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Deporte en verano: cuerpo en forma, mente en paz

Nos acordarnos del ejercicio cuando el botón no cierra, pero no si estamos tristes o estresadas. Y sin embargo, es el mejor aliado de nuestras emociones.

Unas chicas haciendo zumba.
Unas chicas haciendo zumba. adobe stock

Las encuestas afirman que la mayor parte de los españoles que practican deporte lo hace para adelgazar o por consejo médico. El problema es que esos motivos no enganchan lo suficiente y la tentación de tirar la toalla está al acecho. ¿Cuál es el camino para hacer del ejercicio un hábito? Encontrar en el gimnasio la felicidad. Puede que suene exagerado, pero no lo es. Las reacciones químicas que se producen cuando pones el cuerpo en acción pueden obrar el milagro: las dosis de dopamina y serotonina son un bálsamo para los estados depresivos y de ansiedad, fulminan el estrés y los cambios bruscos de humor y, además, es posible trabajar los puntos débiles de nuestro carácter.

"La práctica deportiva periódica mejora la autoestima tanto por la mejora física como por el continuo progreso del rendimiento", asegura José Ángel Caperán, psicólogo deportivo. También, según el tipo de actividad, podemos desarrollar unas características u otras de la personalidad: por ejemplo, el deporte en solitario hace a las personas más tranquilas y autosuficientes y el colectivo facilitan la sociabilidad. Te ayudamos a escoger el tuyo.

Artes marciales. Para personalidades cótias y desordenadas

La medallista olímpica Eva Calvo ha contado en algunas entrevistas cómo el taekwondo le ayudó a centrarse y a vencer su timidez que, sobre el tapiz, se transforma en seguridad y capacidad de análisis. Explica el experto, José Ángel Caperán, que la práctica de artes marciales obliga a una continua autoevaluación del estado mental y físico, buscando ese equilibrio que permita las ejecuciones técnicas adecuadas. "Si se logra ese autocontrol y "orden interno", será más fácil lograr el orden en el exterior", explica el experto.

Este tipo de ejercicio exige concentración, reflexión y estrategia, y trabaja el sentido de la observación, de la anticipación, ayuda a tomar la iniciativa y a salir de la zona de confort. Tantos son los beneficios que aporta, que han surgido muchas disciplinas inspiradas en las artes marciales sin necesidad de que haya contacto físico entre oponentes, como el body combat, un entrenamiento cardiovascular que combina karate, boxeo, taekwondo, capoeira, tai chi y muay thai, con una coreografía de música cañera para marcar el ritmo de puñetazos, patadas y katas. Encontrarás pocos ejercicios tan desestresantes.

Cuerpo en forma. Las clases de body combat duran 55 minutos en los que puedes quemar hasta 700 calorías y conseguirás un cuerpo tonificado, mayor resistencia cardiovascular y mejorarás la coordinación y la flexibilidad.

Una mujer haciendo artes marciales.
Una mujer haciendo artes marciales.

Golf o senderismo. Si te cuesta tomar decisiones

Son dos disciplinas que ayudan a meditar. "Caminar largas distancias durante un tiempo prolongado facilita la reflexión, el autoconocimiento y, como consecuencia, una toma de decisiones más sólida", afirma el psicólogo. Salir a caminar estimula la conexión neuronal, mejora la memoria y la capacidad de concentración, eleva el estado de ánimo y la autoestima, y combate la ansiedad y los problemas de sueño... Pero si lo de andar "sin ton ni son" no te seduce y necesitas el estímulo de la competición, prueba con el golf.

Este deporte requiere concentración y capacidad de análisis, y es infalible para desconectar de las preocupaciones. Las actividades individuales fraguan personas metódicas, disciplinadas y con determinación, ya que resulta imposible "escurrir el bulto" y el resultado depende del esfuerzo. Trasladar este entrenamiento a la vida diaria, significa más facilidad para focalizarse en un objetivo y tomar decisiones de manera autónoma.

Cuerpo en forma. Entre greens y búnkers de arena, recorrerás una media de entre siete y 10 kilómetros, por lo que es un gran aliado cardiovascular: regula la presión arterial y contribuye a mantener los triglicéridos y el colesterol a raya. Además, sus movimientos tonifican brazos, espalda, tórax, abdominales y lumbares. Es una excelente opción porque es un deporte dinámico, pero de baja intensidad.

Una chica jugando al golf.
Una chica jugando al golf.

