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San Valentín: 7 grandes muestras del amor moderno

Llega San Valentín y, con él, la exaltación del romance azucarado. Pero el amor no reside en unos bombones, sino en estos gestos domésticos y heroicos.

Amor propio
Amor propio Raquel Córcoles

Nos volvemos romanticínicos con la edad? No, solo pragmáticos. Creemos en el amor, pero no en los pájaros que lo arrullan. Porque la realidad no rellena los floreros, la realidad discute por quién ha sido el último en poner la lavadora. Con los años descubres que en un "felices para siempre" a veces sobra el "para siempre"; o el "felices". Que no hay por qué besar con los ojos cerrados. Que nadie debería completarte porque deberías estar completa. Y que a veces, citando a Camus, encuentras el verano cuando menos te lo esperas, justo en medio del invierno. Aquí van siete muestras de amor del día a día. Spoiler: no hay corceles ni cartas lacradas.

1. Sobrevivir a la búsqueda de un piso de alquiler

Encontrar piso en el 2018 consiste en ir tachando requisitos de vuestra (idea) lista.
Encontrar piso en el 2018 consiste en ir tachando requisitos de vuestra (idea) lista.

No está demostrado científicamente, pero los pisos se estrechan con los años. El tendedero del patio es cada vez más pequeño. En la cocina en la que antes cabíais los dos ahora solo entra uno y de canto. El armario ha encogido. Desaparecen las tijeras y las perchas... Sí, coge aire porque es hora de mudarse. Y para mudarse, primero hay que bucear en las abisales aguas de las ofertas inmobiliarias. Todas hemos estado ahí. Sentadas frente a la página web, preguntándonos de dónde saca la gente muebles de la época victoriana; o si ese cuchitril sin ventana es una habitación o el cuarto de la escoba; y si, al final, no será mejor irse a vivir a las afueras (donde todo es más grande y barato).

Hay ofertas que has llegado a ver más que a algún familiar. Ya hasta os presentáis a ver los pisos con el dinero de la fianza y vuestra vida laboral en el bolsillo, por si acaso. Sobrevivir a la búsqueda de un piso de alquiler quita años de vida, pero une más que el velcro.

2. Sobrevivir a una mudanza

Cuando compres algo recuerda que algún día tendrás que moverlo en una mudanza.
Cuando compres algo recuerda que algún día tendrás que moverlo en una mudanza.

La visita a la tienda de muebles y decoración suele ser el ejemplo ponderador de cuánto tiempo lleva unida una pareja. Vete un día como mero observador. Verás parejas entusiasmadas por comprarse un escurridor (acaban de mudarse por primera vez); parejas gritándose porque a X se le ha olvidado medir el espacio que queda para el mueble, tal y como le mandó Y (llevan viviendo juntos una buena temporada); y parejas que ya terminan el circuito por separado con un: "Me pones de los nervios. Espérame en la cafetería" (llevan mucho viviendo juntos).

Mudarse conlleva una serie de sacrificios de los que no te hablaron las baladas pop. Convivir una larga temporada con cajas petrificadas como un tetris de polvo. Desterrar costumbres solitarias. Adaptarse a ese gen suyo que no procesa bien la limpieza de algunos objetos o estancias. Pero, ay, ese primer paso de las llaves por la cerradura. Lo vuestro ya no es un piso, es un hogar.

3. Sobrevivir a una dieta conjunta

Dos no discuten si los dos están a dieta.
Dos no discuten si los dos están a dieta.

Si estás a dieta, comienzan a brotar propuestas a tu alrededor. Nadie hace planes los viernes por la noche cuando no estás a dieta. Pero empiezas y todo es así. "Venga, una cañita, mujer"; "Pero coge una brava, que un día es un día"; "Hay una hamburguesería en el centro a la que fue Obama. Tenemos que ir". Ya hasta Obama está en tu contra.

Por eso, hacer una dieta conjunta con tu pareja puede ser un salvavidas, la introducción comunitaria de hábitos saludables, el muro de la Guardia de la Noche contra los invasores no-healthy. O, por el contrario, acrecentar el drama. Hay que establecer pautas para que la cosa no se desmadre. Es importante que ninguna de las dos partes boicotee la dieta. También es fundamental verla como algo ajeno a una competición, ya que cada cuerpo sigue su curso. Y, sobre todo, hay que darse respiros. Porque no hay nada mejor que un buen atracón (de lo que sea) con el susodicho.

