima se había suicidado. Y mientras tanto, la familia materna no supo “absolutamente nada” de la niña porque su progenitor la alejó de todo aquello que pudiese recordarle a la madre: "El desarraigo más absoluto y total".

¿De quién son los niños?

Finalmente, lograron adoptar a su sobrina, pero esa decisión implicaba, al mismo tiempo, un importante revés económico: perder su pensión de orfandad. "No parece muy concordante que, para poder proporcionar mayor protección jurídica y cotidiana a un menor huérfano víctima de violencia de género, este tenga que ser penalizado con la pérdida de la totalidad de su pensión. La menor es la auténtica víctima", criticaba David en un discurso que provocó las lágrimas de los políticos.

Hasta 2015, a muchos huérfanos se les negaba la pensión de orfandad completa, porque su madre no había cotizado el tiempo necesario. Es el caso de los sobrinos de José Antonio Picazo. Su hermana Andrea fue estrangulada de noche por su pareja. "Les denegaron la pensión de orfandad, porque ella no tenía 15 años cotizados y no estaba inscrita en demanda de empleo. El problema era que él la quería encerrada y no la dejaba trabajar", admite Picazo. Muchos jueces han tratado de salvar el problema, reinterpretando la ley, algo que la Seguridad Social ha recurrido en numerosas ocasiones.

El asesinato fue una bomba que lo destrozó todo. Mi hermano y yo nos divorciamos"

luz marinaHermana de la víctima.

Cada caso es un mundo. Carmen Sánchez, que además es presidenta de la Asociación Beatriz de Hinestrosa, es tía de dos chicos que vieron cómo su padre, guardia civil, mataba a su madre, Toñi, con su pistola reglamentaria. Ocurrió hace 16 años en Córdoba. En su caso, apostaron por el régimen de guarda y custodia. "La patria potestad era de sus abuelos. Los niños, que entonces tenían seis y 10 años, estaban acostumbrados a estar con mis padres, así que no se dudó: se quedaron en casa de ellos. Eso sí, sus tías asumimos roles de mamás postizas. Mi madre ya tenía un vínculo emocional de abuela con ellos y no le vio sentido a adoptarlos", explica Sánchez.

Luz Marina Rodríguez. Su cuñado cruzó la calle y le asestó 13 puñaladas a su hermana delante de sus dos hijos, que hoy tienen ocho y doce años. "Y están bien".
Luz Marina Rodríguez. Su cuñado cruzó la calle y le asestó 13 puñaladas a su hermana delante de sus dos hijos, que hoy tienen ocho y doce años. "Y están bien".

Luz Marina, hermana de la víctima tinerfeña, Guacimara Rodríguez, alojó a sus sobrinos en su casa durante las primeras dos semanas. Ella tenía tres niños y apenas había sitio en su casa. Finalmente, fue su hermano el que se los llevó en régimen de acogida. Era el único que no tenía hijos pequeños. "Simplemente lo decidimos así, porque vimos muy agobiada a mi madre, que no paraba de decir que ella podía ser abuela, pero no madre", explica Luz.

Les negaron la pensión porque ella no había cotizado. Él no la dejaba"

J.A. PicazoDos sobrinos a su cargo.

Y es que, durante el duelo, mientras se van construyendo los cimientos de una futura familia, toca salvar los muebles. Literalmente. En el caso de Luz, no querían que sus sobrinos perdieran las propiedades de la madre. De ese modo, Luz y sus hermanos se hicieron cargo de las facturas del coche y la vivienda (hipoteca, agua, electricidad, comunidad...), mientras se culminaba el proceso de herencia.

Abogados, material escolar, manutención... Hasta que termina el laberinto administrativo y judicial, los gastos corren exclusivamente de su cuenta. Las familias se sienten muy desprotegidas a todos los niveles. Luz Marina Rodríguez señala que "es un camino durísimo, con muchas cosas que no se ven. Yo me he gastado todos mis ahorros; no ha sido solo el daño psicológico, sino el económico".