Bienestar en 3 pasos

  1. Poco a poco. Para lograr el hábito, es muy importante que la práctica deportiva siempre vaya de menos a más, tanto en intensidad como en duración.
  2. Sin sufrir. No debemos empezar con ejercicios que nos exijan demasiado y nos hagan pasarlo mal. "Debemos tener claro que en la memoria siempre pesa más la experiencia negativa que la positiva. Por lo tanto, para que el ejercicio físico se convierta en un hábito, debemos procurarnos satisfacción antes, durante y después de la práctica", recomienda el psicólogo deportivo José Ángel Caperán.
  3. Mejor al aire libre. "La diferencia fundamental está en la riqueza y la variedad de estímulos que podemos percibir durante la práctica deportiva: sonoros, olfativos e, incluso, táctiles, como tocar tierra, hierba o arena. Esto hace que la atención no se focalice en el cansancio, gracias a la distracción, y aumentemos el umbral de sufrimiento", aclara el experto. También es fundamental la luz solar, que influye en el estado de ánimo inclinándonos hacia emociones positivas, gracias a la estimulación de la serotonina, u hormona del placer, y facilitando la activación de la vitamina D

Zumba. Contra la ira y el mal humor

Las prisas, las pequeñas decepciones del día a día, el tráfico, las facturas, los problemas... gota a gota el vaso de nuestra paciencia se colma y la balanza de nuestro equilibrio emocional se inclina hasta acercarnos peligrosamente a una irritación siempre a flor de piel, y a la negatividad y la queja continuas. Las actividades animadas con música, con monitores motivadores y en grupo, como aeróbic, zumba o spinning, facilitan la diversión y el entretenimiento. ¡Y nada libera más tensiones que un buen rato de diversión!

"Estos deportes facilitan una burbuja de buen humor en el día equivalente, en el aspecto emocional, a una sesión de risoterapia", asegura el psicólogo deportivo. Una sesión de zumba te ayudará a canalizar las emociones, aleja los pensamientos negativos y dejará como nuevo tu estado de ánimo. Funciona como un subidón de energía, al tiempo que disminuye los niveles de agresividad, además se establecen lazos sociales con tus compañeros de diversión y fatigas, y todo junto hace que sea un excelente antidepresivo.

Cuerpo en forma. La fusión de ritmos y movimientos de alta y baja intensidad favorecen el consumo de calorías (hasta 800 en una sesión). Puede que parezca un juego, porque la diversión permite lograr mayor rendimiento con menor sensación de esfuerzo, pero se trata de un entrenamiento completo que combina todos los elementos del acondicionamiento físico: trabajo cardiovascular y muscular, equilibrio y flexibilidad, aumento de energía... La versión veraniega y fresquita es el aqua zumba, que elimina el impacto en las articulaciones y te hace "luchar" contra la resistencia del agua, por lo que cada paso te exige más y te ayuda a tonificar los músculos.

Unas chicas haciendo zumba.
Unas chicas haciendo zumba.

Vóley playa. Para controladores incapaces de desconectar y delegar

No te engañes, el perfeccionismo, por mucho que tratemos de disfrazarlo de virtud, es un lobo con piel de cordero. Muchos de los adictos al trabajo son, en realidad, personas perfeccionistas que invierten demasiado tiempo en que todo esté bajo control, que gestionan muy mal su agenda y conviven con larguísimas jornadas laborales por esta autoexigencia, incluso se llevan el trabajo a casa (y de veraneo). Además, suelen ser personas muy susceptibles, que se irritan con facilidad y que no toleran la crítica ni los errores, tanto si son propios como si son ajenos. Si este es el problema que te ha hecho llegar a las vacaciones con la lengua fuera y desbordado por el estrés, los deportes de equipo pueden convertirse en tu salvavidas "por la obligación de tener en cuenta a los demás para lograr un fin común.

Estos deportes son la oportunidad perfecta para desarrollar la empatía, la generosidad y la autocrítica. Ayudan a reducir el grado de autosuficiencia y el egocentrismo propio de personas muy individualistas, que muchas veces se ven acorraladas por sus propias manías y su ansia de control", explica Caperán. Quienes forman parte de un equipo disfrutan de la interacción social y desarrollan fuertes lazos con sus compañeros, entrenan la confianza, la cooperación y la tolerancia a la frustración.

Cuerpo en forma. El vóley playa es una buena opción de deporte de equipo para el verano (puedes inventar tu propia versión sobre hierba si estás en el campo, en un parque o en un jardín). Te hace agacharte, saltar, correr en todas direcciones y con cambios de ritmo. Con esta disciplina se queman calorías poniendo en funcionamiento todos los grupos musculares y fortaleciendo abdomen, glúteos, piernas, brazos, espalda, pectorales... Hacer deporte sobre la arena tiene un plus, puesto que minimiza el impacto sobre las articulaciones al tiempo que opone mayor resistencia a nuestros movimientos y se requiere de una mayor implicación muscular.

Unas chicas jugando a vóley playa.
Unas chicas jugando a vóley playa.


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