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¿Y si fuera endometriosis?

Afecta a más mujeres que la diabetes y duele más que un infarto, pero pocas conocen su nombre. Es hora de aparcar los tabúes y hablar de asuntos internos.

Mujer en el médico con dolores abdominales
Mujer en el médico con dolores abdominales Fotolia

Madrid

Alrededor de 170 millones de mujeres en todo el mundo (entre ellas, más dos millones de españolas) sufren dolor a causa de esta enfermedad ginecológica largamente ignorada y menospreciada. Y podrían ser más, ya que se trata de un trastorno infradiagnosticado que muchas de sus víctimas sufren en h mientras la sociedad (y parte de la comunidad médica) le resta importancia. Planteamos seis preguntas clave, sin tabúes ni prejuicios, para que sepas todo lo que debes saber sobre esta enfermedad.

¿Qué es exactamente?

La endometriosis es una patología que se produce cuando el endometrio, el tejido que recubre el interior del útero, crece fuera de él afectando a otras zonas del organismo, como los ovarios, las trompas de Falopio, el intestino grueso, la vejiga, los uréteres y los ligamentos que sostienen al propio útero. ¿Y cómo llega a implantarse este tejido donde no debería estar?

No existe certeza absoluta sobre la causa, pero de entre todas las teorías que se contemplan, la que parece más aceptada es la que hace referencia a un proceso denominado menstruación retrógrada. Es decir, aunque ante la ausencia de embarazo la mayor parte del tejido endometrial se expulsa por el cuello del útero hacia el exterior con la menstruación, pueden producirse algunos "escapes" a través de las trompas de Falopio que alcanzan la cavidad abdominal. Puede sonar raro pero, de hecho, es normal que se produzca en casi todas las mujeres.

"La diferencia está en que, para algunas, no tiene ninguna repercusión y en otras, sin embargo, ese tejido se implanta en los órganos y prospera. Desconocemos por qué sucede, aunque influyen mecanismos inmunológicos que limpian esos restos en unos casos y en otros no", explica el dr. Federico Galera, director del Instituto Madrileño de Fertilidad.

El caso es que las células endometriales ectópicas (las que están fuera de su sitio) se establecen en los ovarios u en otros órganos, proliferan y se comportan como las células endometriales que son, es decir, respondiendo al ciclo hormonal provocando inflamación de los órganos y un sangrado interno, lo que causa los síntomas de las pacientes.

1 de cada 5

La endometriosis afecta a entre un 15 y un 20% de las mujeres españolas en edad fértil. O lo que es lo mismo, a una de cada cinco. A pesar de que es más frecuente que el asma, la diabetes, la epilepsia y el sida juntos, es una enfermedad que todavía vive en el silencio por ese tabú que rodea a todo lo que tenga que ver con la menstruación femenina.

¿Cuáles son esos síntomas?

El más común es el dolor (se presenta en el 70% de los casos), que se manifiesta en toda su gama de intensidades y también en diversas formas: dismenorrea (dolor con la menstruación), dispareunia (dolor con las relaciones sexuales) o dolor pélvico crónico (que se prolonga durante más de seis meses sin relación con el ciclo y sin causa aparente).

También puede aparecer dolor a hora de ir al baño. Otros signos de endometriosis son la infertilidad, las menstruaciones muy largas, los manchados entre ciclos menstruales y otras manifestaciones en función de la localización de los focos. "Cuando la enfermedad afecta al intestino, puede aparecer un síntoma específico: el sangrado rectal coincidiendo con la regla (los focos intestinales sangran al igual que el endometrio normal). Cuando la afectación está en la vejiga puede aparecer menuria (sangrado por la orina coincidente con la regla)", explica la doctora María Aubá Guedea, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra.

¿Por qué está infradiagnosticada?

Porque tenemos interiorizado que tener la regla, duele. Y, precisamente, ese sufrimiento silencioso, el acatar como normal algo que no lo es, hace que en muchos casos se retrase el diagnóstico, hasta 10 años después de la aparición de los primeros síntomas. Otro factor es la falta de sensibilidad y de juicio clínico por parte de los facultativos. "Los médicos de atención primaria, o los propios ginecólogos, no piensan en esta patología como la causa del cuadro clínico que la paciente manifiesta. N

o se ha insistido bastante a nivel formativo entre el personal sanitario para tomar conciencia de que la endometriosis puede estar detrás de cualquier cuadro de dolor pélvico, así como otros síntomas que pueden manifestar como molestias digestivas o urinarias", reflexiona la dra. Aubá Guedea.

La primera herramienta de diagnóstico es, por lo tanto, la sospecha. A partir de ahí, para convertirla en certeza o descartarla están la ecografía de alta resolución, la resonancia magnética y los marcadores bioquímicos de endometriosis. A veces, en última instancia, se requieren técnicas más invasivas como la laparoscopia.

