Belleza VIP

Foto: Esta diosa rubia obra el inusual milagro de conseguir que tanto mujeres como hombres se vuelvan a su paso. Y puede que ...

Carolyn Murphy

  • Tan espectacular como humilde, esta norteamericana de 35 años es una de las 10 modelos mejor cotizadas del planeta. Su estatus lo mantiene con la gracia de la cotidianeidad, la dulzura de sus rasgos, un cuerpo espectacular, que ha ganado con el paso del tiempo, y la serena elegancia de una Grace Kelly moderna. Es la embajadora de belleza de Estée lauder.

Esta diosa rubia obra el inusual milagro de conseguir que tanto mujeres como hombres se vuelvan a su paso. Y puede que a ellos les mueva la testosterona, pero, a ellas, lo que les obliga a fijar su mirada en Carolyn Murphy es la admiración.

Descubierta a los 17 años, gracias a la tenacidad de su madre, la trayectoria de Carolyn despegó en los 90 con trabajos para todas las firmas importantes –desde Prada a Calvin Klein, pasando por Valentino, Givenchy, Fendi, Moschino, Versace, Gucci y Dolce & Gabbana–, y cogió velocidad al final de la década: Vogue la nombró Modelo del Año en el 98 y apenas unos meses después se asomaba a las páginas del legendario Calendario Pirelli.

Pero el impulso definitivo llegó en 2002, cuando Estée Lauder la eligió para sustituir a la actriz británica Liz Hurley como principal embajadora de la firma cosmética. “Esta relación significa mucho para mí y me llena de orgullo. Sigo estando tan entusiasmada como el día en que recibí el contrato. Es un auténtico sueño representar a una compañía a la que respetas y en la que crees”.

¿La confirmación de que la treintena es su mejor momento? Pues que en 2005 apareció en la cotizadísima portada del Especial Bañadores del Sports Illustrated. “Nunca me habría imaginado que acabaría en las páginas de esta revista, porque yo siempre he sido muy delgada y las mujeres que aparecen en ella tienen curvas de verdad –asegura–, pero es que tras dar luz a mi hija, de pronto, han aparecido mis caderas”, bromea.

CÓMO SE CUIDA

Sin contar todas la veces que le toca correr detrás de su hija, como a cualquier otra madre, le resulta muy difícil encontrar tiempo para hacer ejercicio. “Soy una persona de exterior y lo que me gusta es correr, hacer senderismo... pero no tengo más remedio que arañar algún ratito del tiempo que la niña pasa en el colegio. Me acabo de apuntar a un gimnasio a hacer spinning, porque he visto que mis amigas obtienen unos resultados estupendos en las piernas y los glúteos, y eso es exactamente lo que yo necesito”, confiesa.

Aunque su mejor baza sigue siendo su propio retoño, porque asegura que jugar con ella tiene un efecto de belleza instantáneo y consigue arreglar hasta la peor mala cara. “Me relaja y me hace feliz, y la felicidad es el mejor iluminador para la piel”. Y es que esta mujer, que dentro de 10 años espera ser una más sabia, se ve a sí misma de la manera más simple y elemental: “Me gustaría estar viviendo mi vida de una forma que me haga sonreír por dentro”.