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Lo que debes hacer para dejar de tener mal aliento: qué comer y qué no

La ingesta de ciertos alimentos habituales en las dietas para bajar peso va asociada, en ocasiones, a la aparición de la halitosis, pero se puede evitar.

El champiñón es un neutralizador del mal aliento.
El champiñón es un neutralizador del mal aliento. GTRES

El ajo y la cebolla son los casos más paradigmáticos de alimentos prescritos por nutricionistas para perder peso pueden predisponer a la halitosis, pero también existen otros como la alcachofa, la col, la coliflor, el repollo o el brócoli que pueden provocarla. “Estos alimentos son ricos en azufre, lo que predispone a la aparición de mal aliento”, afirma el doctor Jonas Nunes, director del Instituto del Aliento.

Sin embargo, tal como explica el dietista y nutricionista Pablo Zumaquero lo importante en estos casos es detectar la causa de la halitosis y atacarla, pues estos productos forman parte de una alimentación sana y no es conveniente retirarlos completamente.

La halitosis, ¿un tema tabú?

La mayoría de las personas suelen percibir que padecen halitosis, pues la ingesta de ciertos alimentos les provoca mal sabor o sequedad de boca. Pero existe un porcentaje alto de personas que lo sufren que o no son conscientes de su mal aliento o incluso no lo ven como un problema sino como un comentario ofensivo por parte de quien lo realiza. Así, como explica el doctor Jonas Nunes, en el caso del 55% de los pacientes que aseguró no percibir que tenía mal aliento, sí que lo notaban los compañeros de trabajo, pareja y amigos, que sin embargo, no lo decían por tratarse de un tema tabú. En este sentido, aporta un dato revelador: “El 16% de los pacientes que recibimos en nuestra consulta vienen por este motivo: mal aliento asociado a dietas”.

Para ayudar a resolver este problema, el doctor Nunes aporta en su libro 'Cómo cuidar tu aliento. La Guía Definitiva', algunas claves:

