Quienes se han metido en algún lío aseguran que hay que llevar siempre encima el número de un buen abogado. Más aún si eres rico y poderoso. Así que uno se imagina a toda esa gente en las fiestas intercambiándose los teléfonos de sus cirujanos plásticos y sus picapleitos.

Resulta tentador pensar, por ejemplo, que a alguien tan presuntamente siniestro como Dominique Strauss-Kahn, ex director gerente del FMI y acusado de intento de violación, le facilitó el contacto con su actual abogado el no menos siniestro Michael Jackson, cuando fue acusado de abuso de menores.

En efecto, ambos han recurrido a un tal Benjamin Brafman. Y no han sido los únicos, también los raperos Puff Daddy y Jay-Z, marido de Beyoncé, pasaron por su despacho y le pagaron más de 1.000 euros la hora.

Caso aparte son los divorcios. Aquí las que más fama tienen son las mujeres. Maria Shriver acaba de contrartar a la atractivísima Laura Wasser para separarse de Arnold Schwarzenegger. Entre sus clientes figuran Angelina Jolie y Britney Spears. Su equivalente británica es Fiona Shackleton, abogada de Andrés y Carlos de Inglaterra o Paul McCartney. La ex de éste último, Heather Mills, acabó tirándole un vaso de agua encima de la cabeza.