Y además está la cuestión de que, a veces, la Justicia (o el sistema) es muy injusta. Después de matarla, el asesino de la hermana de David obtuvo las pensiones de viudedad y orfandad. El hermano de la asesinada tuvo que informar a la Seguridad Social para que le bloqueara la pensión. Según David, el dinero que cobró indebidamente, y que corresponde a su sobrina, no lo va a devolver nunca.

Sin remordimientos

Las organizaciones critican que la Justicia debería resolver estos casos con mayor celeridad, ya que la vuelta a la normalidad de los menores se ve muy afectada por los retrasos judiciales y las trabas administrativas.

"No solo nos hemos olvidado de ellos, sino que se han manejado conceptos dañinos para la protección de los menores, como el hecho de que una relación violenta no tiene por qué afectar al ejercicio de la paternidad. Nos preocupan las sentencias en las que no se retira la patria potestad ni se evita el contacto con un padre maltratador", subraya Soleto.

Dolores Rodríguez. Psicóloga de la asociación Amuvi, que asiste a mujeres víctimas de la violencia sexual y de género, senañala que "los niños corren el riesgo de terminar aprendiendo comportamientos del agresor o de la víctima".
Dolores Rodríguez. Psicóloga de la asociación Amuvi, que asiste a mujeres víctimas de la violencia sexual y de género, senañala que "los niños corren el riesgo de terminar aprendiendo comportamientos del agresor o de la víctima".

La exposición a la violencia provoca en los menores problemas de conducta, agresividad, hostilidad, abuso de sustancias, problemas de autoestima, miedos y retraimiento, según recoge la psicóloga Mª Vicenta Alcántara en su tesis doctoral sobre víctimas invisibles. Si además no se actúa en las primeras 72 horas, los problemas psicológicos pueden agudizarse.

La ira, el duelo, el miedo

Dolores Rodríguez Mesa está especializada en estos casos. Recalca que si la muerte de un progenitor ya es un trauma, en los casos de violencia machista las consecuencias se multiplican. Los menores son muy conscientes, sobre todo a partir de cierta edad. "El niño lo recuerda y oye todo, aunque no se vea directamente involucrado. Eso le causa pesadillas constantes y problemas de autoestima. Al final, siempre le resulta nocivo, porque termina aprendiendo comportamientos del agresor o de la víctima", detalla esta psicóloga del programa de Acción Social por la Igualdad de Andalucía.

José Antonio Picazo explica que su sobrino pequeño, que tenía cuatro años cuando su padre mató a su madre durante la noche y con él en casa, "no era capaz de dormir solo. El año siguiente fue muy duro, porque tuvimos lograr que descansara". Picazo describe a sus sobrinos, de ocho y 15 años, como "muy callados. Tienen puesto su caparazón y les resulta muy difícil hablar".

Según Luz Marina Rodríguez, en Canarias sus sobrinos contaron con "apoyo psicológico, pero les dieron el alta demasiado rápido. Yo creo que habría que hacerles una revisión cada cierto tiempo, porque no sé cómo van a reaccionar ante determinadas situaciones". En Castilla-La Mancha, los sobrinos de José Antonio Picazo acuden a la psicóloga cada 15 días. El tratamiento se interrumpe en verano y depende de los fondos con los que la Junta subvenciona a la asociación que los atiende.

El tratamiento psicológico varía según la comunidad autónoma. Andalucía, por ejemplo, fue pionera, en 2009, al reconocer como víctimas directas de la violencia de género a los hijos de las mujeres maltratadas. Ahora se ha ampliado su programa con una intervención de choque en las primeras 24 horas, para evitar que el trastorno por estrés agudo se cronifique, convirtiéndose en estrés postraumático.

La psicóloga Dolores Rodríguez considera "un gran error que no reciban un tratamiento adecuado, porque tienen que trabajar tanto la ira como el duelo". Según Rodríguez, los niños "nunca pierden el miedo". El día del asesinato, los hijos de Guacimara no dejaban de observar la calle desde la ventana. Les aterrorizaba que su padre volviera para hacerles daño.

Carmen Sánchez. Su hermana Toñi fue asesinada a balazos por su marido. Desde entonces, Carmen, su madre y sus hermanas se hacen cargo de los huérfanos, que con seis y diez años los presenciaron todo.
Carmen Sánchez. Su hermana Toñi fue asesinada a balazos por su marido. Desde entonces, Carmen, su madre y sus hermanas se hacen cargo de los huérfanos, que con seis y diez años los presenciaron todo.