  • Clave 1: Come cada cuatro horas. Los ayunos prolongados tienden a provocar halitosis. Los estados de hipoglucemia (valores de azúcar en la sangre disminuidos) inducen al cuerpo a utilizar vías metabólicas alternativas para reponer el nivel de azúcar en sangre (principalmente a partir de la conversión de proteínas y grasas). Estos procesos generan compuestos de mal olor. Esta conversión es importante para perder peso, pero no hay un beneficio añadido en provocar una hipoglucemia extrema desencadenadora de mal aliento. También la ausencia de masticación durante un periodo largo de tiempo (con la consecuente reducción de la producción salival) es un factor que contribuye a esta situación, pues se produce un estancamiento y consecuente putrefacción.
  • Estrategia: Haz cinco comidas al día (en pequeñas cantidades y repartidas a lo largo de la jornada). Un puñado de frutos secos basta para evitar hipoglucemias abruptas y estimular la renovación de la saliva.
  • Clave 2: Evita una dieta demasiado hiperproteica. Las dietas ricas en proteínas (como Atkins, Dukan o South Beach) son las más susceptibles de provocar mal aliento por la elevada ingestión de aminoácidos (unidades elementales en la estructura de una proteína), pues estas moléculas son utilizadas por las bacterias para la producción de compuestos del mal olor.
  • Estrategia: Evita una dieta basada únicamente en alimentos ricos en proteínas (y azufre), como la carne, el pescado, el pimiento rojo, ajo, cebolla, brócoli, coles de Bruselas, avena, semillas de trigo, lácteos y clara de huevo.
  • Clave 3: Ingiere un mínimo de hidratos de carbono o sustancias ácidas. La glucosa es el sustrato o alimento de varias de las bacterias orales que predominan en la saliva. Esta les lleva a producir un pH ácido que inhibe la proliferación de las bacterias productoras de halitosis, que actúan en pH alcalino. Por otro lado, existen bacterias que pueden usar como sustrato tanto la glucosa como las proteínas. En ausencia de la primera, metabolizan las proteínas (cuyos productos poseen mal olor y también contribuyen a la existencia de un pH más alcalino).
  • Estrategia: Opta por hidratos de carbono de absorción lenta como el existente en fresas, cerezas, frutos rojos, hortalizas, arroz integral. Condimenta tus comidas con unas gotas de limón. Así evitarás, además, un exceso de kilocalorías.
  • Clave 4: Consume alimentos sólidos ricos en fibra. Los alimentos más ricos en fibra proporcionan una masticación más vigorosa y promueven la producción salival (al contrario que los alimentos líquidos o pastosos). Se debe tener en cuenta también la ausencia del efecto raspador/limpiador que algunos alimentos sólidos ejercen al ser friccionados sobre la lengua, contribuyendo a la eliminación de los detritos y las bacterias productoras del mal olor que se acumulan sobre ella. Esta es la causa de halitosis más frecuente. Varios estudios han constatado un claro aumento de los compuestos sulfurados volátiles (CSVs) durante el periodo de ayuno, valor que desciende rápidamente tras la ingestión de alimentos sin olor cosmético, como un trozo de pan.
  • Estrategia: Opta por verduras de hoja (espinaca, lechuga), al igual que la zanahoria, espárragos, tomate, berenjena, y por las frutas en general (sobre todo con cáscara). Limpiar la lengua tres veces al día con un limpiador de lengua es también una alternativa bastante eficaz.
  • Clave 5: Hidratarse continuamente y estimular la salivación. Los estados de deshidratación, como los relacionados con la ingestión reducida de líquidos, promueven la disminución de la producción de saliva, con el consiguiente estancamiento de los restos alimenticios en la boca y su posterior degradación por parte de las bacterias bucales. Por otro lado, la disminución de la espesura salival promueve la volatilización de los compuestos del mal olor disueltos en la saliva.
  • Estrategia: Además del agua (imprescindible), bebe líquidos con ligero sabor ácido (como tés fríos de limón sin azúcar). Una buena opción para estimular la saliva y mejor que los chicles son las pastillas de ciruela umeboshi japonesa, ya que son imperceptibles y estimulan más y mejor la saliva.
  • Clave 6: Evitar bebidas alcohólicas. Su consumo predispone a la aparición de mal aliento. La oxidación del etanol ocurre inicialmente en la boca y, después, se vuelve más predominante en el hígado (pudiendo durar varias horas), dando lugar a diversos compuestos del mal olor, como el acetaldehído. El alcohol también es un agente deshidratante, contribuyendo a la volatilización de los compuestos del mal olor salival.
  • Estrategia: No es recomendable consumir bebidas alcohólicas. En el caso de que las ingieras, come algo sólido justo después para estimular la producción de saliva.
  • Clave 7: Evitar comidas con olor intenso. Después de ingeridos, los alimentos son sometidos a un conjunto de transformaciones químicas y físicas, hasta convertirse en compuestos menores con capacidad de ser absorbidos. Los nutrientes atraviesan las paredes permeables del intestino delgado y a través del torrente sanguíneo, llegan al hígado, donde se lleva a cabo, entre otros procesos, la neutralización de ciertos compuestos del mal olor. Los compuestos del olor presentes en la sangre se excretan generalmente a través del pulmón junto con otros gases, como el dióxido de carbono. La cantidad de mal olor liberado depende del tipo de alimento, de la dosis, de cómo ha sido preparado —el ajo crudo provoca un mayor impacto en la halitosis que el ajo cocinado— y factores de susceptibilidad individuales. El olor provocado en el aliento no es siempre idéntico al del alimento ingerido, pudiendo en ciertas personas manifestarse como un olor desagradable bien distinto.
  • Estrategia: Evita los alimentos con un olor y gusto más intensos, tales como ajo, cebolla, leche, queso, huevos, condimentos y picantes, anchoas o embutidos. La toma frecuente de café predispone a los individuos a la aparición de halitosis por sus características deshidratantes de la saliva. Existen alimentos con capacidad de neutralizar olores. Los que se han demostrado científicamente capaces de captar y neutralizar los malos olores son los champiñones (champiñón común, champiñón de París o portobello) y el té Oolong (té de Taiwan). Otra alternativa, sin embargo, solamente enmascaradora y con baja duración, es la ingesta de productos con olor de menta, hortelana y similares.

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