La hemos visto miles de veces, pero no sabemos cómo vive, qué piensa o qué hace fuera de la pasarela. En su entrevista más íntima, desvelamos el auténtico rostro de nuestra top más internacional.

Nos citamos a comer en un restaurante cantonés y llega con exquisita puntualidad. Prefi ere sentarse mirando a la pared, de espaldas al resto de la gente, para no llamar la atención. Es muy alta, imponente, y habla y sonríe con la mirada. Controla la oferta oriental y le dejo escoger. Le gusta todo y come sin ñoñerías. Promete que nuestra entrevista será diferente a los cientos que ha concedido, y lo cumple con generosidad.

Mujer hoy: ¿Qué no le suelen preguntar nunca?
Eugenia Silva:
Por las cosas que me interesan, por mis pensamientos, mis inquietudes... por cómo soy realmente.

MH: Pues vamos a ello y por partes [sonríe]. En tiempo de crisis, ha montado una productora de cine, ha abierto un restaurante, se ha comprado una dehesa en la que cría cerdos… ¿quién dijo miedo?
Cuando mi madre me hace ver la que tengo montada, sí lo pienso. Pero creo que de una crisis se sale emprendiendo. Si nos echamos a llorar, no vamos a ninguna parte.

MH: ¿Cuántas personas trabajan para usted?
Solo en nómina, unas 12. Pero también te digo que no sé cuánto gano, cuánto ingreso ni cuánto gasto.

MH: Debe de ser una barbaridad, para que no le preocupe controlar su particular balanza de pagos.
Me gustaría que el dinero no existiera, pero ya que existe y que es necesario... El mayor lujo es no tener que pensar en él.

MH: ¡Eso es que le sobra!
No es que me sobre, lo que soy es muy organizada.

MH: Y todas estas “aventuras”, ¿le salen bien al final?
Por ahora van bien, porque me rodeo de gente muy buena, de personas inteligentes que me saben llevar a mí y lo que monto.

MH: ¿Qué fue de Kala, aquella tienda que puso con una prima suya?
La cerré porque ella tenía una concepción del negocio distinta a la mía. Yo en la vida siempre voy a más: a buscar más, a aprender más, a viajar más, a tener más... y ella no quería ir tan lejos.

MH:  ¿Le debe dinero la gente?
No, todo el mundo me paga, entre otras cosas porque tengo gente válida que no deja en mis contratos fi suras para la morosidad.

MH: Con esa fuerza y ese éxito, ¿se le acercan como a un talismán?
Sí, un poco; pero también saben que no soy fácil de tratar, porque soy muy exigente conmigo y con quienes trabajan conmigo.

MH: Pero, ¿un poco difícil o “muy” difícil?
Me pongo “muy” pesada, sí; pregúntale a mi hermana, que el otro día me dijo: “Lo quieres todo ¡YA!, como los niños”. Y es verdad, lo quiero todo ahora mismo, porque cuando pido que me hagan algo razones habrá para que sea ¡ya! Es abogada, como yo, y la mitad del día trabaja para Iberdrola y la otra mitad, para mí.

MH: ¿Cuántos hermanos tiene?
Somos tres: dos chicas y un chico. Mi hermano es arquitecto y se casa en unos días. Nos llevamos genial y disfruto todo lo que hace: sus libros, sus proyectos... Somos una familia muy unida.

MH: ¿Y a usted quién la pone fi rme?
¡Pufff! Mi padre, mi madre, mis hermanos, Sandra, que es mi manager, Frida mi socia en la productora... ¡medio mundo!

MH: Así que esta imagen de mujer dura… ¿es pura fachada?
No, depende de para qué. En la moda voy por delante con mi profesionalidad y mi seguridad. Pero, luego, llego a casa y soy igual de insegura, sentimental y ñoña que cualquiera. Me paso el día preguntando: ¿cómo me queda esto? ¿qué me pongo?...

MH: ¿Y a quién pide consejo?
A mi madre, como todas... También a mis amigas y, profesionalmente, a mi mánager, Sandra García-Sanjuan, que sabe de la industria de las “celebrities” más que nadie en España.

MH: Su madre es hermana de Antonio Hernández Mancha (que fue presidente de AP) y fue concejala en Toledo, ¿entiende de moda más que usted?
Fuera del trabajo, no sigo las modas. Le consulto porque tiene muy buen gusto. Es muy elegante y guapísima, ¡un bellezón!

MH: Sorprende que viéndola tan “celebrity” ante las cámaras… luego, resulte ser una “niña de mamá” en toda la regla.
¡Es verdad! [risas], ese cordón umbilical con la familia siempre lo he tenido muy estrecho y muy presente.

MH: Su padre es fiscal. ¿Ejerce también en familia?
¡Sííííí, muchísimo! El sentido fi scalizador se lo traía a casa. Me costó mucho acatar órdenes en la adolescencia. Me veía en Toledo, en un colegio de monjas, pero quería viajar. Hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pero nos llevamos muy bien.

MH: Cuénteme cómo se ha metido a criar ‘patas negras’.
Compré la fi nca de mi familia en Extremadura, más que nada para que no se dividiera. Era de mi abuela Pepa y en ella creció mi padre, es una dehesa maravillosa con un cortijo precioso.

MH: Y pensó que sería un buen negocio meter más de 300 cerdos.
No, los cerdos estaban. La fi nca tenía ese negocio arrendado desde hace años y lo he mantenido. Y claro que voy al campo para hablar con el pastor y ver cómo va todo, y me meto en las cochiqueras...

