Tuvo un brote depresivo, mató a sus dos hijos y, a continuación, se inyectó a sí misma el agente químico que se utiliza en las ejecuciones en EE.UU. Christina Riggs quería morir. Sin embargo, no lo consiguió, porque desconocía cómo manipular el cloruro potásico. Así pues, cuando fue acusada y la juzgaron, lo pidió a gritos: “Quiero morir. Quiero que me lleven con mis hijos”. Suplicó que la condenaran a muerte y que el verdugo terminara lo que ella no había sabido hacer. Finalmente, lo consiguió. El 2 de mayo de 2000, casi tres años después de haber sido detenida, Riggs fue ejecutada. Esta vez no hubo fallos.

Christina Riggs había quitado la vida a Justin Dalton Thomas y Shelby Alexis Riggs, sus dos hijos. El psicólogo que intervino en el juicio afirmó que “la depresión suicida patológica que padecía la incapacitó para hacer algo más razonable. Visto desde fuera, la muerte de estos dos niños es algo horrible. Desde dentro, parece un acto de misericordia”. Para ella, su crimen fue un acto de amor. La mujer, que no paraba de llorar e incluso deliraba en su declaración, confesó que primero les había sedado con un antidepresivo. Después, intentó administrarles el cloruro letal, con la mala fortuna de que uno de ellos se despertó. Entonces, recurrió a la morfina y, después, a la almohada. Les asfixió, les llevó a la cama y les acostó como un día más. Christina Riggs trabajaba como enfermera en un hospital.

FICHA POLICIAL

Nombre: Christina Riggs.
Lugar de los hechos: Arkansas (Estados Unidos).
Año del crimen: 1997.
Delito: Matar a sus dos hijos.
Móvil: Un acto de amor.
Modus operandi: Les sedó con un antidepresivo y les asfixió con la almohada.
Sentencia: Pena de muerte.
Curiosidades: No supo inyectarse adecuadamente el cloruro potásico con el que pretendía suicidarse.