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Gramática de la cobra

Hoy vamos a redefinir algunos términos. La vida loca de internet nos hace creer que somos mejores de lo que somos con un retorcido recurso...

Gramática de la cobra
Gramática de la cobra Maite Niebla

Hoy vamos a redefinir algunos términos. La vida loca de internet nos hace creer que somos mejores de lo que somos con un retorcido recurso: crear términos nuevos en inglés. Desde que sabemos idiomas, estamos encantados de dejar de llamar a las cosas por su nombre para añadirles sofisticación y ambigüedad, pero los nuevos términos anglosajones no consiguen describir ciertos comportamientos en todo su esplendor. Veamos.

El término calientabragas era perfecto para definir a ese sujeto que daba vueltas, creaba expectativas, alimentaba esperanzas para luego dejarte colgada. Todo en ese proceso clásico se mantiene intacto, pero ahora ni siquiera hay que mirarse a la cara. En internet puede nacer, florecer y morir el típico calientabragas sin que se vea obligado a medirse en la realidad analógica. Encima, ahora su conducta se esconde tras una palabra inglesa: benching.

El benching consiste en alimentar las esperanzas de la otra persona vía on line, sin que haya ninguna intención de tener una relación real. Se trata de disponer de un ejército más o menos nutrido de candidatas/os para alimentar el ego, sin tener intención de que ninguna relación se consume.

Por otra parte el "si te he visto no me acuerdo" de toda la vida ahora se llama ghosting. Tendríamos que inventarnos una palabra para intentar la traducción. Por ejemplo, "fantasmear a alguien". Es decir, desaparecer sin dejar rastro y, si por casualidad te encuentras al afectado, hacer como que no existe. Comportarte como si el otro fuera un muerto viviente que no merece tu atención.

Según los psicólogos y algunos expertos del lenguaje hemos acogido como nuestras estas palabras inglesas para quitarle hierro al asunto y frivolizar estas conductas. Así nos parecerán menos graves. Al fin y al cabo, detrás de estos comportamientos hay una creencia de que lo que pasa en internet no es tan importante y que el damnificado no tiene sentimientos.

Yo creo que nombrar las cosas en castellano es más exacto. Y al menos así podemos sentirnos culpables unos segundos después de fantasmear a alguien o de jugar a dos o tres bandas. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Me congratula que no haya aparecido ningún eufemismo anglosajón que quite contundencia a "hacer la cobra". Incluso puedo aceptar como licencia literaria el término "cobra digital" para definir eso que te sucede cuando te dejan esperando indefinidamente la respuesta de un mensaje que, tras haber transcurrido 48 horas, ya hay que empezar a aceptar que nunca llegará. Pero una cobra es una cobra. Y así debe seguir siendo.


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