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Dietas de algas: beneficios y riesgos

Cargadas de promesas nutricionales en un mundo en que lo verde está en alza, han llegado para quedarse. Pero incluirlas en nuestra dieta puede tener riesgos que no has tenido en cuenta.

Piezas de sushi con algas nori.
Piezas de sushi con algas nori. getty

Ya es posible encontrarlas en el supermercado sin dificultad wakame en ensalada, nori envolviendo los california roll de los asiduos al sushi, kombu para espolvorear en la sopa... Sus exóticos nombres han dado el salto desde la cocina oriental gracias, también, a su excelente pedigrí nutricional: son bajas en calorías, algunas poseen 10 veces más calcio que la leche, más fibra que una ciruela, vitaminas del grupo B, A y C, además de sodio, potasio, fósforo, magnesio, hierro...

Con estas credenciales no es extraño que, según la agencia de estudios de mercado Mintel, el uso de algas en la alimentación haya crecido un 147% en Europa. Pero no es oro todo lo que se mastica en las “verduras del mar”. “Durante años, se ha podido leer que el concentraconsumo de algas es saludable por su riqueza en diversos nutrientes y fibra, y por eso hay personas que se “fuerzan” a incluirlas en la dieta. Pero la realidad es que hace años que se sabe que un consumo habitual de algas puede suponer riesgos para la salud, ya que tienen un contenido significativo en yodo y arsénico”, asegura el doctor Ramón de Cangas, perteneciente al Comité Asesor del Consejo General de Dietistas- nutricionistas.

Las algas son alimentos con un contenido en yodo elevado. Un ejemplo: apenas un gramo de kombu, wakame, nori, etc… aporta cinco veces más del límite de consumo diario.

Además, concretar una dosis “segura” es casi imposible, porque la cantidad de yodo que contienen varía de forma significativa de una especie a otra e, incluso, de una procedencia u otra. Por ejemplo, las originarias de China (el mayor productor mundial de algas comestibles) poseen, sean de la especie que sean, altos contenidos de este mineral.

Y esta sobredosis de yodo tiene una víctima clara: nuestra tiroides. “Una alta ingesta puede provocar hipertiroidismo o hipotiroidismo. En cualquier persona, el consumo habitual puede ser perjudicial para la glándula tiroidea. Obviamente, en el caso de las personas con problemas de tiroides, en los niños y en las embarazadas se debe tener más precaución”, asegura el dr. de Cangas.

Si tan peligrosas son para la tiroides, ¿cómo es que en Asia se consumen sin problemas? La solución a esta duda que muchos de los fans de las algas se plantean está en que, en primer lugar, nuestra imagen de un japonés comiéndolas a diario no es cierta. Los japoneses comen más pollo, verduras, pescado, fideos y curry que rollitos de sushi envueltos en nori. En segundo lugar, porque tampoco es cierto que no les den problemas. “Aunque su tolerancia a ellas es mucho mayor que la nuestra (se ha sugerido que debido a aspectos como la microbiota intestinal y a factores genéticos), no es cierto que los asiáticos puedan comer algas sin problemas. De hecho, ciertos estudios concluyen que tienen una mayor frecuencia de algunas patologías relacionadas con este consumo y la sobredosis de yodo”, asegura el especialista

Un ingrediente inesperado

Por si el exceso de yodo no fuera suficiente, hay variedades que, además, contienen arsénico. Existen más de 50 especies de arsénico, algunas de ellas de elevada toxicidad, mientras que otras se consideran inocuas incluso a altas concentraciones. Una de las principales vías de entrada del arsénico en el organismo humano es la dieta, fundamentalmente mediante la ingestión de alimentos de origen marino.

Con los datos que tenemos de contenido de arsénico total y de arsénico inorgánico en algas de nuestro país, se han estimado los posibles aportes de arsénico que aportan las algas comercializadas en España, y se ha comprobado que con una ingesta de solo 3 g al día de la alga H. fusiformis (hijiki) se puede sobrepasar el valor de la ingesta diaria tolerable de 150 μg de arsénico inorgánico por día, establecida para un adulto de unos 70 kg de peso”, expone el dr. de Cangas.

Para complicar el panorama, no todas las algas llegan a nosotros en forma de comida. Según un informe de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, los suplementos de algas como la spirulina constituyen el grupo de alimentos con más concentración de arsénico, motivo por el que instituciones como el Royal Women’s Hospital Victoria desaconsejan su uso en embarazadas.

Ante datos como estos, las conclusiones del experto son fáciles de intuir: “No es necesario consumir algas. A falta de más estudios, el consejo debe ser de prudencia. Porque aconsejar un consumo moderado puede ser mal interpretado y provocar una ingesta excesiva. Por ello se debe dejar claro que, de tomarlas, el consumo debe limitarse a ocasiones muy puntuales. Da igual cómo las preparemos, el consumo habitual puede provocar exceso de ingesta de yodo y suponer un riesgo para nuestra salud”.


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