Como (casi) todas las mujeres, yo suelo pelearme de forma más o menos enconada con un par de kilos. No suelen ser más que dos, pero en cuanto me relajo, ¡zasca!, ahí les tengo. Por esa razón recibo con alegría cualquier ayuda la hora de tenerlos calladitos y quietos. En este caso, mi aliado es un stick. Sí, uno como el del Vicks de siempre, ese que, en caso de grave catarro una aspira con fruición confiando en recuperar el uso de las vías nasales… Se llama Slimstick, es de la firma de aceites esenciales Puressential, y sirve para engañar al hambre.

El mecanismo de funcionamiento es sencillo: cuando a una le entran unas ganas salvajes de comer algo, en vez de lanzarse a la nevera debe tomarse un ratito y aspirar el stick, que contiene cinco aceites esenciales: el de clavo, canela, camomila, bergamota y mandarina. Cuando sus notas aromáticas llegan al cerebro, lo confunden, como la noche a Dinio. Porque del mismo modo que el olor del pan caliente nos hace desfallecer y el aroma del café nos llama a desayuno, estos aromas ayudan a saturar olfativamente el cerebro y despistan al apetito, ¡al menos por un ratito!

No puedo decir que haga milagros, pero me ha ayudado en más de una ocasión. Quizás sólo sea porque me da algo de tiempo para pensar – en vez de para comer. Y porque en vez de llevarme la mano a la boca – me la llevo a la nariz. Y como el simple gesto de inhalar (que ha de hacerse con calma) produce cierta tranquilidad, el ansia de picar algo se reduce.

Eso sí: confieso que lo hago en privado. ¡¡¡No me veo con fuerzas de explicarle a nadie en público por qué de vez en cuando me paro a aspirar un tubito!!! ¿Lo mejor? El SlimStick de Puressential cuesta alrededor de 9 €, ¡menos que cambiar de talla de vaquero!

Autora Alex P.

Experta en belleza y cosmética.

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Alex P.

Crónicas cosméticas, trucos de belleza, consejos de estilismo y, a veces, un toque de glamour irreverente. Escrito por nuestra experta Alex P.