Annette Bening: ''¿Mi secreto? Me enamoro de todos mis personajes''

  • Annette Bening está disfrutando del éxito de su última película, 'Los chicos están bien', con la que ha ganado un Globo de Oro y una candidatura con la que podría ganar su primer Óscar. En ella encarna a una lesbiana cuya vida feliz junto a su pareja (Julianne Moore) y sus dos hijos adolescentes se ve amenazada cuando los niños insisten en conocer al donante de semen responsable del 50% de su herencia genética.

Se presenta en el Festival de Deauville (Francia), donde se le rinde un homenaje, con el corto pelo encrespado, gafas de ver y ni una gota de maquillaje. Lleva un vestido oscuro, un cuerpo perfecto y un humor intacto. También demuestra una clase de primera. Y es que desde su matrimonio con Warren Beatty, a quien ha convertido en padre de cuatro criaturas, pertenece a la más pura aristocracia de Hollywood. Ella no se lo toma en serio.

- Mujer Hoy: ¿Qué tipo de madre es usted?

- Annette Bening:
Warren y yo nos dividimos bien el trabajo. Él les consiente más y yo soy la exigente, aunque cariñosa. Hacemos un buen trabajo… espero.

- Cuando recoge un premio, siempre aconseja en su discurso: "Tened niños, cuantos más, mejor". ¿Qué le ha dado la maternidad?

-
Una perspectiva diferente del mundo en el que vivía: hedonista,  egoísta, centrado en el yo, en la paranoia y en la espera de la llamada para un nuevo trabajo. Resulta muy difícil vivir así cuando un bebé llora toda la noche por un dolor de dientes o hay que cambiar un pañal maloliente. Y cuando son cuatro, el caos es total. Una delicia. Han sido los mejores años de mi vida.

- ¿La maternidad ha llenado su vida?

-
Desde que tengo uso de razón he soñado con ser madre. Es condición de la mujer tener una familia y una carrera. Yo no pretendo idealizar la maternidad, pero, antes de querer ser actriz, ya deseaba tener hijos. He intentado encontrar el equilibrio entre mi vida profesional y personal, pero el resultado es un caos.

- ¿No le ayuda su marido? ¿El que él tenga 21 años más que usted puede ser un problema en este sentido?

- En absoluto. Es un gran pedagogo y muy cariñoso. Al haber sido padre más tarde que yo, le resulta casi imposible enfadarse. Yo llevo los pantalones en ese apartado. Estamos muy orgullosos de  nuestra familia, es nuestro mayor logro.

'Los chicos están bien' plantea un modelo de familia radicalmente diferente al tradicional.
Es lo que me atrajo: la idea de una familia alternativa. Dos lesbianas enamoradas que crían a dos hijos magníficos y llevan una vida estable, armónica y apasionada al margen de las convenciones. Muy atractivo. Y es un examen a la familia convencional.

- ¿Cuál es la mejor?

- La mejor es aquella en la que los niños son felices y crecen sin traumas, ya tengan padre y madre, padre y padre o madre y madre.

- Usted encarna a Nic, la que lleva los pantalones.

- Es la 'pater familias'. Cuando llega Paul, con su moto, su comida orgánica y su atractivo sexual, que seducen a Jules (Julianne Moore), su pareja, pierde los papeles. Se convierte en una Gorgona capaz de todo por defender una familia que le ha costado tanto erigir. Admiro a cualquier padre que hiciera lo mismo. Amo esta película, solo espero que tenga vida.

- ¿Teme que sus hijos la vean?

- Tres de ellos ya la han visto, son unas personas hechas y derechas. La edad del juicio no llega con… las muelas [ríe]. En serio, hay una edad para todo. Mis hijos tienen edades variadas y sus intereses van en muy diferentes direcciones.

- La echamos mucho de menos porque rueda poco. ¿Qué le seduce para abandonar su hogar?

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Una gran historia, un buen guión y un personaje que se haga preguntas y no encuentre las respuestas. O quizá sí.

- ¿No se lleva a sus hijos, como otras actrices?

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No. Si uno de los dos tiene que hacer un largo viaje al extranjero, como fue en este caso, es el otro el que se queda con los niños en casa; nunca los dejamos solos. Pero tampoco queremos que nuestros trabajos interfi eran en su rutina.

- Se muestra en la película con todas sus bellísimas arrugas.

