Belleza VIP

Foto: Hotel Sheraton, aeropuerto de Roissy, París. Un hombre de negocios arrastra su maleta, atraviesa el hall y se queda ...

Mónica Belluci

  • Mientras rueda su última película, esta “mamma” italiana de rasgos clásicos nos habla de belleza y su colaboración con Dior. Su historia comenzó en los 80, cuando decidió colgar el derecho para convertirse en una top model. En los 90 apostó por el cine y desde entonces no ha parado de sorprender al público.

Hotel Sheraton, aeropuerto de Roissy, París. Un hombre de negocios arrastra su maleta, atraviesa el hall y se queda paralizado. No tiene alucinaciones: acaba de descubrir a Monica Bellucci, en carne y hueso. Está rodando una escena de “Ne te retourne pas”, una película de la directora francesa Marina de Van, cuyo estreno está previsto para 2009. Los viajeros se dan la vuelta, se quedan paralizados y corren el riesgo de perder su vuelo. Pero la imperturbable belleza italiana continúa su trabajo.

Monica Anna Maria Bellucci está acostumbrada a las cámaras, los fotógrafos y las miradas de admiración desde que decidiera, en los 80, dejar colgado el Derecho para convertirse en una top. Una década más tarde, e inspirada por otras bellezas italianas e ilustres como Claudia Cardinale y Sophia Loren, probó suerte en el cine. Se estrenó en la gran pantalla en el “Drácula” de Coppola y desde entonces no ha parado de sorprender al público. Hoy, confiesa, tan sólo una pasión llena su vida más que la interpretación (y su afición a los postres): su hija de tres años Deva, fruto de su matrimonio con el actor francés Vicent Cassel. Una pequeña que acompaña por toda Europa a su sublime “mamma”.

MUJER HOY. Si le hubieran dicho, cuando era una adolescente, que se convertiría en la musa de Dior…

MONICA BELLUCCI. No me lo hubiera creído. Es un honor que Dior haya pensado en mí. Cuando iba al colegio, este universo se encontraba en mis antípodas. No recuerdo que una actriz italiana representase la marca por aquel entonces. Hubo un momento en el que se utilizaron a las actrices como emblemas y, posteriormente, fueron sustituidas por las top model. Ahora, de nuevo, las estrellas se encuentran en el centro de la escena del lujo. Las tendencias cambian y las grandes firmas desean que, detrás de un rostro, se les cuente una historia.

M. H. ¿Qué es para usted la belleza?

M. B. Algo interior. Aunque se tiene tendencia a confundir belleza e imagen. No tengo conciencia de la imagen que yo proyecto o quizá desconfío de ella. Mi imagen vive su vida, y yo llevo otra. De cualquier modo, lo que tú desprendes, no lo puedes controlar.

M. H. ¿Está de acuerdo con Carole Bouquet en que la belleza es una especie de trampa y de amenaza?

M. B. La belleza es una mampara de cristal que puede colocar a la gente a distancia y, además, está asociada a una pretendida estupidez, como si no se pudiera albergar los dos dones: belleza e inteligencia. Puede suscitar complejos y una forma de culpabilidad. Lo bueno es que la naturaleza acaba con ella: el tiempo la marchita.

M. H. En el cine, ¿ser guapo puede perjudicar?

M. B. No, porque hace falta algo más, un talento. Un productor no necesita una muñeca. Afortunadamente, no estoy obsesionada con mi imagen y soy, además, bastante poco narcisista. La maternidad me ha abierto un mundo nuevo. Cuando se tiene un hijo, se toma distancia con uno mismo. Nos convertimos en el pasado y nos proyectamos en el futuro gracias a él.

M. H. Parece que va orientando su carrera cinematográfica hacia elecciones más exigentes…

M. B. Pasar de Gaspard Noé a Bertrand Blier, romper mi imagen como en “Irreversible”... significa que busco una vía, un camino. Hago esto con mucho instinto y pasión. Y me dirijo hacia mundos y personas que me permiten evolucionar, arriesgarme, encontrarme.

M. H. Pero parece que no antepone usted esa audacia…

M. B. Porque en mí existe el pudor. Creo que no hay que hablar del trabajo de uno mismo, que ya lo hace él por sí solo. Y, además, en mi profesión, nada es fiable. Se depende de la mirada y del deseo de los otros; se es muy dependiente.

M. H. Es la musa morena de Dior. ¿Lucha contra la hegemonía de las rubias?

M. B. Las morenas con ojos negros son algo bastante nuevo en esto. Se ha pensado siempre que las rubias eran más llamativas en el papel “couché” y, por lo tanto, más comerciales. ¡Se acabó con ese cliché!

M. H. ¿Cuál ha sido su metamorfosis más hermosa?

M. B. La maternidad, con ella la crisálida que yo era se ha convertido en mariposa. Desde que Deva, existe todo me parece más bello.