4. Que te regale un viaje... al fisioterapeuta (y te acompañe)

Es importante que tu pareja mire por tu corazón, pero a partir de cierta edad, también por tu espalda.
Es importante que tu pareja mire por tu corazón, pero a partir de cierta edad, también por tu espalda.

Hacerse mayor consiste, básicamente, en mantener hábitos que ya tenías, pero con dolor de espalda. La vida te da una de cervical y otra de arena. Hace tiempo que te rendiste a la clase de Pilates porque eras lo más parecido al tronco de una secuoya en cuanto a rigidez. No importa ya en qué postura duermas: la espalda te duele por algún lugar, lumbar o sacral. Cuando te desperezas, emites onomatopeyas indescriptibles. Andas agarrándote el costado como Chiquito de la Calzada. Vas por el trabajo contando cintas kinesiológicas en las espaldas.

En este contexto, quién necesita que le regalen bombones pudiendo recibir un par de sesiones con ese fisioterapeuta que tiene la agenda más apretada que el presidente de la Comisión Europea. Existe, además, una señal clarividente de que tu relación va bien: que tu fisio te haya provocado más sufrimiento que él. Si ocurre lo contrario, preocúpate.

5. Tener gustos comunes... y odios comunes.

La animadversión compartida al ruido que hacen los vecinos vertebra las relaciones desde tiempos bíblicos.
La animadversión compartida al ruido que hacen los vecinos vertebra las relaciones desde tiempos bíblicos.

Dejemos el buenismo predominante en estos días: odiar es beneficioso para el cutis. La vida no puede ser constantemente un partido amistoso, un filete a la plancha, un plato sin sal, una camiseta blanca. A veces, se necesita un poco de competición y animadversión.

Y es ahí, en las animadversiones más absurdas, donde te unes más a una persona. Puedes odiar al vecino (casi siempre es tu vecino), al presidente de tu comunidad, al que aparca delante de ti en el parking, a un compañero de trabajo, un político, un famoso, un periodista, la piña en la pizza, la cebolla en la tortilla, el cilantro, el regaliz, los probadores de las tiendas, la gente que pita en los atascos, los que gritan al hablar por el teléfono móvil, los ansias, los lentos... El odio amarra cruentas necesidades, dice Benedetti. Odiar algo con tu pareja amarra la existencia compartida.

6. Conseguir ver una serie juntos (hasta el final)

En vuestra HOUSE a veces es de JUSTICE que haya BIG LITTLES LIES sobre visionado de las series.
En vuestra HOUSE a veces es de JUSTICE que haya BIG LITTLES LIES sobre visionado de las series.

Cuenta una leyenda oriental que una pareja consiguió terminar una temporada yendo a capítulo por semana, vamos, como procede. Según ese relato mítico, ninguno de los dos se quedó dormido a mitad de capítulo y ninguno dijo: "Mañana lo vemos" y pasaron 15 días.

Netflix denominó como Netflix cheating el acto de ver una serie sin tu pareja cuando, en teoría, la estás viendo con tu pareja. Según la encuesta que publicó la plataforma, el 46% de sus suscriptores ha visto algún episodio a escondidas y el 18% afirma haber discutido alguna vez por el tema.

La nueva moda gastronómica consiste en comerse spoilers en distintas redes sociales por esperar a tu pareja para ver el siguiente capítulo de "vuestra" serie. Hay gente ahí afuera que se ha visto el mismo episodio dos veces por no confesar y discutir. Las pulsiones por la tablet conforman parte del paisaje diario... Con lo sencillo que era todo con Farmacia de guardia, Romerales.

7. Y la mejor muestra de amor moderno: El amor propio

La relación más importante es la que tienes con tu autoestima
La relación más importante es la que tienes con tu autoestima

Pocos recibimos de pequeños una buena educación emocional, y muchos terminamos buscando en los demás aprobaciones externas de todo tipo. Si alguien nos critica, le damos más vueltas a ese comentario que una centrifugadora industrial. Un mal día sepulta ocho buenos. En el espejo, a primera hora, lo único que encontramos es un desencuentro personal...

Los caminos de la baja autoestima son inescrutables y todos hemos circulado por ellos. Pero es que la autoestima es un camino que se hace al andar. El amor propio debe cimentarse antes que cualquier otro. Así que deséate a ti misma feliz 14 de febrero. Porque la autoestima es la verdadera revolución del siglo XXI. Y porque esa relación, querida imperfecta, sí que es para siempre.


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