Sigue una dieta rica en frutas y verduras, cereales, harinas integrales, legumbres, pescados y lácteos descremados. Procura que sea pobre en grasas saturadas y trans, sal, cafeína, harinas refinadas y azúcares.

No fumes ni abuses del alcohol (una copa de vino al día es suficiente). Evita engordar y procura mantener un peso adecuado a tu talla.

Acude al médico si tu tensión no responde a los cambios en el estilo de vida. En ese caso es necesaria la medicación, siempre en la mínima dosis eficaz. El tratamiento con fármacos –se emplean para relajar los vasos y que la sangre fluya más fácilmente a todos los órganos con menor presión– reduce la probabilidad de muerte prematura en hipertensos (en mujeres reduce especialmente el riesgo de ictus, la principal causa de muerte en las españolas).

Huye del estrés y trátalo cuando sea necesario. Terapias como la hipnosis, la acupuntura, y el “biofeedback” han demostrado su eficacia, incluso en el control de la tensión arterial.

Lleva controles regularmente de tu tensión –con un tensiómetro de uso personal o bien en la farmacia– y apunta los valores y las fechas. Cuando te tomes la tensión a ti misma, para que las cifras sean fiables, tienes que estar relajada, cómodamente sentada, sin cruzar las piernas, con la espalda apoyada en la silla y el brazo apoyado a la altura del corazón. No debes llevar ropa que comprima ni hacerlo tras haber orinado. Tampoco debes comer, beber alcohol, fumar o hacer ejercicio desde 30 minutos antes de la toma.

TU EJERCICIO

Practica una actividad física diaria y no te la saltes nunca. Puede ser una caminata de media hora o cualquier otro ejercicio con el que disfrutes como, por ejemplo, bailar, nadar, montar en bici, jugar al tenis o hacer pilates. Lo más importante en el ejercicio es mantener la regularidad, ser constante y no forzar el cuerpo más allá de nuestras posibilidades o conseguiremos el efecto contrario.