2011 ha sido el año de las grandes bodas: Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton, Alberto II de Mónaco y Charlene, la Duquesa de Alba y Alfonso Díez... Pero también ha sido un año de sonadas rupturas que han copado titulares y han hecho correr ríos de tinta. Desde romances fugaces, como el de Kiko Rivera y Jessica Bueno, a matrimonios consolidados como el de Palomo Linares y Marina Danko, los famosos han visto como sus historias de amor hacían aguas y terminaban por hundirse en las agitadas aguas de la prensa. Repasamos los más sorprendentes.

Kiko Rivera y Jessica Bueno celebraron la Nochebuena, pero no se van a tomar las uvas juntos. La joven pareja se conoció en un reality, vendió su idilio, boda y embarazo a bombo y talonario en una exclusiva con muchos ceros, y se juraron amor eterno en Twitter. Apenas unas semanas después, anunciaban que habían perdido el bebé que esperaban y que retrasaban la boda. Tanto, que al final Kiko y Jessica han terminado tirándose los 140 caracteres a la cabeza.

Sebastián Palomo Linares y Marina Danko formaban un matrimonio aparentemente sólido y ejemplar. Hasta que anunciaron que ponían fin a 34 años de matrimonio. Las causas que se han barajado han sido los problemas económicos, diferentes estilos de vida e, incluso, terceras personas. Ellos ni confirman ni desmienten, pero parece que al fin han llegado a un acuerdo de divorcio.

Mal año 2011 para los 'triunfitos'. Nuria Fergó se separaba de José Manuel Maíz tan solo un año después de casarse y apenas unos meses después de tener su primer hijo. Sin embargo, la más polémica de las rupturas en el mundo de la canción nacional fue la de David Bisbal y Elena Tablada. Con revuelo mediático, acusaciones cruzadas y batalla legal de por medio, la pareja rompía el 16 de junio.

Rupturas en el mundo del deporte


Dicen que cuando el río suena, es porque agua lleva. Y, al final, el del matrimonio de Fernando Alonso y Raquel del Rosario debía tener más caudal que el Amazonas. Tras casi 6 años de matrimonio, y cientos de rumores sobre crisis, el piloto de Ferrari y la vocalista de "El Sueño de Morfeo" anunciaban su separación a través de sus respectivas páginas web el 20 de diciembre

Pero el año ha dado para muchas más rupturas. En el mundo del deporte, Fernando Alonso no ha sido el único. Carles Puyol y Malena Costa no siguen los pasos de Piqué y Shakira, y tras un tórrido verano de amor, decidieron decirse adiós para siempre. El ex-madridista Christian Karembeu veía como su esposa Adriana rompía su matrimonio después de 13 años; y el delantero Diego Forlán y su novia Zaira Nara no llegaron si quiera a pasar por el altar. "Menos mal que no me casé", apuntaba ella en su cuenta de Twitter. 
 
Mención aparte merece Guti. Se enamoró de Noelia López, se desenamoraron, se volvieron a reencontrar y a tatuarse su amor a fuego... y el final del verano trajo también el de su relación. Eso sí, a él no le ha durado mucho el duelo. Romina Belluscio es ahora 'su mujer' y asegura que será 'la madre de sus hijos'. Arantxa de Benito sabe que esto, por parte del futbolista, no significa ni mucho menos una promesa de amor eterno.

Separaciones 'made in Hollywood'

El amor de cuento solo existe en las películas. Cuando sus protagonistas salen de la gran pantalla, el mundo de cuento que nos cuentan se desvanece. Eso le pasó a Demi Moore y Ashton Kutcher. La que era una de las parejas modelo de Hollywood, la que había conseguido derribar el tabú de la diferencia de edad, decidió poner fin a su matrimonio por, dicen las malas lenguas, las infidelidades ¡de ambos!

Jennifer López y Marc Anthony superaron una prueba casi tan dura como la de Demi Ashton: demostrar que la belleza (de él, sobre todo) está en el interior. Sin embargo, no fue suficiente y la pareja se divorció en agosto tras siete años de matrimonio. Ambos aseguraron que era una decisión "dura y dolorosa", y quizá por eso hay quien especula con que han vuelto a tener 'encuentros ocasionales'.

Pero si ha habido un matrimonio tan mediático como fugaz, ese fue el de Kim Kardashian y Kris Humpries. Vendieron los preparativos y una lujosa boda ante más de 200 invitados. 72 días después anunciaban su separación por "diferencias irreconciliables". El amor no les duro, pero los beneficios que sacaron de él, seguro que aún les dan más de una satisfacción. ¿No hay mal que por bien no venga?