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¿Tienes un intestino feliz?

Lo que pones en tu plato puede estar detrás de tus problemas de salud y obesidad, o puede mantenerte sana y en forma. Estas son las claves.

Penélope Cruz en 'Volver'
Penélope Cruz en 'Volver' D.R.

Un intestino feliz es el que extrae todos los nutrientes que el organismo necesita a partir de los alimentos, sin provocar malestar, gases, hinchazón o dolor, y generando normalmente un movimiento fecal cada día. "En cambio, un intestino disfuncional no solo produce síntomas digestivos, sino muchísimas enfermedades crónicas, tanto físicas como mentales".

Así lo afirma el dr. Vincent Pedre, autor del libro Happy Gut (Intestino feliz), publicado recientemente en EE.UU. y convertido ya en un best seller. Gluten, lácteos, azúcares, harinas blancas, conservantes, colorantes, pesticidas, antibióticos y hormonas para el ganado, fármacos para la acidez estomacal... son un tabú para este médico que compagina la dirección de una clínica especializada en trastornos gastrointestinales (el Centro de Salud Integral Pedre) con su trabajo como médico internista en Nueva York.

Este sistema propone curar empezando por el microbioma intestinal.

Al leer el libro, crees a veces estar en la página web de una de esas famosas de Hollywood (como Gwyneth Paltrow), que dan consejos de nutrición como si fueran gurús. Palabras como detox, holístico, mindfulness, libre de gluten, sin lactosa, orgánico... saltan en cada capítulo. Pero no te engañes. El libro ha sido definido por prestigiosos médicos norteamericanos como la "guía definitiva" para entender por qué la salud intestinal es esencial para una salud integral.

"Happy Gut va dirigido a los millones de personas que sufren de trastornos digestivos, enfermedades autoinmunes, fibromialgia, cansancio crónico, migrañas, alergias y asma o que, simplemente, no consiguen perder peso", escribe el dr. Mark Hyman, que practica la Medicina Funcional y cuyo libro Blood Sugar Solution 10 Day Detox Diet (La solución del azúcar en la sangre) es hoy una biblia para "vigilantes de la dieta" a este y el otro lado del Atlántico.

Los mandamientos:

  1. La dieta debe ser personalizada, con muchos vegetales y algo de carne. El doctor Vincent Pedre también defiende la incorporación de grasas omega-3, tanto de fuentes vegetales (aguacates o frutos secos) como de pescados azules.
  2. Los fermentados favorecen una flora intestinal saludable. Da lo mismo que sea a través del yogur o el kéfir, de vegetales como el kimchi o de bebidas como la kombucha.
  3. "Yo me preparo grandes ensaladas y muchos platos de verduras al vapor. Evito los lácteos y el gluten, y procuro comprar productos locales y de temporada. Por supuesto, evito la exposición a pesticidas", explica el experto.
  4. "También me encanta la rúcula. Es un sabor terrenal, mineral, que se acentúa al máximo si le añades un toque de pimienta negra y un hilo de aceite de oliva virgen extra", asegura Pedre. Las espinacas baby, la lechuga romana, las endibias y las acelgas también están incluidas, son superverduras.
  5. Como suplementos energizantes, recomienda la spirulina, un alga repleta de vitaminas y minerales. También la maca, una raíz cuyo polvo se puede añadir a un licuado de frutas y verduras para el desayuno. El caldo de verduras con huesos, rico en minerales, estimula también las defensas y cuida el intestino.
  6. Y para superar el deseo de tomar azúcar, nada como respirar hondo tres veces y beber mucha agua, que limpia el organismo de toxinas, mejora la producción de energía por las células y ayuda a perder peso. Otra opción es tomar una cucharadita de aceite de coco, que reduce el deseo de dulce. Las infusiones también son saludables. Por ejemplo, la de menta piperita calma el sistema nervioso y ayuda a controlar el apetito.

Buscar al culpable

Muchísimas enfermedades crónicas tienen origen en un sistema digestivo disfuncional. Para combatir esa disfunción, Pedre propone hábitos capaces de mejorar la composición de la microbiota, ese jardín interno de microorganismos que viven en nuestro intestino.

"El síndrome de intestino irritable (que conlleva dolor intestinal, gases, distensión abdominal, y bien diarreas o estreñimiento) es el problema gastrointestinal más frecuente, pero no es un trastorno psicológico que se cura con antidepresivos, como proponen algunos. Detrás del problema está la disbiosis o desequilibrio entre microbios intestinales buenos y malos", dice este experto.

¿La causa de ese problema? Una dieta desequilibrada y muy procesada, y otros factores del entorno, como el abuso de antibióticos: una sola tanda de antibióticos puede alterar la flora intestinal durante un año. "Si pensamos en el abuso de antibióticos que hay en la actualidad, no es extraño que veamos tantos casos de disbiosis", concluye.

El intestino es un segundo cerebro, tiene su propio sistema nervioso.