 - Claro. ¡Tengo 52 años! Hay quienes creen que operarse puede ayudar a lograr más papeles, pero es falso. De joven trabajé en teatro y ahí no te planteas el tener más o menos arrugas. Y no tengo nada en contra de la cirugía, me parece que todos tienen derecho a recurrir a ella para mejorar su aspecto. Lo que me parece muy triste es la presión cultural que se ejerce en las mujeres, incluso en las jóvenes. Hay que saber aceptarse, con o sin cirugía.

- Muchas actrices de Hollywood se quejan de que, cuando dejan de ser jóvenes, ya no les ofrecen trabajo.

Yo no me quejo porque siempre he encontrado papeles. He tenido mucha suerte, pero el problema no es la edad, sino el cine que se hace hoy. Es muy comercial y va destinado solo a los jóvenes. A los estudios sólo les preocupa el producto con el que pueden vender más. Afortunadamente, también hay gente con imaginación y educación entre los que deciden qué película hay que hacer. Ahora interpreto papeles que hace años no podía encarnar y muchas mujeres se sienten identifi cadas con ellos. Espero poder interpretar a muchas abuelas en el futuro.

- Usted sabe ser dramática, divertida, trágica.

-
Eso me lo da ser de Topeka. Cuando naces en Kansas, en medio de la nada, tienes que inventar tu propio mundo. Ahí empezó todo. Además, mis padres nos empujaban a incrementar nuestra creatividad. Trabajamos con la intimidad, en una forma muy extraña, especialmente en cine: nos involucramos con la vida de cierta gente de una forma que solo es posible en este negocio.

En Topeka nadie podía predecir su futura carrera. Pero mis padres me apoyaron siempre. Yo era muy insegura, aún lo soy. La madurez signifi ca ser aun más frágil e insegura. Por eso a los actores nos gusta tanto sentirnos queridos y arropados.

- ¿Cómo se lleva con la fama?

-
Nunca la he buscado, sólo quería ser actriz de teatro. Nunca me imaginé que podía ser actriz de cine. Todo llegó por sorpresa. No hice ninguna película hasta que casi los 30 años. La fama me sorprende. No la busco y he aprendido a convivir con ella. Pero, créame, no es lo más importante.

- ¿Se considera una mujer ambiciosa?

- Lo he sido y, en cierta medida, lo sigo siendo. La ambición es un elemento importante para querer hacer cosas y mantener el deseo y la energía necesarios para hacerlas bien pese a las difi cultades. Pero, como ocurre en la vida de toda mujer cuando llegan los hijos, tuve que decidir. Y me decanté por la familia.

- ¿Cómo se las arregla como madre de familia?

- Mi marido es mi secreto. Sabe que necesito tomarme el primer café del día en la cama, leyendo el periódico y relajándome. Él disfruta como un loco poniendo en marcha la casa por las mañanas, organizando el desayuno y la salida de todos. Soy afortunada porque me he encontrado con el mejor padre del mundo... y un gran marido [risas].

- ¿Teme al síndrome del nido vacío?

- ¿Está de broma? ¿Quedarme sola con mi marido? ¡Nos embarcaremos
en una vuelta al mundo… sin Phileas Fogg!

- 52 años y sin complejos. ¿Qué se gana con la edad?

- Experiencia, algo muy valioso. Y ganas de aprender, todavía a esta edad. Aprendes a dar prioridad a las cosas. Naturalmente, mis hijoS y mi marido son lo primero, aunque alguna vez me haya costado rechazar un buen papel.

- ¿Y cuando la belleza se va batiendo en retirada?

- Cumplir años es un gran regalo. Un secreto muy bien guardado del que apenas se habla: Katharine Hepburn rodó hasta los 87 años y nunca estuvo más bella.

- ¿Cuál es su secreto profesional? ¿De donde saca tanta inspiración para sus personajes?

- Me enamoro de todos los personajes que interpreto. En cada papel hay que ver el mundo desde el punto de vista del personaje. Pero soy yo quien lo hace y, por supuesto, utilizo mi imaginación.

- ¿Qué espera lograr con “Los chicos están bien”?

- Cuando voy al cine o al teatro, busco la emoción. Supongo que es lo que todos esperamos conseguir. Con “Los chicos están bien” sería feliz si los espectadores tuviesen ese momento, que es como  una experiencia extracorporal que te envuelve.

- ¿De quién aprende?

- Por supuesto, de mis hijos. Ellos son más inteligentes que yo y saben más. Sólo tengo que escucharles.