"Muchos casos pasan desapercibidos porque, en ocasiones, los implantes extrauterinos son muy pequeños y difíciles de ver. Depende mucho de la capacidad de diagnóstico que se tenga pero, apurando todos los métodos de los que se dispone realmente, no se debería escapar ningún caso de endometriosis y, sin embargo, sí es cierto que muchos quedan sin diagnosticar", asegura el dr. Galera.

Permiso para quejarse

Más que un derecho, es casi una obligación. Tres de cada cuatro mujeres sufren dolor durante la menstruación y se nos ha hecho creer que carece de importancia y que hay que sobrellevarlo. Sin embargo, aunque la menstruación es normal, el dolor no lo es. Y esa es la mejor señal de alarma de que puede que algo no vaya bien.

¿Produce infertilidad?

Con mucha frecuencia, sí. Se estima que entre el 30% y 50% de las pacientes tienen problemas para conseguir un embarazo. Esto se debe fundamentalmente a dos circunstancias. Por una parte, "los implantes endometriósicos pueden afectar a los ovarios destruyendo las reservas foliculares y reduciendo la cantidad y la calidad de los óvulos. Nosotros hicimos un estudio que mostraba que el envejecimiento ovárico de las mujeres que sufrían esta enfermedad iba hasta tres años por delante del de una mujer sana", explica el dr. Galera, del Instituto Madrileño de Fertilidad.

Otro de los motivos de infertilidad es que afecta a la funcionalidad de las trompas de Falopio, que pueden quedar obstruidas, adheridas o rígidas, lo que acaba alterando la capacidad para mantener las condiciones favorables con el fin de que se produzca la fecundación y para que se pueda transportar el embrión hasta el útero.

20 al 25%

Ess ek porcentaje de la tasa de recaída

¿Tiene cura?

Lo cierto es que no. Se trata de una enfermedad crónica que solo se considera curada cuando se alcanza la menopausia y, al desconocerse sus causas, tampoco es posible prevenirla. Sin embargo, sí existen opciones terapéuticas (médicas o quirúrgicas) encaminadas a aliviar el dolor y los demás síntomas, a evitar que las lesiones sigan progresando y a preservar o restablecer la función reproductiva.

El modo de proceder dependerá de cada mujer, de su edad, de si desea o no tener hijos, de sus síntomas, de la localización y gravedad de la enfermedad y de los posibles efectos secundarios de cada una de las opciones. En definitiva, hay que individualizar.

El tratamiento médico se basa en la certeza de que el crecimiento de las lesiones endometriósicas depende mucho de las hormonas, por lo tanto, mejorará notablemente "imitando" las dos condiciones fisiológicas caracterizadas por un descenso de los estrógenos en el organismo: el embarazo y la menopausia.

"Un mecanismo empleado para conseguir una situación hormonal similar es el uso de anticonceptivos con predominio de la progesterona que inhiben el crecimiento del tejido endometriósico; otra posibilidad son los antiestrógenos, que contrarrestan su efecto y aminoran el crecimiento de las lesiones; y, finalmente, existe la opción de inducir la menopausia usando análogos de la hormona GnRH, que hacen que el ovario no se estimule, no funcione y que, por lo tanto, no produzca estrógenos", explica el doctor Federico Galera.

Cuando la enfermedad está avanzada y los síntomas son graves, incapacitantes o agudos, puede ser necesario recurrir a la cirugía para retirar los endiometriomas. Estas intervenciones pueden realizarse mediante laparoscopia (una cirugía mínimamente invasiva mediante pequeños orificios en el abdomen) o laparotomía, más agresiva y con mayor riesgo de complicaciones. Opciones, por lo tanto, hay, pero aún queda mucho camino por investigar y para que dejemos de considerar la endometriosis un trastorno poco habitual.

Años de estigma

Al padecimiento físico y la notable merma en la calidad de vida de las pacientes hasta que llega el diagnóstico se une el estigma social. Puede ser una enfermedad altamente incapacitante, tanto que un estudio de la Universidad de Oxford identificó una fuerte relación entre la pérdida de productividad laboral femenina con síntomas de endometriosis.

Sin embargo, lo que las mujeres que la sufren reciben de su entorno suele ser incomprensión, reproches o condescendencia. Muchos opinan que exageran sus dolores menstruales, que las que se quejan son unas flojas y que lo utilizan como excusa para no ir a trabajar. Tal vez pensarían de otro modo si supieran que, según los expertos, el dolor puede alcanzar al que se siente al sufrir un infarto o un parto.

S.O.S. reproducción asistida

Las pacientes de endometriosis pueden concebir de manera natural... en algunos casos. Pero si el diagnóstico llega tarde, y la enfermedad está avanzada, la cosa se complica. Por ese motivo muchas de las mujeres que sufren esta patología tienen que recurrir a la reproducción asistida o a la fecundación in vitro y así replican en el laboratorio el proceso que acontece en la trompa de Falopio de una mujer sana de forma natural.