El meollo de este best seller es el sistema Gut C.A.R.E. (siglas en inglés de limpiar, activar, restaurar y potenciar), que promete curar el organismo desde dentro, empezando por el microbioma intestinal. Consiste en un plan de 28 días en el que solo están permitidos alimentos detallados en una lista.

El objetivo es evitar aquellos que puedan producir sensibilidades, limpiar el intestino de posibles patógenos y reemplazarlos con una dieta rica en prebióticos y otros nutrientes que ayuden a sanear el intestino. Al cabo de las cuatro semanas, se van introduciendo poco a poco alimentos no permitidos y observando cuáles producen los síntomas no deseados, para así poder evitarlos.

El método tiene su origen en la propia experiencia personal de Vincent Pedre. "De niño sufría lo que mis padres definían como un intestino nervioso -cuenta-. Cada vez que vivía una situación estresante, se me revolvía el estómago y acababa vomitando. Además, tenía continuos resfriados, sinusitis... En aquellos años, no se sabía que la leche, los cereales y otros alimentos procesados no solo producen síntomas digestivos en muchas personas, sino que pueden debilitar el sistema inmunitario y propiciar infecciones respiratorias y otras muchas enfermedades".

La leche, los cereales y otros alimentos procesados producen síntomas digestivos y pueden debilitar el sistema inmunitario.

Fue al poco de terminar los estudios de Medicina cuando Pedre empezó a atar cabos y a tachar alimentos "sospechosos" de su dieta. "Ya en 2003, a los 29 años, eliminé todos los productos procesados de mi despensa, me pasé a las carnes y vegetales ecológicos, a los fermentados y a las grasas saludables y a unos pocos carbohidratos complejos cuando hacía ejercicio. ¿Consecuencia? Mis niveles de energía aumentaron y mis problemas digestivos disminuyeron. Al mismo tiempo, empecé a ir a clases de yoga y meditación. Hasta mis amigos me dijeron que tenía otro aspecto, más fresco", explica.

El impulso final ocurrió cuando Pedre, ya como instructor clínico en la Escuela de Medicina Mount Sinai de Nueva York, descubrió la medicina funcional. "En vez de poner remedio a los síntomas, como hace la medicina tradicional, la funcional busca las causas de esos síntomas. Por supuesto, eso exige pasar más tiempo con el paciente y escuchar sus comentarios y observaciones, pero te permite detectar relaciones entre factores genéticos, psicológicos, alimentarios y del entorno. Esa forma de ejercer la medicina me resultó tan reveladora (incluso me permitió saber que tenía un intestino inflamado y permeable) que he querido compartir todo lo que descubrí a través de este libro".

Dos preguntas:

  1. ¿Por qué las alubias, las lentejas o la soja no forman parte de los 28 días de limpieza intestinal? Porque contienen muchas lectinas y fitatos, que actúan como antinutrientes y bloquean la absorción de minerales. También presentes en el gluten, estos antinutrientes favorecen el desarrollo de síndrome de intestino permeable, reflujo ácido, hinchazón abdominal... La excepción son los guisantes, los tirabeques y los garbanzos, pero solo cuando están triturados, como en el hummus. Pasados los 28 días, se pueden reintroducir las alubias y las lentejas, pero solo poniéndolas a remojo la víspera y lavándolas bien después para reducir el contenido en antinutrientes. En cuanto a la soja, mejor tomarla fermentada.
  2. ¿Y por qué se prohíben los huevos? Porque mucha gente desarrolla sensibilidad a este alimento. Luego está la procedencia. Los huevos de gallinas criadas de forma industrial, con soja y maíz, no son recomendables. Dicho eso, al cabo de los 28 días, se pueden tomar huevos ecológicos, de gallinas criadas en libertad y alimentadas con una dieta rica en omega-3, mucho más saludables.

Ensayo y error

Hoy, el doctor Pedre no duda en animar a sus pacientes a identificar posibles sensibilidades y alergias y a probar con técnicas antiestrés como el yoga, la meditación e incluso la acupuntura, porque, como sabemos, el intestino es el segundo cerebro de nuestro organismo.

El intestino es capaz de producir sus propios reflejos, con independencia del cerebro

"El cerebro que tenemos en la cabeza no es el único que gobierna tus pensamientos y tu estado de ánimo señala. De hecho, el intestino tiene su propio sistema nervioso y, junto con la microflora intestinal, es una fuente de neurotransmisores. Eso significa que, más allá del cerebro, influye en tu estado de ánimo e incluso en la elección de alimentos basada en tus emociones".

Además, el intestino es capaz de producir sus propios reflejos, con independencia del cerebro: "No va a esperar a que este diga cuándo tiene que dejar de digerir o expulsar los desechos explica el especialista. En cambio, el intestino puede decirle al cerebro que frene su actividad para poder digerir esa enorme cantidad de carbohidratos refinados que has tomado... lo cual explica esa sensación de confusión que conocemos como niebla mental. Resumiendo, diría que si tu intestino es feliz, tú te sentirás feliz".


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