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¿Por qué se enferma mentalmente?

¿Cuánto le debemos a los conflictos insconscientes (y no resueltos) transmitidos de generación en generación? ¿Por qué es tan difícil para algunos manejarse en la realidad?

Madre e hija en un parque
Madre e hija en un parque Michael Woolley

La forma de alcanzar una vida lo más satisfactoria posible depende de que disfrutemos de unos estándares de salud mental aceptables. Muchas personas se quedan atrapadas en el camino, con síntomas que les hacen sufrir o no les permiten llevar una vida integrada en la sociedad. El próximo 10 de octubre se celebra el Día de la Salud Mental, cuyo lema este año es: "Soy como tú, aunque aún no lo sepas", frase que busca la empatía de la gente hacia las personas más dañadas mentalmente.

¿Qué es la salud mental? ¿Dónde se organiza? ¿Por qué se enferma mentalmente? Ser psíquicamente sano significa vivir relativamente feliz con uno mismo a pesar de las inevitables pruebas, sorpresas y restricciones que la vida nos impone. Se posee un saludable equilibrio mental cuando se siente el placer de actuar en la vida y se tiene la capacidad de enfrentarse a lo inesperado sin angustiarse; o bien de adaptarse a lo nuevo sin grados de nostalgia o tristeza patológicos.

Las familias que tienen algún enfermo mental necesitan ayuda y terapia.

La salud mental guarda relación con la capacidad de amarnos a nosotros mismos allí donde somos más débiles. Paradójicamente, conocer nuestras debilidades nos vuelve más fuertes desde el punto de vista psicológico. Si amamos nuestras limitaciones, no tendremos miedo a perder el amor de aquellos que nos importan y sabremos cómo arreglárnoslas para realizar lo que deseamos en la medida de nuestras posibilidades.

Cuando nuestro mundo interno está bien amueblado, la relación con el exterior es mucho más gratificante porque elegimos desde la salud y no desde la patología, porque hemos aprendido a amar y a controlar nuestros odios. Ahora bien, todo esto lo hemos aprendido dentro de la familia, que transmite inconscientemente conflictos no resueltos y proyecta sobre los hijos, sin saberlo, deseos imposibles.

La psicoanalista Françoise Dolto decía que hacen falta tres generaciones de graves problemas familiares y mala comunicación entre sus miembros para crear una psicosis. Unos padres que no pueden ejercer bien su función han padecido seguramente, como hijos, conflictos inconscientes que no han podido elaborar de forma adecuada, permaneciendo reprimidos.

Las claves

  • Las personas que rechazan la enfermedad mental son las que más miedo tienen a sus impulsos y menos se conocen. Desde una posición prepotente e infantil, suponen que ellos no están habitados por un inconsciente al igual que los que tienen una salud mental más precaria.
  • El inconsciente guarda representaciones de uno mismo, del mundo familiar y del social desconocidas para la persona. Si se sufre, conviene descubrirlas para poder librarse de los síntomas que provocan.

Culpables no, pero responsables sí

Los padres somos responsables de los recursos emocionales y educativos que les damos a nuestros hijos. No somos culpables de lo que les sucede, porque nosotros también somos víctimas de la educación emocional recibida. Una educación que en gran medida es inconsciente e incontrolable. Por ello, si padecen síntomas que les hacen sufrir hay que buscar la ayuda necesaria.

¿Cuáles serían el padre y la madre adecuados para que la familia disfrute de una buena salud mental? Cuando el padre ha ejercido su función de forma adecuada, proporcionará a sus hijos una base segura para construir su identidad. Un progenitor capaz respeta la singularidad de su hijo y mantiene una buena comunicación con él. Es aquel que se implica en su educación y le estimula para que sea autónomo.

Lo acompaña en su crecimiento y se interesa por lo que le ocurre, pero le deja espacio. Un padre adecuado no se cree infalible, no tiene miedo de sus fallos ni a los de sus hijos, porque aprende de sus errores. No es un padre ausente y tampoco un padre devaluado, incapaz de sostener su función.

La madre adecuada es aquella capaz de dar a su hijo las muestras afectivas suficientes que le permitirán desarrollarse armoniosamente. La psicoanalista Joyce McDougal proponía llamarla "madre más o menos adecuada" para alejarse de la idílica madre buena. Solo reconociendo sus limitaciones le será posible transmitir a su hijo el mínimo de señales necesarias para que se separe de ella. Le deja espacio para que construya su subjetividad.

La salud mental de una familia será adecuada en aquel grupo donde hay buena comunicación y se puede hablar de los conflictos porque los demás ayudan y no juzgan o rechazan. Tienen una ley psíquica que les ha permitido resolver la ambivalencia hacia los padres y la rivalidad entre hermanos, además de asumir sus límites. Las familias que tienen algún miembro con la salud mental muy deteriorada necesitan ayuda y terapia familiar.

Quienes padecen síntomas que les hacen sufrir y acuden a tratamiento, pueden llegar a organizar un psiquismo más saludable cuando acceden a los conflictos inconscientes que les habitan. Las relaciones que han establecido y la representación interna que tienen de su familia y de sí mismos cambian al realizar una elaboración psíquica y descubrir el sentido de sus síntomas. Una sociedad que no ayuda a los más desfavorecidos psíquicamente es injusta, poco desarrollada y cruel. ¿Qué grado de aceptación de estos conflictos tenemos?

La subjetividad

  1. Se compone de un entramado psicológico que nos concierne como sujetos humanos. Es única e irrepetible y está constituida por instancias que conocemos, pero también por otras que permanecen en la sombra y en las que se halla un sistema de normas morales de las que no podemos salir sin sentir culpa o malestar.
  2. La subjetividad es un territorio que podemos construir cuando sentimos que tenemos un mundo interno que nos pertenece.