MH: ¿Y cómo la tratan?
Es complicado. Si no has pasado dificultades económicas, no te ven mérito. Cuando empecé en la moda, estudiaba a la vez. Tardé 10 años en sacar Derecho porque lo compaginaba con el trabajo.

MH: ¿Puede llegar a ser incómodo, sobre todo frente a las mujeres, ser admirada por prácticamente todos los hombres?
¿Incómodo? En absoluto, me gusta, es poderoso. Te da poder, sí. 

MH: Una top sabe cómo utilizar las “armas” de seducción: una mirada, una postura… ¿eso complica una relación sincera con un hombre?
Puede, pero me gusta que me seduzcan, más que seducir yo.

MH: ¿Cómo gestiona ese poder de seducción?
Depende, hay veces que no quiero usarlo, incluso querría no tenerlo. Me gustan los hombres inteligentes que no se amedrentan.

MH: Dice que su sueño no es casarse de blanco con un príncipe azul.
No descarto casarme, pero ni de blanco ni con un príncipe azul. Casarme es algo que ni lo espero ni lo pienso ni me lo planteo.

MH: ¡Tiene tiempo! Mire a la duquesa de Alba, ilustre octogenaria, pasando por tercera vez ante el altar.
Y me parece muy bien. Ojalá esté yo a esa edad yéndome de viaje, subiéndome al camello y paseándome por los mercadillos con un novio estupendo, con ese pintón... ¡Lo fi rmaba ya!

MH: Dice que no cambia vivir en Nueva York por nada, pero siendo tan familiar ¿no ha pensado muchas noches qué pinta allí?
Es duro. Muchas noches me pego mi llorera y me voy a la cama con el sofocón; pero, al día siguiente encuentro el lado positivo. Además, tengo buenas amigas y los padres de Alejandro Santodomingo (con quien estuve varios años) son como mis segundos padres. Cuando enfermo, me traen un caldito estupendo.

MH: Se acaban de cumplir 10 años desde los atentados del 11-S…
Y no he ido a la Zona Cero hasta este año. Soy sentimental y aprensiva... Me pasa con todo lo negativo. Tenemos un caserón donde pasábamos los veranos con mi abuela y no he vuelto desde que ella murió. Si el pasado fue mejor, me cuesta volver a los sitios. Tengo muchas conversaciones con mis terapeutas en Nueva
York sobre esto de huir del sufrimiento.

MH: La veo totalmente USA, con terapeuta de cabecera.
[Risas] ¡Voy a todo! Psicólogos, psiquiatras, psicoterapeutas... Voy con cierta periodicidad a una señora que es como Woody Allen, nos reímos juntas. Y mantengo conversaciones con una alemana. Dicen que me bloqueo cuando creo que voy a pasarlo mal. Procuro apartar las cosas negativas y tristes, es mi forma de protegerme.


MH: Una vez dijo que estudió Derecho para demostrarse que tenía cerebro, ¿llegó a dudarlo?
¡Hombre, claro que se duda! Y muchas veces, porque tu pensamiento no va siempre en línea con lo que sucede a tu alrededor.

MH: En cierta ocasión criticó que en Cibeles no se manifestasen contra la guerra de Irak. ¿El glamour es incompatible con estas reacciones?
A nosotras nos dicen: “¡Guapa, cállate! que no estás aquí para eso”. Tengo problemas cuando hablo de esas cosas.

MH: Dejó de desfilar en Cibeles cuando empezaron a pesar y medir a las modelos para luchar contra la anorexia.
Tomé esa decisión porque alguien se quería apuntar un tanto político, vendiendo que iban a resolver así el problema, dejando sin trabajar a las niñas muy delgadas. Yo no iba a pasar por aquello.

MH: Si todas las pasarelas hubieran tomado esa medida, ¿no se habría avanzado bastante frente a la extrema delgadez?
¡Pues no! Las modelos no tenemos la culpa de la anorexia. Habría que preguntar hasta qué punto los diseñadores y los que manejan este tinglado no tienen responsabilidad. Una conocida estilista, la segunda vez que desfilé en Cibeles, me dijo: “Estás tan gorda que no te puedo dar ni las raspas”. Y me fui a casa porque era adolescente y estaba redondita.

MH: Dice que no sabe lo que pesa y lo que mide, pero no me lo creo.
Lo sé porque me acabo de hacer un chequeo, pero no tengo báscula en casa: mido 1,79 m y ahora peso 55 kg.

MH: ¿Ha entrado en la dinámica de los retoques y de la cirugía?
No. En mi móvil tengo una foto que me encanta de Hubert de Givenchy y Audrey Hepburn. A él se le ve con su pelo blanco y a ella, arrugadita, con su gabardina, de su brazo... Yo quiero ser de mayor una viejecita estilosa más que una señora estupenda.

MH: Con los años, ¿ha perdido inocencia y ha ganado vanidad?
En esta profesión es imposible no ser vanidosa; si no lo eres, no llegas a ninguna parte. Pero puedo vivir sin eso.

MH: Reconoce que en su mundo hay mucha extravagancia.
Sí. Me gustan las personas distintas, complejas y extravagantes.

MH: Pero luego no deja de alabar la elegancia de Armani...
A Armani lo veo superextravagante. He estado en su dormitorio antes de que le hagan la maleta, con la ropa sobre la cama, y toda era azul marino. ¿Hay algo más extravagante?

MH: Pensaba en una extravagancia más “loca”.
También hay otras, como la de Galiano, vistiéndose de pirata y torero. Y menos mal que tenemos gente así.