Las casualidades siempre son sospechosas, por ejemplo, demasiados fallecimientos en la misma planta de un hospitalel servicio de neumología del Mantes-la-Jolie de París– y siempre relacionados con enfermos entre los 72 y los 88 años. En el escenario de los hechos, a la vista de todos, estaba Christine Malevre, una enfermera francesa de 28 años, en quien desde el principio recayeron todas las sospechas.

Al verse descubierta, Christine intentó suicidarse, pero no se salió con la suya. Sí pudo desquitarse, en cambio, en el juicio. Declaró que había actuado por compasión ante los enfermos terminales. Llegó a reconocer que había cometido 30 asesinatos, pero rectificó y bajó el número a siete.

Estaba acusada de homicidio voluntario, pero el juez se apiadó de ella. Obraron a su favor los informes psiquiátricos, que determinaron el padecimiento de “una fascinación morbosa por la enfermedad”, además de “desequilibrios mentales”, que le impedían medir sus actos. Ella siempre defendió que lo había hecho para poner fin a los sufrimientos de sus pacientes, la mayoría necesitados de asistencia médica permanente y en fase terminal. El fiscal del caso, Jacques Hossaert, reavivó el debate sobre la eutanasia al explicar que esta mujer había actuado a petición de las familias de los enfermos y con el argumento a su favor de que nadie, salvo el hospital, había interpuesto una denuncia.

FICHA POLICIAL

Nombre: Christine Malevre.
Lugar de los hechos: París.
Año del crimen: 1997-1998.
Delito: Matar a 30 enfermos terminales.
Móvil: Poner fin al sufrimiento de los enfermos. Modus operandi. Les administraba morfina o potasio.
Sentencia: Puesta en libertad.
Curiosidades: Fue descubierta tras una investigación interna del hospital, al producirse un inexplicable aumento de muertes entre los pacientes del servicio de neumología. Ningún familiar de los fallecidos interpuso demanda contra ella.