Carmen Sánchez cree que a sus sobrinos "lo que les costó más trabajo fue separar el hecho de que su padre, con el que habían estado jugando unos días antes, se convirtiera en el asesino de su madre de la noche a la mañana. A partir de ese momento, dejó de serlo". El cambio de hogar, según la psicóloga, resulta "positivo, aunque en cualquier caso, como no son sus padres, tienen que aprender a convivir".

Recluidos en el silencio

Por otro lado, resulta habitual que, ante la falta de recursos de la Administración para ellos, las familias piensen que no ser ayudados es lo normal. Según Marisa Soleto, "solemos decir que son unas víctimas invisibles, porque el recuerdo de la tragedia se convierte en algo muy incómodo, que tratan de olvidar para poder recuperar la normalidad. Al final, estas familias se confinan en sus vidas cotidianas y terminamos desconociendo el daño producido".

Luz Marina define el asesinato de su hermana como una explosión. "Fue una bomba lapa, que lo minó y destrozó todo. Yo dejé de ser la misma: tenía una vida antes de 2013 y otra después. Mi hermano y yo terminamos separándonos de nuestras parejas. Mi madre ha envejecido muy rápido. Tu vida cambia y sufres problemas como ansiedad, rabia y dolores de estómago y de cabeza. Eso ya es normal en mi día a día".

Por esa razón, las familias y las asociaciones piden a las administraciones pensión absoluta para los huérfanos. "Habría que equiparar los derechos de estos huérfanos con los de las víctimas de terrorismo", sentencia Picazo. El Pacto de Estado contra la Violencia de Género, aprobado por el Congreso de los Diputados en agosto, contempla varias medidas como garantizar la idoneidad de los tutores de los huérfanos, pensión completa de orfandad y ayudas y desgravaciones fiscales para las familias de acogida; pero no termina de implementarse.

El niño oye y recuerda todo. Y por eso sufre constantes pesadillas"

Dolores rodríguezPsicóloga.

Un estudio de la Universidad de Granada revelaba que la indemnización del Estado a las víctimas de violencia machista es 10 veces menor que a las de terrorismo: menos de 60.000 € frente a más de 600.000 €. Luz Marina explica que "la indemnización fue de 20.000 € a cada uno de mis sobrinos. Como mi hermana tenía un seguro de 12.000 €, les descontaron esa parte. Además, como todos trabajamos, no tuvimos derecho a abogado de oficio y tuvimos que pagar dos: uno para nosotros y otro, para los niños".

En el caso de Toñi Sánchez, la hermana de Carmen, cada niño recibió 210.000 €, los abuelos, 30.000 € y el Estado fue el responsable subsidiario, al haberse cometido el crimen por un miembro de las fuerzas de seguridad. Los sobrinos de José Antonio recibieron una indemnización de 150.000 €. Pero el pago sirvió también para restarle años de condena al homicida. Si el condenado se declara insolvente y no hay responsable subsidiario, las indemnizaciones no llegan nunca a las víctimas.

Mientras el Pacto de Estado se materializa, las asociaciones tratan de aportar su granito de arena. Desde el Fondo de Becas Fiscal Soledad Cazorla Prieto desean que "puedan tener una vida normal. Por eso, nuestras becas se centran en ayudas de estudio".

Con derecho a un futuro

Nieves y Damián vivían en un pueblo de Sevilla y se quedaron huérfanos hace 11 años: él tenía 14 años y ella ya era mayor de edad. Su vida quedó truncada. Nieves declara que le "habría gustado seguir estudiando un módulo de peluquería y a mi hermano, cursar estudios superiores. Con los 800 € que ganaba con mi trabajo, solo teníamos para pagar la hipoteca y las facturas, así que ni pudimos plantearnos seguir estudiando”.

Si finalmente se cumple el Pacto de Estado, los huérfanos como Nieves o Damián dejarán de ser invisibles para la sociedad. Los niños, entonces sí, podrán estar bien.


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