Saca del desván los aparatos de gimnasia. Instala en el salón esa bicicleta estática que desterraste al olvido y dale a los pedales mientras hablas por teléfono, ves la tele o esperas que el agua empiece a hervir (luego, puedes esconderla detrás de las cortinas).

Ponte en forma viendo la tele. Aprovecha ese tiempo para mover los pies como si caminaras, hacer giros con los dedos de los pies y las manos, flexionar los brazos y las piernas, contraer los glúteos y el vientre...

Haz pesas para mejorar el metabolismo. Estos ejercicios aumentan el porcentaje de masa muscular, y el músculo es más eficaz, metabólicamente hablando, que la grasa. Por cada kilo de músculo adquirido, el organismo necesita 100 calorías extra al día. Un beneficio adicional: mejoran la fuerza y el equilibrio a cualquier edad (incluso en ancianos de más de 80 años).

Regálate un podómetro. Lo ideal es llegar a los 10.000 pasos al día (unos siete kilómetros). ¿A qué ritmo? Los cardiólogos aconsejan uno que permita mantener una conversación, pero que acelere un poco los latidos. Un buen consejo: búscate un compañero/a de paseos. La caminata se te hará más corta y amena.

Arrincona el estrés. Un estudio de la Universidad de Yale ha comprobado que altos niveles de cortisol (la hormona del estrés) en sangre aumentan las probabilidades de tomar alimentos ricos en grasa y azúcar. El yoga, el biofeedback, la respiración profunda... o un ejercicio que te resulte agradable (como bailar, caminar, montar en bici, nadar...) ayudan a romper el círculo del estrés.

TU EJERCICIO

Camina en los ratos libres. Si vas siempre apurada, ten un par de zapatillas de deporte en el coche o la oficina y úsalas siempre que tengas unos minutos (pueden ser cinco, 10 o 15). Puedes dar una vuelta alrededor de tu lugar de trabajo a la hora de comer o del centro comercial cuando vas a hacer la compra. Los minutos se suman. El ideal es llegar a un total de 45 a 60 diarios.