mujerHoy

vivir

¿Por qué no acabamos con la mutilación genital femenina?

Hoy es el Día de la Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina (MGF), una práctica que afecta a tres millones de niñas y jóvenes todos los años.

Una mujer protesta en Londres contra la mutilación genital femenina.
Una mujer protesta en Londres contra la mutilación genital femenina. GTRES

Más de 200 millones de mujeres han sufrido algún tipo de mutilación: la extirpación de los genitales femeninos puede llegar a ser total, depende de la pericia de la “cortadora”. Las consecuencias son terribles: infecciones vaginales o uterinas de por vida, partos con riesgo de muerte, todo tipo de disfunciones sexuales, relaciones sexuales dolorosas, problemas para orinar, infertilidad, estrés post-traumático y fallecimiento, en caso de que la mutilación se produzca en entorno no esterilizados y con cuchillas, tijeras o cristales rotos. Las condenan a una vida de dolor crónico, enfermedad y sumisión.

Un dato importante: la mayoría de las MGF se produce en Somalia (un 98% de mujeres están mutiladas), Egipto (un 95%), Mali (92%) y Gambia (78%). Pero eso no significa que no tengamos que lidiar con este problema en nuestro territorio: casi 17.000 niñas procedentes de África, Oriente Medio o Asia están hoy en riesgo de ser mutiladas. Viven sobre todo en Cataluña, Madrid y Andalucía y lo habitual es que no sean sometidas a esta terrible práctica mientras están en España, sino cuando vuelven de visita a su país. Es entonces cuando las abuelas aprovechan para infringirles lo que para nosotros es un daño irreparables y para ellas, una señal de amor. Esta es una de claves que explican que la prohibición no logre terminar con lo que ya se considera un delito en Occidente e incluso se prohibe en varios países africanos.

Las madres y abuelas que mutilan a las niñas lo hacen para que no sean consideradas promiscuas y sucias y para que puedan casarse sin problemas. De ahí que, aunque existan leyes que lo prohiben, la práctica continúe como parte de la tradición y la identidad de estos pueblos. Muchas de las “cortadoras” profesionales creen que ayudan a las mujeres a preservar su virginidad hasta el matrimonio y a permanecer fieles durante el mismo. De esa forma, el honor de toda la familia permanece intacto. Por eso, como sucede con otras tantas manifestaciones de la sumisión de la mujer en la sociedad, en la familia y en el matrimonio, el principio de la solución no comienza realmente con la prohibición legal, sino con la educación que promueva un cambio de mentalidad.

En otras ocasiones, las familias creen que se trata de un requisito religioso, aunque ninguna religión exige esta práctica. Sus orígenes no están claros, pero el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) explica que son anteriores a los comienzos del islam y del cristianismo. La ablación es practicada por algunos grupos musulmanes, por ciertos grupos cristianos y judíos y por los seguidores de algunas religiones animistas, sin respaldo real en ninguna tradición religiosa. Incluso persiste en la tribu colombiana de los emberas, como rito de paso de la niñez a la edad adulta. Se trata de una tradición cultural que, como todas, es susceptible de ser erradicada, siempre con un exquisito cuidado para que las mujeres y niñas que ya han pasado por ella no se sientan estigmatizadas.

Otras noticias sobre la ablación

- Lugares donde ser mujer es un infierno.

- Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

- Memorias de una ablación, por Cristina Morató.


Horóscopo